Política

OPINIÓN

El Movimiento Evita y la polémica "paz social"

Los dardos de Verbitsky contra Bergoglio y la interna peronista por el candidato a 2017. 37 meses de “paz social” para la primera paritaria de la economía popular: del Resistiendo con Aguante al Resistiendo con Stanley, esta vez la necesidad no tiene cara de ateo.

Santiago Trinchero

@trincherotw

Martes 29 de noviembre | 13:11

I

La asunción de Bergoglio como Papa y de Mauricio Macri como presidente de los argentinos pateó un tablero estático durante una década. El temor a perder el control de la calle volvió a asolar los sueños del partido de gobierno. Los rumores a un diciembre picante, tras un año de ajuste, tarifazos y endeudamiento público apuró la rosca: durante tres días los llamados “movimientos sociales” (encarnados en sus tres principales cabezas: el Movimiento Evita, Barrios de Pie y la CCC) se sentaron a negociar con los ministros Jorge Triaca y Carolina Stanley, además de Nicolás Massot, jefe de la bancada del PRO en Diputados: 30 mil millones de pesos a desembolsar hasta el 2019, la promesa de tratar una nueva ley de Emergencia Social y la conformación de un Consejo del salario y un registro para la llamada economía popular fueron presentados por ambas partes firmantes como un gran avance. El diario La Nación, el viernes pasado, estaba exultante: si gana la institucionalidad ganamos todos. Emilio Pérsico y los suyos, no se quedaban atrás. Decían que habían cerrado la primera paritaria de la economía popular de la historia.

Estaban tan orgullosos con el acuerdo que ese fin de semana sacaron una solicitada transcribiendo el acta acuerdo en Página/12 y firmada por el conjunto de las organizaciones. Les faltó un detalle que revelaría el periodista Horacio Verbitsky en una nota publicada el día lunes en el mismo diario: del acta habían “censurado” u omitido deliberadamente, el último párrafo: “habiendo alcanzado un acuerdo de este modo las organizaciones presentes con la finalidad de colaborar en la conciliación aquí alcanzada se abstendrán de cualquier situación conflictiva, cualquiera sea su naturaleza. Dicha obligación alcanza a las partes firmantes del acuerdo con la representación que ostentan, y estas se obligan en su propio nombre y en el de sus representados”.

Parecería que no sólo se trató de la “primera paritaria de la economía popular” sino de la “paz social” más larga: como el acuerdo rige hasta el 19 de diciembre de 2019, en lo formal se desprende que los firmantes pactaron más de 37 meses de tregua con el gobierno de Cambiemos. Hasta en los pasillos de la CGT les debe haber parecido un poco mucho.

II

Aunque su gancho no aparece directamente en el acta acuerdo los primeros, en salir a defenderla fueron los dirigentes del Movimiento Evita. Sucede que ellos son el sector más numeroso de la CTEP y en aquellos tres días de negociación Emilio Pérsico sostuvo varios encuentros con Massot por fuera de la mesa de negociación, una rosca dentro de la rosca. En un comunicado salieron a aclarar la situación y, como suele suceder, terminaron oscureciendo: dicen que de lo que se pactaba en ese último párrafo era por las acciones previstas en las puertas del Congreso para acompañar el debate de la Ley de Emergencia Social. También dicen que, días después de firmado el acuerdo, se movilizaron en defensa de los manteros de la una feria de Parque Patricios, participaron de las movilizaciones por el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres y realizaron cinco cortes de ruta en Misiones. Los ejemplos que pone no son sólo muy parciales sino que no apuntan a la cuestión de fondo. El gobierno no les está prohibiendo manifestarse en general, pero les hizo firmar un acuerdo donde estipula que las concesiones están supeditadas al cumplimiento de la paz social. Si esto se cumpliese a rajatabla, el gobierno de Cambiemos contaría con un ancho de espadas hasta que termine su mandato. El repudio generalizado que se ve en los comentarios de la página de Facebook del Evita hablan por sí solos. Y por eso, Leonardo Grosso, diputado de dicha fuerza, tuvo que volver a escribir una nota firmada por él apenas dos horas después y varios dirigentes salieron debieron salir a aclarar el punto en distintos medios de comunicación. Entre los principales indignados que se manifestaron en el comunicado del Evita se encuentran no pocos cristinistas “duros”, que asocian esta concesión al macrismo como una nueva traición por parte del Evita, que abandonó el FPV poco después de comenzado el año legislativo. Una indignación un poco curiosa, viniendo de parte de quienes hasta ayer nomás eran aliados del Evita, de la burocracia sindical tradicional que hoy le da tregua al gobierno y sostenían al “proyecto” que dejó a un tercio de los trabajadores en la informalidad.

