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El Frente Amplio y las negociaciones con la Nueva Mayoría

El Frente Amplio y la todavía viva Nueva Mayoría han avanzado a pasos agigantados en sus acuerdos parlamentarios respecto a las comisiones en la cámara de diputados y la presidencia de la misma.

Dauno Tótoro

Santiago

Jueves 8 de marzo

Según diversas fuentes sería el PS quien dirigiría la Cámara para luego pasar a manos de la DC, si se mantiene el acuerdo al cual han llegado.
A su vez, hace algunos días, diputados y dirigentes de ambos conglomerados calculaban que se encontraban en un 80% de avances respecto a los acuerdos para las comisiones parlamentarias.

Pero ¿Qué develan estas negociaciones? ¿Hacia a dónde apunta el Frente Amplio? Lo que demuestran, primero que todo, es la confianza hacia la Nueva Mayoría. Así lo dicen sus propios dirigentes, como Octavio González, presidente del Partido Humanista, quien sostuvo que sin los votos de la Nueva Mayoría el programa frenteamplista no puede cumplirse.

Si se tratara de un ejercicio matemático, no podríamos estar en desacuerdo. Pero se trata de una definición política, de una línea y de una orientación de los principales dirigentes, de hacerles guiños a la Nueva Mayoría y desarrollar una amplia oposición anti Piñera.

Como si fuese con la Nueva Mayoría y con sus parlamentarios corruptos con quienes se construirá una oposición realmente consecuente a la derecha. No sólo han cogobernado este modelo junto a Chile Vamos durante los últimos 28 años, sino que también son los que, estando en el gobierno con Bachelet, y teniendo mayoría parlamentaria, se negaron a entregar la gratuidad en la educación, se han negado a cerrar Punta Peuco, a enfrentar a las AFP, a terminar con el negocio de la salud o a hacerse responsables de la crisis del SENAME. Son, por otro lado, los que legislaron una reforma laboral rechazada por los trabajadores y una serie de reformas educativas ampliamente rechazadas por estudiantes y por docentes, por sus características profundamente neoliberales.

Pero eso no es todo. Porque claramente, como se plantea más arriba, estos acuerdos no son meramente sobre “cargos”, sino que contienen de fondo una lógica de qué oposición construir y para qué.

No por nada Claudia Mix, diputada electa por el Partido Poder del Frente Amplio declaró a los medios luego de los avances de las negociaciones que estos eran acuerdos administrativos, pero no descartó que a futuro pudieran ser acuerdos políticos.

Por algo uno de los principales referentes del bloque frenteamplista, Gabriel Boric, argumentó hace ya más de un mes atrás que los acuerdos eran necesarios para poder entregar “gobernabilidad”. Hablan en el lenguaje de los partidos tradicionales, utilizan sus conceptos y buscan con ellos sus alianzas.

Pero los acuerdos por arriba y entre las cuatro paredes del Parlamento no frenarán la ofensiva de la derecha. No se trata de negociaciones y contra negociaciones. De votarles o no una ley. A eso no se reduce el problema.

Durante estas semanas ha habido una serie de ataques y despidos totalmente antidemocráticos contra trabajadores y trabajadoras, activistas, delegados y dirigentes sindicales. Han ocurrido en Antofagasta, Valparaíso, Santiago, Temuco y en otras ciudades. Son resultado del clima que ha instalado la derecha.

Probablemente aumenten los ataques contra estudiantes, trabajadores, mujeres y el pueblo mapuche. Por eso el 8 de marzo es un importante medidor. Es necesaria desplegar la mayor fuerza posible para animar al desarrollo de una oposición en las calles.

Por ahí pasa la clave del desarrollo de una oposición consecuente y que esté a la altura. Una oposición conformada por esos cientos de miles que quieren transformar esta realidad. Que han despertado con las luchas estudiantiles, No + AFP o Ni Una Menos.

Es necesario por lo tanto que se desplieguen el movimiento de mujeres, el movimiento estudiantil y por los y las trabajadores, en las calles, dispuestos a resistir los embates de la derecha.

Para esto evidentemente hay que fortalecer los organismos de base, las asambleas, los sindicatos y federaciones. Pero por otro lado, hay que dejar de crear la ilusión de que en la Nueva Mayoría encontraremos aliados. Aliados para esa oposición, callejera y de lucha, no lo serán.

Para una oposición “constructiva”, de acuerdos, tibia y que esté pensando en cómo ganar las elecciones del 2022 antes de cómo fortalecer a los movimientos en las calles, probablemente estén disponibles todos los dirigentes de la Nueva Mayoría.

El Frente Amplio, con sus últimos movimientos, parece profundizar una línea en uno de esos dos sentido en sus negociaciones "administrativas" con el oficialismo saliente.







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