Política

PATEANDO EL TABLERO

El Ingenio, el “macho cabrío” y la esperanza que nunca muere

En el Ingenio La Esperanza cometieron un crimen social contra los trabajadores. ¿Qué hechos lo atestiguan? La politización del incendio y la búsqueda de impunidad. Ante todo la verdad, si queremos justicia.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Miércoles 27 de noviembre | 16:09

Editorial en Pateando El Tablero, miércoles de 13 a 15hs en Jujuy FM 101.7

  • El incendio en el Ingenio La Esperanza que se cobró la vida de ocho trabajadores nos dejó con una profunda bronca que anuda hasta el día de hoy nuestras gargantas.
  • El tratamiento que le dieron al hecho los medios de comunicación casi por unanimidad fue con títulos afirmando “Tragedia en La Esperanza” y, sobre aquellos que disentimos con esta definición, se buscó estigmatizarnos aduciendo un supuesto oportunismo político. ¿Pero realmente se trató de una tragedia?
  • El término tragedia proviene de la voz griega tragoedia, que significa literalmente “canto del macho cabrío”, una canción que se entonaba en Atenas durante las fiestas que rendían honor al dios Dioniso, célebre en la mitología griega por los festines, el vino, los festejos y los excesos.
  • La tragedia en la literatura griega ocupa el lugar del drama asociado a situaciones donde el personaje o los personajes entran en un conflicto que desata una serie de errores fatales, por los cuales, terminan perdiendo la vida o en el mejor de los casos en el exilio o en la locura. Ninguno podía escapar al destino final preestablecido por el oráculo.
  • Con estos antecedentes etimológicos nadie podría afirmar que los trabajadores del ingenio hubiesen tenido problemas entre sí por los cuales se desató el incendio. Por el contrario, el Fiscal Resúa afirmó que el origen del fuego estaría vinculado a un cortocircuito en el edificio de la destilería, así como obreros alertaron que 48hs antes hubo chispazos y que el tanque que explotó ya tenía perdidas de alcohol a tal punto que los vecinos sentían el olor nauseabundo. El intendente del pueblo, Ramón Carrizo, sostuvo que el día anterior hubo una explosión en otro sector de la fábrica.
  • Según Aristóteles definía a la tragedia como la más elevada de las formas de representación artística, ya que mostraba a los hombres más elevados de lo que realmente son, para que su caída en desgracia tuviera un efecto catártico en la audiencia.
  • En el caso de los trabajadores del ingenio nadie tuvo que mostrarlos en un lugar superior al que ellos conquistaron durante años de luchas. Hay casos particulares como el obrero que supo retornar a la destilería en llamas con un matafuego para ayudar a sus compañeros y nunca más regreso. Él como tantos otros trabajadores se convirtió en héroe de un drama que no provocó, sino que en tiempo real le plantaron un infierno dominado por las llamas, ante el cual pagó con su vida.
  • Ninguna de las acepciones de la palabra tragedia cuadra con lo sucedido en el ingenio. Por eso quienes desde La Izquierda Diario asumimos que se trató de un crimen social, nos parece oportuno hacer un repaso por el conjunto de hechos que hacen a cómo y en qué circunstancias se llegó al incendio sin caer en el dramatismo propio de la tragedia.
  • Decía Federico Engels el compañero de toda la vida de Carlos Marx en 1845 cuando describía las terribles condiciones de trabajo y de vida de la clase obrera en Inglaterra, lo siguiente “… la sociedad -en alusión a la clase dominante- en Inglaterra comete cada día y a cada hora lo que los periódicos obreros ingleses tienen toda razón en llamar crimen social, que ella ha colocado a los trabajadores en una situación tal que no pueden conservar la salud ni vivir mucho tiempo, que ella mina poco a poco la existencia de esos obreros y que los conduce así a la tumba antes de tiempo.”
  • Continuando con la tradición de la prensa obrera que se refería a las condiciones de vida de la clase trabajadora pero ahora en pleno siglo XXI, si consideramos que en La Esperanza desde la quiebra en 1999 hasta la fecha fueron los trabajadores los que cargaron en sus espaldas y cuerpos el sostén del ingenio bajo la mirada atenta de los síndicos y jueces como también de los distintos gobiernos, no hay forma de no considerar el rol de la clase dominante y el Estado entregando a los trabajadores como carne de cañón a un fábrica que tiene los dientes afilados para devorarlos.
  • Si a esto le agregamos la falta de inversión crónica en infraestructura y condiciones de seguridad que se cobraron la vida de distintos obreros durante estos años, como también la falta de control del ministerio de Trabajo ante, al menos, cuatro denuncias del propio sindicato por falta de garantías en la seguridad laboral, se va perfilando un cuadro de claros responsables del incendio. Son estos actores los mismos que así como mirando a un costado sobre las condiciones deplorables del Ingenio, fueron los primeros que salieron a aprovechar el hecho con anuncios de becas, puestos de trabajo y asistencia del Estado sobre los familiares, utilizando políticamente el incendio con tal que reine la impunidad.
  • Por último, apareció el empresario Budeguer quien recibió a precio de remate de manos del gobierno y bajo el patrocinio del Juez un ingenio en estas condiciones y continuó apostando a que el lomo lo pongan los trabajadores sin hacer ninguna inversión.
  • Cualquier pericia seria de todo lo actuado por la Justicia, el gobierno y la empresa deberían concluir en algo evidente, en La Esperanza, todos ellos cometieron un crimen social contra la clase obrera como cometían los mismos empresarios de sangre de los fundadores del ingenio, la familia Leach, en Inglaterra hace más de 150 años.
  • Sin embargo, no podemos quedarnos en la parálisis del dolor que por cierto duele. No hay ningún destino fatal, salvo aquel que la clase dominante pretende inculcar a sus subordinados. En La Esperanza hay una parte de estos héroes anónimos que son portadores de valores superiores a la meritocracia y al “sálvese quien pueda”. Ellos junto a sus familias componen la mayoría social, aquellos y aquellas que son imprescindibles para encarar el desafío de destrabar el drama histórico que implica vivir en el capitalismo. Es ahora de redimir a la clase trabajadora y a los sectores populares, comenzando por dar a conocer la verdad de los hechos, sus responsables y que no haya impunidad en el ingenio. La Esperanza no se negocia, se pelea.






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