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El Estado español usa a los presos como rehenes políticos

Los nuevos audios que han salido a la luz demuestran que la prisión preventiva contra los Jordis, Joaquim Forn y Oriol Junqueras es tan política como la causa judicial en curso.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Viernes 9 de febrero | 21:06

En estos días se publicaron varios audios de los diferentes consellers del Govern de Puigdemont y los “Jordis” ante el juez Llarena. Se pueden escuchar las declaraciones de algunos dirigentes destacados como Jordi Cuixart, Jordi Sánchez, Carme Forcadell, Jordi Turull o Joaquim Forn. En estas declaraciones aseguran buscar un referéndum pactado con el Estado español, que persiguen el diálogo y que incluso el 27O fue un acto simbólico. Aun así, algunos de ellos continúan en prisión.

¿Cuál es el motivo? El motivo es sencillo: no saldrán hasta que el Estado español sienta que ha acabado con el movimiento independentista catalán. El primer objetivo concreto del Gobierno y del Estado es evitar como sea la investidura de Puigdemont por el Parlament, incluso si ésta es simbólica. Rajoy y las archireaccionarias instituciones del Régimen del 78 pretenden decidir a quiénes los Diputados catalanes no pueden investir. Así de sencillo.

La causa que está siendo instruida por el magistrado Llarena fue dirigida en primer término contra los miembros del Govern, de la Mesa del Parlament y los Jordis. Ahora hay otra tanda de dirigentes que declararán en calidad de investigados a partir de la próxima semana. Son las dirigentes del PDeCAT y ERC, Marta Pascal y Marta Rovira, el expresident, Artur Mas, las representantes de la CUP, Mireia Boya y Anna Gabriel y Neus Lloveras, presidenta de la AMI. Todos, según la Guardia Civil, serían parte del “comité estratégico” que organizó el 1O.

En dicha causa, los “investigados” serían parte de una rebelión violenta y/o una sedición tumultuosa. Sin embargo, los hechos por los cuales son juzgados ni se pueden llamar rebelión, y apenas si se puede hablar de violencia. Es que, si el 20S fue una rebelión violenta, todas las huelgas generales lo han sido. Fiscalía y juez se inventan una realidad que no es tal y se interpretan las leyes de una forma “novedosa”. Esto demuestra que la causa no tiene otro motivo que hacer rendir a esos dirigentes a la voluntad del Gobierno.

No importa lo que presos hayan hecho, no importa lo que ellos piensen, ni tampoco lo que digan. Hagan lo que hagan, el Tribunal Supremo los seguirá manteniendo en prisión provisional. El siguiente objetivo será que el nuevo Govern que se forme se adapte a la voluntad del Gobierno de España. Si bien Rajoy levantará el 155, lo que continuará será la intervención de las cuentas de la Generalitat y, por supuesto, la amenaza del 155 por si se apartan del rebaño.

Las defensas hacen imposible la causa

El conjunto de las defensas de estos dirigentes políticos catalanes se centra en aceptar casi todo lo que el Régimen del 78. Se ha podido escuchar reiteradamente que aceptan la Constitución y la legalidad, que acatan la aplicación del artículo 155 y que prometen respetar las leyes. Que siempre han aceptado las órdenes del Tribunal Constitucional y seguirán haciéndolo, etc.

En algunas declaraciones aún se ha ido más lejos. Carme Forcadell se refería a la declaración de independencia como una “una declaración política, simbólica, como tantas otras que ha habido en el Parlament. Pero no se inició ningún trámite parlamentario, porque no se registró, ni se votó… por supuesto sin efecto jurídico como toda declaración”. Después de muchos días históricos, el 27O fue un día “como tantos otros” para la ex presidenta de la ANC y del Parlament. Pensar que años atrás decía “President ponga las urnas”.

Lamentablemente, esta “estrategia de defensa” se repite en otros importantes dirigentes. Raül Romeva explica qué pasó luego del 27O “dejé de ejercer como conseller, de hecho, no volví a mi despacho”. Otro que pensó la República catalana como algo simbólico. Y para los dos millones de votantes que arriesgaron sus cuerpos el 1O, ¿también era algo simbólico?

Jordi Cuixart por su parte deja claro que nunca creyó en el 1O como un referéndum de autodeterminación. Al juez le dijo “creo que a día de hoy muy poca gente ya cree que con la celebración del 1O el resultado que saliera ya automáticamente llevara a Catalunya a la independencia”. Si eso cree uno de los dirigentes más importantes, ¿Qué podemos esperar de él?

Lo que tienen en común todas estas estrategias de defensa son dos cosas. Una es que todas las cosas que han dicho ante el juez son completamente contrarias a la causa independentista y a hacer efectivo el derecho de autodeterminación catalán. La otra es que la defensa se centra exclusivamente en los argumentos del poder judicial español. Esto es, que se limita a las estrechísimas reglas del juego que impone el poder judicial heredado íntegramente del franquismo.

Seguramente, las defensas confiaban en algún tipo de negociación ya sea con el Gobierno de Rajoy (algo que Rajoy siempre negó) o con los jueces (algo que nunca se insinuó). En lugar de buscar la movilización del pueblo, prefirieron ir al “patíbulo” judicial diciendo que buscaban el diálogo y negando el 1O y el 27O. Estas defensas van en contra de la causa del pueblo catalán.

Es necesaria una gran campaña por la libertad de los presos políticos

La Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural se han negado a hacer una campaña ofensiva por la libertad de los presos. No ha organizado un amplio, masivo y ofensivo movimiento social para liberar a los jordis, Forn y el Junqueras. La última movilización masiva fue el 11 de noviembre del año pasado. Y, luego manifestaciones pequeñas cada viernes, mientras la causa judicial seguía su curso enrevesado.

Esquerra Republicana y el PDeCAT más de lo mismo. Y, lamentablemente la CUP se ha adaptado, salvo el día de la huelga del 8N. Huelga en la cual se demostró el músculo de los CDRs impulsados centralmente por la CUP. Cuando los dirigentes soberanistas llamaron al pueblo a luchar, o a movilizarse, el pueblo respondió. Lo que faltó fue el llamado de los dirigentes. Los jordis, desde la prisión llamaban a la desmovilización porque, en última instancia, confiaban en una “negociación” con el estado español.

Ante la furibunda represión del Estado español, sólo queda como alternativa enfrentarlo con la fuerza de la calle, con el músculo que los CDRs mostraron el 8N, con la huelga que los trabajadores hicieron el 3O, con las masivas movilizaciones que el pueblo catalán hizo una y otra vez para imponer el referéndum. Sino enfrentamos al Estado español en las calles, seguiremos perdiendo posiciones como está sucediendo desde el 27O. Y, para ello es necesario que los trabajadores y el pueblo se pongan a la cabeza del movimiento.

Retomar las movilizaciones y las luchas es la condición necesaria para liberar a los rehenes políticos con los cuales nos extorsiona el Estado. Y, también es condición para recuperar el camino con el cual se hizo el 1O. De otra manera, seguiremos retrocediendo y Rajoy podrá obtener un Govern domesticado. Y, la República catalana será solo lo dijo Forcadell, algo simbólico.






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