TRIBUNA ABIERTA

El Genocidio no Reconocido

La vigencia y relevancia del Genocidio Charrúa en la actualidad se ha visto entre otros hechos en la discusión dentro de la Junta Departamental de Montevideo y la nota sobre esta discusión hecha por el diario El País.

Sábado 26 de mayo | 22:32

Era el 11 de abril de 1831 El Presidente de la novel República, General Fructuoso Rivera, se reunía con los principales caciques de la Nación Charrúa y sus familias a orillas del arroyo Salsipuedes (actuales fronteras departamentales entre Paysandú y Tacuarembó).

Según declaraciones de Antonio Díaz (militar que participo en los hechos), dicho encuentro entre el máximo representante del Estado y los máximos representantes de la Nación Charrúa, fue con el objetivo de realizar una alianza.

El gobierno nacional solicitaba el apoyo de los charrúas para recuperar ganados robados en el Brasil y ayudar a defender la frontera brasileño-uruguaya (aún con límites muy borrosos) A cambio el gobierno ofrecía repartir el botín de ganado con los caciques y demarcar las tierras fiscales sobre los Ríos Arapey para que las familias puedan vivir en paz.

Recordemos que desde la Revolución Oriental encabezada por Artigas, se había hecho norma, que los caudillos negociaran con los caciques para obtener la formidable y temida caballería charrúa. Rivera se había basado en ésta para la Campaña de las Misiones, la cual fue determinante para la fundación del Estado Oriental. Los caciques a cambio siempre exigían tabaco, yerba, algunos otros víveres, ganados y respeto por sus territorios. Sin embargo todo esto fue un engaño. Un ejército de 1200 hombres cayó sobre las familias desarmadas. La siguiente escena sería digna de una capitulo de Games Of Thrones.

Los hechos del genocidio

Según el parte oficial de guerra, fueron asesinados 40 guerreros y se capturaron a más de 300 prisioneros, en su casi totalidad niños y mujeres.

Sin embargo según testimonios de actores de los hechos como Antonio Díaz o el cónsul sueco Oxehufvud, la cifra de muertos seria de por lo menos 200 o incluso más. Se debe decir que la operación militar de Salsipuedes se rodeo de todo un secretismo debido a que en dicha acción participaron tropas extranjeras, como el Caudillo unitario argentino Lavalle.

La participación de militares extranjeros en la acción se escondió al Parlamento. Muy similar a lo que ocurriría 150 años después en el denominado Plan Cóndor. Pero no todo termino ahí.

De los más de 300 prisioneros capturados en Salsipuedes, solo 166 llegaron a Montevideo. Un grupo importante fue dado a las familias pudientes de Durazno, el resto fueron repartidos entre estancieros riveristas o murieron de cansancio en la larga caminata de más de 320 Km. En los años en donde se discutía la abolición de la esclavitud afro, Montevideo se había llenado de mujeres indígenas esclavizadas.

Pero no solo fue Salsipuedes, ya que no todos los caciques fueron a la reunión del Presidente, y muchos pudieron escapar al cerco mortífero. Es así que el Presidente Rivera ordena a Bernabé Rivera y a José “Pepe” Raña (Caudillo de Paysandú) a “limpiar los campos”.

Se lleva a cambo una política de razzias que durará hasta 1834. En medio de esta ofensiva mortífera, hay un pequeño hecho de justicia, Bernabé Rivera y su regimiento de caballería son aplastados por los guerreros de Polidoro. A estos hechos se le agregan la imposición del cristianismo a los prisioneros esclavizados, la prohibición de la lengua y el reparto de las tierras del norte a manos de colaboradores del gobierno, terratenientes brasileños y colonos europeos.

La marca de la brutalidad

Estos hechos mencionados son lo que nosotros los charrúas denominamos “El Genocidio” o también como “La época de la brutalidad” (citando la memoria de abuelos que viven en zonas rurales). Estos hechos nos marcaron como pueblo profundamente.

La pérdida de territorios comunitarios, de la lengua, de algunas tradiciones y del orgullo de nuestras raíces son algunos de los efectos que perviven hasta el día de hoy. Pero estos hechos también marcaron al Estado Uruguayo y a la sociedad nacional. Estos hechos marcan la continuidad dentro del Estado y la sociedad de las lógicas y prácticas del colonialismo español.

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Saslipuedes es el eslabón que conecta al colonialismo clásico con la sociedad nacional moderna. Es que para nosotros, el opresor no es solo el Imperio Español, es también el Estado Nacional y su sociedad. El Uruguay es un país basado en la sustitución étnica de su población. Donde los indígenas fuimos borrados y los inmigrantes europeos incorporados.

Estereotipos racistas

La vigencia y relevancia del Genocidio Charrúa en la actualidad se ha visto entre otros hechos en la discusión dentro de la Junta Departamental de Montevideo y la nota sobre esta discusión hecha por el diario El País.

Aquí se ve como es un debate latente en el Uruguay del siglo XXI. Sin embargo, también se ve como el sistema político y los medios de comunicación dominantes reproducen los estereotipos racistas construidos en la época colonial y de las Campañas de Rivera.

En primer lugar decir que la utilización de la imagen del Monumento del Prado para hacer referencia a la Nación Charrúa es una muestra de deshumanización a la cual somos sometidos.

