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El FMI presiona el acelerador al ajuste y la deuda contra los trabajadores en Argentina

El nuevo pacto de vasallaje y endeudamiento que firmo Macri con el FMI le puso fin al discursillo de Cambiemos con el que gano las elecciones, el llamado “gradualismo”. El fracaso de su política termino poniendo el pie en el acelerador a los tarifazos y el ajuste contra los trabajadores.

Domingo 10 de junio

Del gradualismo al ajuste FMI: Un mega plan de austeridad y recortes al gasto público y social

Esta semana terminó de concretarse el nuevo acuerdo entre el FMI y Argentina. Son más de 50.000 millones de dólares a una tasa de intereses al 5% por 3 años. Un “nuevo salvataje” que termino por demostrar el fracaso de todos los discursos y neologismos de la derecha (Cambiemos) de estabilizar la economía e introducir reformas “graduales”.

Es un nuevo salto en la dependencia de la economía argentina a los organismos internacionales, y es que el FMI para cerrar el acuerdo exige que el gobierno le ponga el pie al acelerador a los ajustes y tarifazos. En nombre de reducir el déficit fiscal, el organismo internacional condiciona la soberanía política de la nación, imponiendo un plan de metas de aquí al 2021, el llamado “déficit 0”, que exige un mega plan de recortes al gasto público y social, además de liberalizar aún más la economía descargando las alzas en el pueblo trabajador.

Y es que para reducir el 3,7% del déficit del PBI en 2 años y medios que exige el acuerdo, el gobierno está preparando un mega plan de recortes.

Aun no se tiene la letra chica del documento, que se está firmando a un costado de la Cumbre del G7 en Canadá, pero se busca limitar al máximo el gasto social en obras públicas (hospitales, escuelas, pavimentación, plazas, áreas deportivas, verdes y de recreación, transporte, etc.), así como seguir aplicando tarifazos contra la población, reduciendo los subsidios a los servicios públicos y la energía, recortes en programas sociales y los fondos a las provincias (salud y educación), golpear los salarios de los trabajadores estatales, reducir las horas extras y congelar las contrataciones por 24 meses (en cualquier modalidad), previendo un plan de despidos de más de 7000 funcionarios de aquí a diciembre.

Aplicar las recetas neoliberales que exige el FMI a nivel internacional; reformas estructurales, como la que busca aumentar la edad jubilatoria, que Macri busca aplazar para después de las elecciones 2019, a modo de referéndum.

También liberalizar el dólar. Encareciendo las importaciones, un golpe más al poder adquisitivo de la población trabajadora. Una fórmula más, hecha a la medida de los grandes grupos económicos de Argentina, después de haber reducido el impuesto a los ricos y eliminado los aranceles a las exportaciones, con lo que favoreció a las patronales del Campo y la gran Minería.

¿Entonces para qué es la nueva deuda?

Para pagar la deuda ya existente. Y, cuando se habla de reducir la deuda fiscal, nada se dice de los monumentales flujos de capitales que se fugan de Argentina, por concepto de “intereses” de las deudas ya contraídas con los bancos y organismos internacionales.

Una montaña de deuda e intereses que se come actualmente el 2,6% de todo el PIB argentino, de toda la riqueza que producen los trabajadores; llevándose nada más y nada menos que el 14% del gasto público en los presupuestos anuales. Pero, los “excesos” para el gobierno de Macri se encuentran en el “gasto social” y los “sueldos de la población”.

El 60% del déficit financiero del Estado se va todos los años pagando los “intereses” de la deuda externa. Es así, como se profundiza año a año la sangría de la economía argentina.

Todas estas medidas terminaran por contraer aún más la economía, descargando la crisis encima de los hombros de la clase trabajadora. Incluso los números de crecimiento están a la baja del pronosticado 3% para este año, el dato descendió a un débil 1,3%.

Es una historia que Argentina ya vivió. La última vez que hablaron de “déficit 0” el año 2001, se terminó por hundir al país en la desocupación masiva y disparar el nivel de pobreza a un 50% en la población.

Hay que ponerle fin al saqueo imperialista de la deuda externa}

La deuda externa es un mecanismo histórico de dominación imperialista que utilizan los países centrales para subordinar y controlar los mercados de los países de la periferia. Los países de América Latina recibieron el 80% de los préstamos que se orientaron a los países en “desarrollo” en la década de 1970: el endeudamiento de América Latina que en 1970 llegaba a un total de U$S 21 mil millones pasó en 1980 a ser de U$S 243 mil millones.

Actualmente Argentina esté en ciernes de un nuevo ajuste descomunal contra el pueblo trabajador. Desde el kirchnerismo al macrismo, están todos comprometidos con el pago de la deuda externa y la secesión de soberanía nacional a los organismos internacionales. El PJ ya venía comprometiendo sus votos en el parlamento para darle “gobernabilidad” al gradualismo.

La CGT firmó una nueva tregua con el gobierno que pone a los trabajadores entre la espada y la pared.

Es necesario que la clase trabajadora de toda la región salga a hacer frente a la ofensiva de las derechas y el imperialismo norteamericano en la región.

Al otro lado del Atlántico en el Medio Oriente, en Jordania el pueblo trabajador levanto cabeza y salió a resistir el plan austeridad, tras dos huelgas generales y una oleada de protestas tumbaron un gobierno y frenaron las reformas del FMI.






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