Política Chile

ELECCIONES PRESIDENCIALES

El Frente Amplio y la segunda vuelta

Se consolidó la posición del frenteamplismo para la segunda vuelta. Reafirman un camino errado, que puede darle nuevos aires a la Nueva Mayoría, conglomerado que destaca por su decadencia política.

Dauno Tótoro

Santiago

Viernes 8 de diciembre | 21:43

Ya se hizo pública la posición oficial del Frente Amplio frente a esta segunda vuelta. Tras las declaraciones de diferentes dirigentes y toma de posición de ciertas colectividades, el día de ayer, jueves 30 de noviembre, el conglomerado frenteamplista, con Beatriz Sánchez a la cabeza, entregó su decisión definitiva ante la elección del 17 de diciembre.

En su declaración frente a los medios, reafirmaron una línea que parecía ser la mayoritaria y que se expresaba en diversas posiciones planteadas por sus principales cabecillas: Jackson, Boric, Sharp y otros.

Decidieron no llamar públicamente a votar por Guillier, pero sí dejar la puerta abierta a que sus electores lo hagan en esta segunda vuelta. Hacen un llamado a votar el 17 de diciembre y, a reglón seguido, aseguran que Piñera es un retroceso para el país.

Está claro que la derecha retrógrada y cavernaria sería un retroceso. El problema es que gobiernen nuevamente los mismos partidos que lo han hecho durante años, con algunos rostros nuevos (y otros no tanto, como Sergio Bitar), nuevos logos y nuevo nombre. Eso está lejos de ser garantía de algo.

La Nueva Mayoría ha trastocado las demandas de los movimientos que han salido a la calle y ha entregado reformas o parciales, o que no apuntan en el sentido exigido por estudiantes y trabajadores, o derechamente que profundizan el neoliberalismo, como la reforma educativa.

Ahí radica el problema estratégico del Frente Amplio: su apuesta a largo plazo es llegar a acuerdos con el progresismo de estos sectores, para desde ahí procurar realizar las transformaciones sociales que se han exigido desde el 2011 o incluso antes. Incluso Izquierda Autónoma proponía entre sus 9 puntos para llegar a un acuerdo con la Nueva Mayoría, un acuerdo con ese conglomerado para salir del neoliberalismo, cuestión que no deja de ser o ilusoria o utópica.

El Frente Amplio, si bien, no se compromete con su voto a Guillier (aunque sí lo hacen algunos dirigentes como Sebastián Depolo), en su lógica de llamar a votar el 17 y exigir a la Nueva Mayoría que cumpla con un programa que no le pertenece y que jamás defenderá, lo que hace es, como se diría coloquialmente “lavarle la cara” a Guillier y compañía.

Era el momento de plantear claramente el rechazo al conjunto de los partidos políticos que han sostenido el régimen heredado de la dictadura, con más o menos matices, y el Frente Amplio no aprovechó esa oportunidad.

Pero eso no responde a un error puntual ni a una equivocación específica, sino que es reflejo de una estrategia de conjunto del conglomerado, que históricamente ha traído derrotas y desvíos.

Es un camino errado que el PC ya probó y demostró no rendir frutos de ningún tipo. Aquí no se trata de encajonarnos a negociar reformas mínimas o parciales con los mismos que llevan décadas apernados en el Congreso, gobernando para los empresarios y su sector.

La tarea que nos proponemos desde la izquierda que nos reivindicamos anticapitalista, revolucionaria y socialista, es aportar a levantar y poner en movimiento una gran fuerza social de trabajadores, jóvenes, mujeres y estudiantes, que se enfrente a la derecha y también a la Nueva Mayoría, como único camino para la conquista íntegra de las demandas como la educación gratuita universal o el fin de las AFP.

Y justamente en ese camino, abogamos por ir más allá. Si nos organizamos y nos lo proponemos, podemos poner ese potencial transformador que tiene la clase trabajadora organizada, sin confiar en los personajes de la ex Concertación (por más “re-renovados” que estén) en pos de una lucha por una sociedad de ruptura con el capitalismo.

Una tarea así, que parta del objetivo de la conquista de las demandas populares y de los trabajadores, y que se proponga la superación de este sistema actual, debe plantearse claramente la ruptura en la confianza con la Nueva Mayoría. No hay promesa que valga si sale desde la boca de ese sector.








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