Los charrúas no somos ni los descendientes actuales, ni los dibujos hechos por cronistas en los siglos XIX, XVIII y XVII. Los charrúas somos presentados como un bronce inimitable. Un bronce servicial a las narrativas nacionalistas del Estado, narrativas paradas sobre la imagen del “indio muerto”.

En segundo lugar que la discusión de los ediles haya comenzado a través de la “Garra Charrúa”. No hay nada más alejado de lo que somos como pueblo, que la “Garra Charrúa”. Una construcción nacionalista que revindica ciertos aspectos de nuestra cultura (la valentía y la lucha hasta el final) para pasarlos a la sociedad uruguaya dominante y negando rotundamente los otros aspectos de nuestra cultura o incluso nuestra propia construcción como nación ancestral.

En palabras de la antropóloga Andrea Olivera, una “canibalización”. O sea, la sociedad nacional nos masacra y luego incorpora los elementos de nuestra cultura que más le guste a ella. Eso es lo que hace un caníbal. Te mata y luego te come para obtener tu fuerza. Toda discusión sobre “lo indígena” que parta desde la “Garra Charrúa” es poco creíble.

No es de sorprender que políticos del Partido Colorado o que hayan transitado por ese Partido, nieguen que lo que realizo el Estado Nacional con los pueblos originarios fue un Genocidio.

Ellos estas defendiendo no solo al “héroe de la Patria”, Fructuoso Rivera, sino que están defendiendo 180 años de políticas represivas, asimilacionistas, negacionistas e invisibilizantes. Ellos son los responsables políticos de la degradación cultural de nuestro pueblo. Y ellos defienden los privilegios que obtuvieron con esas políticas.

Tampoco es raro que representantes de sectores políticos vinculados con los terratenientes quieran que no se discuta el tema. Es que uno de los ejes centrales del Genocidio Charrúa, además del supremacismo blanco, es el tema de las tierras. Es hablar sobre como se construyo la propiedad privada rural, como el origen de las estancias esta basado en el despojo indígena. Es hablar de la acumulación originaria de capital en nuestro país.

Un discurso igualmente racista al de la justificación del Genocidio, es el esgrimido por sectores del Frente Amplio. Aquellos que lamentan, con lágrimas de yacaré, sobre la Masacre de Salsipuedes pero se vanaglorian que Uruguay ya no tiene “el problema indio”.

Sosteniendo que nosotros somos “un problema” y reproduciendo la idea de que en Uruguay son todos blanquitos, clasemedieros y felices. Esta gente solo reconoce como pueblos indígenas a las poblaciones de Bolivia, Perú y Paraguay que según ellos, serían “puros”.

En primer lugar decir que nosotros no tenemos un problema, ni somos poblaciones problemáticas. Es la sociedad la que tiene problemas con nosotros. Es la sociedad la que esta enferma de racismo.

En segundo lugar decir que lo de que Uruguay es un país hiperintegrado de gente blanca y de clase media es una verdad a medias. Eso puede ser muy cierto para los sectores de clase media de origen europeo. Pero para nosotros no es así. Los sobrevivientes de las persecuciones, sobrevivieron en los sectores más marginales de la sociedad nacional. El precariado laboral fue la norma de nuestra sobrevivencia. Y sin mencionar a los que sobrevivieron escondidos en montes y regiones aisladas del país. Es que hasta los años 50, hubo importantes zonas del interior del país con un alto aislamiento.
Por ultimo decir que la concepción de “pureza cultural” proviene de un régimen político denominado nacional socialismo. Es más uno de los más importantes clasificadores de pueblos indígenas de acuerdo en las concepciones de “pureza” fue José Imbelloni, quien era afín con el régimen fascista. Imbelloni también creo la categoría de “descendiente” para hablar de los grupos y/o individuos, en especial en el pueblo tehuelche, que por el mestizaje y la occidentalización habían perdido sus diacríticos culturales.

El discurso intelectual

Es curioso como en esta discusión vuelven a surgir los mismos intelectuales citados una y otra ves. Es el caso de Sanguinetti y de Vidart.

De Sanguinetti decir simplemente que es el máximo representante de la ideología liberal conservadora en el Uruguay. Además es el constructor del régimen político del Uruguay post-Dictadura. Es un agente del establishment nacional. Por eso justifica a las narrativas nacionales dominantes.

Promoción de un próximo simposio sobre Salsipuedes

De Vidart decir que cada ves nos sorprende más como se sigue citando a este personaje cuando hay una producción antropológica nacional que lo rebasa por lejos y esta no es tenida en cuenta. Vidart es del tipo de personas que se siguen guiando por lo que decía Imbelloni en los años 40 y 50. Ojala podamos ver a políticos que se asesoren con pensadores contemporáneos como Guigou, Sans, López Mazz, Verdesio Olivera, Bassini, Repetto y muchos otros antropólogos y antropólogas que abordan la cuestión indígena desde concepciones no tan colonizadas.

Desgraciadamente, el estado intelectual de nuestra clase política es tan ignorante y colonizado, que difícilmente se pueda avanzar en discusiones más serías sobre la cuestión indígena en el Uruguay.






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