Cultura

ANIVERSARIO

El Gobierno de Onganía, el cierre de ingenios en Tucumán y los Prat-Gay

Vinculados al plan de cierres de ingenios del gobierno de Onganía figuran poderosos nombres de ayer y de hoy como Blaquier y el padre de Alfonso Prat Gay, actual ministro de Economía.

Rossana Cortez

CEIP “León Trotsky”

Domingo 21 de agosto de 2016 | Edición del día

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El 28 de junio de 1966 se inició la autodenominada “Revolución Argentina”, encabezada por el general Juan Carlos Onganía.

El golpe reunió el apoyo del conjunto de los sectores dominantes, la burocracia sindical y el propio Perón que ordenó “desensillar hasta que aclare”. Abiertamente, tanto Perón como la dirigencia sindical apoyaron y ofrecieron tiempo al gobierno de Onganía para estabilizar la situación política y social.

Desde el punto de vista político, el Onganiato consistió en un intento bonapartista, basado en el partido militar como garante del dominio burgués para lograr una salida a la crisis nacional apoyándose en los sectores del capital más concentrados y para superar por esta vía la crisis burguesa expresada en la “inestabilidad” política recurrente, que se tradujo en una especie de “empate hegemónico” en el que ninguna clase o sector de clase podía imponer su primacía sobre el resto. Desde el punto de vista de la clase obrera, la dictadura de Onganía se proponía completar los objetivos que los anteriores gobiernos, desde la caída de Perón, no habían alcanzado.

El Gobierno se planteó dar inicio a un proceso que constaría de “tres tiempos”, el primero se concentraría en las cuestiones económicas, el segundo se encargaría de los problemas “sociales” y por último, se encararía el “tiempo político”. El Poder Ejecutivo se hizo cargo de las funciones legislativas, se removieron a los integrantes de la Corte Suprema de Justicia, a los gobernadores y a las legislaturas provinciales y se disolvieron los partidos políticos.

Entre las primeras medidas que tomó el Gobierno estuvieron las destinadas a “eficientizar” el funcionamiento del Estado y para esto se buscó disminuir el personal público y racionalizar la administración estatal. Además, otras disposiciones estuvieron destinadas a favorecer a los sectores más concentrados como la disminución de la protección aduanera, las transferencias de tierras públicas a manos privadas, el aumento de las tarifas de electricidad y la privatización de emisoras radiales y televisivas (1).

El cierre de ingenios en Tucumán

La aplicación de la política de racionalización de la administración pública comenzó por afectar a los trabajadores azucareros de Tucumán, a partir de la intervención de ocho gremios. Aunque la respuesta popular fue notable, con sabotajes, paros, ocupaciones e incendios de cañaverales, no impidió los despidos y el cierre de la principal fuente de trabajo.

Onganía recorriendo el ingenio de San Pablo

En el artículo de Rubén Kotler se relata:

“El 21 de agosto de 1966 por medio de la sanción del decreto-ley 16.926, se intervinieron 8 ingenios, llegando con el tiempo a ser 14 las plantas intervenidas (...). Según el gobierno de Onganía se ponía en marcha en la provincia de Tucumán un nuevo programa de reestructuración ‘agro-industrial’, atrayendo al mismo tiempo capitales nacionales e internacionales para la instalación de nuevas y más modernas industrias, que habrían de ocupar la mano de obra desocupada por la industria azucarera. El proceso al final del camino implicó el cierre de 11 de los 14 ingenios intervenidos, generándose una desocupación que a su vez produjo una desestructuración de la clase trabajadora de Tucumán. Los ingenios que cerraron fueron en general los de menor promedio diario efectivo de molienda y los de menor producción azucarera (...). La desocupación aumentó a niveles insostenibles provocando incluso, que muchos miles de trabajadores tuvieran que migrar hacia otras regiones del país como ‘trabajadores golondrinas’. Se estima que el número de desocupados en esa época osciló entre 150.000 y 200.000”.

Prat Gay padre en los cierres de ingenios

Alejandra Dandan, en una nota de Página 12, denuncia que a mediados de 1936, un grupo de radicales enfrentados a los conservadores fundaron la Compañía Azucarera del Norte o Ingenio Leales. El abogado Fernando de Prat-Gay fue el primer presidente del directorio y fue el abuelo de Alfonso de Prat-Gay. El Ingenio Leales siempre fue uno de los establecimientos más chicos de la provincia, pero el segundo en cantidad de obreros a mediados de la década del 60. En diciembre de 1965, Fernando de Prat-Gay integró la Comisión Especial del poderoso Centro Azucarero Argentino (CAA) controlado por los Blaquier, que impulsó el cierre de once ingenios azucareros. En 1976, el Ingenio Leales aparece entre las industrias azucareras de Tucumán que aportaron abultadas sumas al Fondo Patriótico Azucarero impulsado por Domingo Antonio Bussi.

Narra Dandan que el historiador Roberto Pucci es quien instala a los Prat-Gay en esa época en su libro Historia de la destrucción de una provincia. Pucci es uno de los hombres más citados en las causas del norte y revela la negociación por el cierre de los ingenios. Allí cuenta que un sector de los propietarios de ingenios tucumanos, apostando a que la destrucción forzada de los ingenios y la eliminación de los pequeños productores cañeros favorecían la concentración del poder económico en sus manos, se aliaron a ese plan pese a que en el corto plazo condenaba a toda la provincia a la agonía. En diciembre de 1965, la comisión especial de la CAA elevó a Onganía un plan para el cierre de doce ingenios azucareros y la redistribución provincial de los cupos de producción. Esta comisión estaba integrada por Carlos Pedro Blaquier del ingenio Ledesma y por Alfonso Nogues, Fernando de Prat-Gay (h) y Juan José Sortheix pertenecientes al grupo de industriales tucumanos encabezado por la familia Paz del ingenio Concepción, comprometido en el proyecto de reorganización y monopolización del azúcar.

Reducción de costos, flexibilización de las condiciones de trabajo, favorecer a los capitales más concentrados, descargar la crisis sobre los asalariados, reducir el Estado, objetivos que vuelven una y otra vez. La burguesía, ayer y hoy, se unifica en el mismo objetivo de explotar e incluso aniquilar si es necesario a la clase obrera. Por eso no sorprende que sean los mismos nombres de siempre los que se repitan.

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