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El Frente Amplio y la segunda vuelta

Qué hacer ante una segunda vuelta entre Guillier y Piñera (la segunda vuelta más probable según casi todas las encuestas): una pregunta muy importante, pero que no define todo lo importante.

Juan Valenzuela

profesor de filosofía - Partido de Trabajadores Revolucionarios

Viernes 17 de noviembre | Edición del día

La posición que se asuma desde el Frente Amplio el 19 de noviembre -con los resultados electorales ya claros- según declaró uno de sus voceros, Lucas Cifuentes de Izquierda Libertaria, “no es ni será una improvisación o una deliberación de último minuto. Es, por el contrario, una consecuencia de una política que venimos llevando adelante hace un tiempo. De esa densidad es que saldrá una posición ante una eventual segunda vuelta sin la Bea.”
Como es sabido, en el propio Frente Amplio no hay unanimidad respecto a qué hacer en segunda vuelta “sin la Bea”. Porque hay otras cosas en juego: qué oposición construir ante un segundo gobierno de Piñera (en caso de que salga). O qué relación tener con la Nueva Mayoría tanto si llega al gobierno nuevamente (lo menos probable) como si pasa a ser oposición.

El ánimo de la candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, no es precisamente un entusiasmo desbordante. Recientemente, según registró El Mostrador, Sánchez dijo que le ha faltado “experiencia en conglomerados políticos” y expresó estar “herida”. Las crisis internas se han hecho inevitables. Sánchez, en medio de ese torbellino, reclama la carencia de “procedimientos claros” para tomar decisiones complejas. Este clima se explica porque hasta ahora Sánchez no ha conseguido superar a Guillier en las encuestas e incluso retrocedió. Algunos en el propio FA dicen que no apoyarán a nadie en segunda vuelta, otros, como Izquierda Autónoma, se abren a conversar sobre puntos intransables con la Nueva Mayoría, que de ser tomados por Guillier podrían abrir las puertas a un apoyo en la contienda con Piñera.

Pero sea cual sea la definición que tome el FA el 19, hay preguntas ineludibles. Por ejemplo: si el FA ha construido su espacio electoral a costa de la Nueva Mayoría sin conseguir ser un factor contra la alta abstención, no sería de extrañarse que con o sin llamado del FA y ante la posibilidad de que salga Piñera, muchos de esos sectores tiendan a votar por Guillier sin ningún tipo de entusiasmo, como “mal menor”. Por algo dejaron de votar NM y empezaron a votar FA.

La pregunta es, ante esta probabilidad de que el votante ex NM tienda a votar Guillier como “mal menor” ¿el rol de la izquierda es sembrar la ilusión de que se le puede adosar a Guillier y a la Nueva Mayoría parte del programa de reformas de Sánchez? Para responder, tengamos en cuenta un hecho: la NM no respeta ni su propio programa como lo demostró ya Bachelet. Lo que firmó con la mano lo borró con el codo. Guillier ¿es más confiable?

Si se deja la puerta entreabierta para votar Guillier “por la decisión de un plebiscito” o “en base a acuerdos programáticos” en el fondo se actúa como actuó históricamente el Partido Comunista. La supuesta retroexcavadora para terminar con el neoliberalismo desde sus cimientos se transformó en la cocina bajo Bachelet. ¿Con Guillier sería distinto? El FA quiere creer que sí, aunque, para ser justos, no es su intención ser gobierno junto a Guillier.

La perspectiva del programa

Hay un tema más de fondo, que, en parte, explica lo anterior. El programa no es “una lista de propuestas legislativas” ni para el FA ni para nadie. Tiene un significado más profundo. Es una comprensión de las tareas comunes que cohesionan a una tendencia política y a amplias franjas de las clases sociales y la sociedad civil. Por ejemplo, en algún momento, antes de la ofensiva neoliberal, el “socialismo” constituía un objetivo programático para la mayoría de las organizaciones referenciadas en la izquierda y amplios sectores de la sociedad. Con el término, en general se aludía a una sociedad en la que no regiría la propiedad privada y que funcionaría en base a una planificación de la producción, poniendo en el centro las necesidades humanas. No es objeto de este artículo detallar las complejas polémicas que se suscitaron en torno a esta idea durante el siglo XX. Sólo nos interesa señalar que antes del neoliberalismo esa perspectiva no era vista como una utopía.
Pero hablar de una “ruptura con el capitalismo” hoy es calificado de disparate por muchas personas. Pareciera más sensato hablar de un programa que apunta solamente a conquistar derechos sociales, pero de ninguna manera a romper con esta sociedad capitalista y proponerse la construcción de una sociedad distinta. Para que esto pareciera “lo más obvio” en la actualidad tuvieron que acontecer en el pasado reciente importantes derrotas a la clase trabajadora durante las últimas décadas, en distintos lugares del mundo. En Chile sabemos cómo sucedió esto.
En el Frente Amplio no se proponen una “ruptura con el capitalismo”. Jorge Sharp lo expresaba de esta manera: “no vamos a poder superar al capitalismo, eso es imposible, pero sí se puede superar al neoliberalismo”.

Esto significa que los puntos programáticos propuestos por el Frente Amplio son para romper con un tipo de capitalismo, pero no con el capitalismo mismo. Esa es la “perspectiva” de su programa.

Por eso el Frente Amplio sin dejar de ser coherente puede abrirse a la posibilidad de negociar con políticos capitalistas -como lo son los políticos de la NM- algunos puntos programáticos.

Para que nos hagamos una idea de esto: si los que han defendido las AFP, me prometen que las van a terminar, me abro a votar por ellos. A esto se reduce la astucia de Izquierda Autónoma y de todos los que visten de “prioridad programática” sus ansias de negociar con la decadente Nueva Mayoría. Lo que no se ve de fondo: que son políticos capitalistas y hay que enfrentarlos si queremos poner en el centro la vida.

Lo buscarán expresar los votantes del FA: que están hastiados de no contar con salud o educación, que están cansados de las AFP y la privatización de todo, podría transformarse en un punto de apoyo para comenzar a desplegar la fuerza de millones de trabajadores, mujeres y jóvenes. O podría transformarse en “moneda de cambio” para negociar que Guillier y la Nueva Mayoría firmen un compromiso que no cumplirán. Este segundo camino, que es para el que se preparan en el FA, ya está repetido.








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