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FRANCIA

El Gobierno francés utiliza el ataque en Estrasburgo en contra de los chalecos amarillos

El gobierno de Macron pretende instrumentalizar el repudio a los ataques del martes en un mercado navideño de Estrasburgo para frenar las movilizaciones de los chalecos amarillos.

Miércoles 12 de diciembre de 2018 | 17:22

Los ataques de este martes en un mercado navideño de Estrasburgo, que dejaron 3 muertos y 13 heridos, generaron una bronca y repudio generalizados. Se cree que el sospechoso es un hombre de 29 años, que tenía un expediente por “delitos comunes”, y que aún sigue siendo buscado por la policía. Ninguna organización había reclamado hasta el miércoles la autoría del ataque, pero la forma en la que actuó y la barbarie del acto hacen recordar a los ataques en Charlie Hebdo y los del 13 de noviembre de 2015, y son completamente legítimos los sentimientos de indignación y el shock que ha provocado.

Si bien aún se desconoce más información sobre el ataque, lo que sí quedó claro en estas primeras horas es que el gobierno de Macron está intentando utilizar el sentimiento de repudio para echarlo sobre el movimiento de los chalecos amarillos. Desde la mañana del miércoles se multiplicaron las declaraciones de funcionarios del gobierno y de los medios de comunicación en contra de los chalecos y los estudiantes que salen a la calle.

Christophe Rouget, secretario general adjunto de seguridad interna, llamó a los "estudiantes y chalecos amarillos a detener su movilización" durante el tiempo que dure la búsqueda del sospechoso. Este pedido vino acompañado del intento de responsabilizar a los manifestantes por los ataques ya que supuestamente los policías están ocupados con el conflicto de los chalecos amarillos.

Esta es la respuesta que dió el Ministerio del Interior, cuestionado sobre su nivel de vigilancia y seguridad. Por medio del diario Le Parisien filtraron la fake news de que los policías que debían vigilar el mercado de Navidad no estaban en sus puestos porque los habían asignado a controlar las manifestaciones de los estudiantes secundarios. Es decir una operación salida de las entrañas del Ministerio del Interior para dejar en el centro de la responsabilidad por los ataques a los manifestantes.

En este marco no es raro ver todo tipo de teorías conspirativas en los grupos de chalecos amarillos, ante el discurso virulento del gobierno. Si bien no parece creíble que el responsable directo del ataque sea el propio gobierno, si se puede ver la alevosa instrumentalización política que está haciendo del hecho. "Hubo un evento dramático en Estrasburgo [...] creo que el movimiento debe detenerse", dijo la ministra de Justicia Nicole Belloubet, en línea con el ministro del Interior, Christophe Castaner.

A los funcionarios del gobierno se sumó la prensa, como el periodista Jean-Michel Apathie de la cadena Europa 1, que dijo "por decencia, no debe haber manifestación de chalecos amarillos este sábado". Con este tipo de argumentos de funcionarios y aliados, el gobierno está tratando de ganar la batalla por la opinión pública que perdió en las calles, utilizando el ataque en Estrasburgo.

Sin embargo, hasta el momento las encuestas señalaban todo lo contrario. Tras el mensaje del lunes, con el que se jugaba a desactivar el movimiento de los chalecos amarillos a cambio de concesiones mínimas, Macron sigue sin poder convencer a la mayoría de los franceses. Según una encuesta de Odoxa para la BBC, el 59% de los encuestados dijo que el discurso del presidente no los había convencido y 64% todavía apoya la movilización de los chalecos amarillos, según la encuestadora Opinion Way.

Estos números son absolutamente adversos para el Gobierno que no solo tuvo que retroceder con el impuesto a los combustibles y anunciar nuevas concesiones, sino que trató de aislar, sin éxito, movimiento por medio de un enorme operativo represivo.

Frente a un gobierno que está tan acorralado como para utilizar de manera tan burda los ataques en contra de los manifestantes, la única manera de responder parece ser con la ampliación y extensión del movimiento, con movilizaciones en las que converjan los sectores en lucha. Esto incluye las acciones ya programadas para el viernes 14, por el llamado de varios de los sindicatos, y la nueva jornada nacional de lucha preparada para el sábado.

Esta instrumentalización de la bronca popular es, en última instancia, la expresión de un gobierno en agonía, que tuvo que retroceder frente a la movilización callejera por primera vez desde que asumió. Su principal temor es que las luchas no solo no terminen, sino que confluyan "todas juntas" en las calles.







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