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El “Gran Hermano” llega de la mano de las patronales

Según la ley, no está penado que las empresas instalen cámaras de seguridad, en el caso de ser muy necesario y que gracias a ellas pueda detectarse una irregularidad muy grande. Pero ¿qué pasa cuando las cámaras pasan a ser sujeto de invasión de la privacidad de los trabajadores?

Carina A. Brzozowski

Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación

Martes 6 de septiembre de 2016 | Edición del día

En estos últimos días hemos recibido noticias acerca de la instalación de cámaras en las plantas de producción de empresas del gremio de la Alimentación como Pepsico y Felfort, donde trabajo y me consta este hecho. Tras un posteo de mi autoría en facebook también nos enteramos que en la planta de Coca- Cola de Pompeya sucede lo mismo. Tocamos de oído frente a otros hechos de estas características en otros lugares a los que nos han hecho referencia, pero parece que las patronales se pusieron de acuerdo para perseguir a los trabajadores.

En Felfort, particularmente, ya es un hecho su instalación en 3 de los 7 pisos que tiene la empresa, sumadas las del comedor de la planta y una en un lugar utilizado por los trabajadores como desayunador, fuera del sector de producción.

Hay opiniones diversas al respecto, muchos compañeros dicen que el fin es detectar robos de mercadería o de materia prima. Cosa que creemos poco probable. Nos suena más como excusa para justificar el verdadero fin que no es otro que el de amedrentarnos, de hacernos ver que estamos atados de pies y manos. Nos sentimos, de hecho perseguidos, pensamos que desconfían de nosotros que somos los que ponemos en marcha la gran rueda de la producción que venden a diario ganando millonadas a nuestra costa.

No hemos estimado aún el gasto que implica la instalación de las cámaras, ya que ya están preparados los demás pisos también para que esto ocurra, pero la pregunta es: por qué ese dinero no se invierte en reparar los baños, mejorar las condiciones de los vestuarios, comprar toallitas para secarnos las manos o reparar los secamanos eléctricos que se fueron rompiendo. Los inodoros no tienen tablas y no existen los palitos para colgar el papel higiénico, pero así y todo deciden espiarnos.

También podrían invertir ese dinero en brindarnos a diario un desayuno digno para que los compañeros dejen de tomar a escondidas un trago de mate cocido y nos sancionen por esa y otras razones igual de ridículas.

No es casual que la aparición de las cámaras en las distintas empresas se de en el marco de las declaraciones de Macri: “No pongan palos en la rueda a las empresas”, y llamó a trabajar “en equipo”. “Entendemos que si se hace trampa al sistema, se fuerza un ausentismo, se inventa un juicio, se pone un palo en la rueda y le complica la vida a todo el resto de la sociedad”. Y añadió: “Es fundamental que en esta nueva etapa de cambio, entendamos de una vez y para siempre que somos todos un mismo equipo”.

No somos un equipo donde juegan los empresarios y los trabajadores, basta de aleccionarnos con la frase de que si a la empresa le va mejor, al trabajador también, porque a ellos no les interesa nuestro destino.

Si con este sistema de cámaras de seguridad, tan avanzado por cierto, con cámaras de 360 grados, pudieran filmar y constatar cómo somos sometidos en algunos casos al maltrato de los supervisores, cómo nos arruinamos la salud con el polvillo de algunos sectores, con los excesivos ritmos de producción que cuando aumentan la velocidad a las máquinas, también aumentan los dolores y la quemazón en los músculos de las manos y de las cervicales, entonces ahí, capaz, emparejamos un poquito las cosas, pero no creo que sea ese el fin de la colocación de las cámaras.

Estamos a la espera de la policía laboral tras la denuncia hecha por la Comisión Interna en el Ministerio de Trabajo. Mientras tanto, también esperamos que el Sindicato, (STIA) se haga presente para constatar estos hechos y haga también la denuncia como corresponde.







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