III

Emilio Pérsico y el “Chino” Navarro dan una entrevista para la Revista Crisis. En ella expresan las tesis de la resistencia popular: si echamos a Macri viene uno peor, es momento de acumular fuerzas a la espera de un próximo gobierno popular y que en 2017, deslizan aunque no se lo pregunten, que no es descartable ni siquiera una alianza con Sergio Massa. La suma que recibirían los trabajadores que reciben asignaciones sociales sería de alrededor de 10 mil pesos, es decir, 3 mil pesos menos de lo que tiene que recibir una familia para no estar en la pobreza. Y que de esos 10 mil, una tercera parte es un adelanto del mes de enero, es decir, una suma a cuenta. No se puede ocultar con una retórica épica un acuerdo completamente insuficiente para las necesidades de los trabajadores más precarizados. Al fin y al cabo, la política de hambre que denuncian con una mano es la que votaron con la otra en el Congreso, cuando sus diputados aprobaron el presupuesto del gobierno. Mucho peor cuando estos acuerdos se firman en el marco de una alianza con la dirigencia sindical tradicional que, teniendo el potencial social para darle pelea al Gobierno, no ha tomado ninguna medida ni por los trabajadores informales, ni por sus propios representados.

Pero los otros dos principales suscriptores del acta, por supuesto, no se quedan atrás. La CCC es una corriente que se dedica a administrar plantes del Estado cuyos referentes han marchado con la Sociedad Rural. Y el camaleónico Barrios de Pie es parte del oficialismo en la provincia de Mendoza, con un senador provincial y concejales en el municipio de Las Heras, además de una diputada nacional y cargos en la gestión de la UNCUYO. Un hibrido de larga tradición oportunista que hasta llegó a compartir boleta con el actual ministro Prat-Gay.

Le siguen en el medio centenar de grupos menores que suscriben al acuerdo organizaciones como la Poderosa, el Frente Popular Darío Santillán y, para no quedarse afuera, Patria Grande. Porque todos los caminos conducen a Roma.

IV

Desde el Vaticano, el Papa Francisco ha sido el principal articulador de un armado territorial para la provincia de Buenos Aires que tiene dos puntas: por un lado, los intendentes del Pacto de San Antonio de Padua y por el otro las organizaciones sociales que lo han ido a ver, primero por separado, y luego todas juntas al reciente Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Todo este acuerdo parece muy a tono con las encíclicas papales, que apuesta a la unificación del movimiento obrero y los sectores populares no para una mejor pelea contra el ajuste, sino para una más efectiva dominación por parte de las burocracias sindicales y los partidos patronales. Incluso los dardos que tiró Verbitsky contra el Evita al hacer público el contenido completo del acta no son más que pases de factura dentro de un peronismo que solo piensa en reacomodarse para el 2017 y no en las necesidades de las grandes mayorías del país. El año se despide bailando esta mascarada patética al son de la batuta del Congreso del mañana. Una casta de funcionarios que viven como gerentes de multinacionales, otra de curas y obispos que cobran como jueces federales exudan el olor nauseabundo de la especulación mientras se están rifando las condiciones de vida de millones de argentinos y de las generaciones por venir. Eso se tiene que terminar.

V

La historia argentina de los trabajadores (formales o informales) es una historia de lucha y resistencia: el humo de las gomas, el sonido de los bombos y las ollas populares, los acampes y los cortes de las rutas, la bronca contra el hambre organizada como espíritu de época y sobre todo la demanda de trabajo genuino.

Los hijos plebeyos del Cordobazo (el Santiagazo, Cutral Có, Mosconi, Tartagal, tantos otros), que asediaron desde la periferia del país los estertores de la convertibilidad parieron cientos de organizaciones que en el ciclo kirchnerista experimentaron un proceso de cooptación organizada desde la chequera del Estado. El toma y daca en pos de la normalización de la calle, la “defensa del modelo” con legitima convicción militante vino después.

Hay miles de jóvenes que acompañaron esta experiencia y que pueden sentirse decepcionados. Dijeron, pegaron, pintaron: “Patria o Buitres” y sus diputados votaron Buitres. Marchan, reclaman, se organizan por los derechos de las mujeres y sus referentes se sacan selfies en el Vaticano, donde siguen pensando que el destierro del Edén es responsabilidad de la primera mujer, que además nació de la costilla de un hombre. Que apoyaron a Scioli en el balotaje y que ahora se enteran que mientras ellos siguen militando para transformar la realidad él se hizo una escapada a Punta Cana con una ex “chica Fort”

¿Por qué seguir siendo parte de este permanente derrape si existe el Frente de Izquierda?




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