Economía

CHINA

El Banco Asiático de Desarrollo dice que China crecerá un 6,5 % en 2016

Las perspectivas económicas publicadas ayer por el Banco Asiático de Desarrollo, arrojaron que China crecerá un 6,5 % este año y continuará desacelerándose en 2017.

Guadalupe Bravo

Economista | @GuadaaBravo

Jueves 31 de marzo de 2016 | Edición del día

Desde el Banco Asiático de Desarrollo (ADB) publicaron el miércoles un reporte sobre perspectivas económicas de crecimiento para China y la región Asia-Pacífico. El informe expresa que el crecimiento de China se situará en torno al 6,5 % este año, y caerá a 6,3 % en 2017. Un factor condicionante es la desaceleración de las economías de la región, con excepción de India que continúa creciendo a un ritmo aceptable.

Si bien el Gobierno chino estableció en su asamblea anual este mes un objetivo de crecimiento económico alrededor de 6,5 y 7 % este año y una media del 6,5 % en los próximos cinco años, muchos economistas consideran que estas metas solo serían alcanzables con la implementación de cuantiosos estímulos monetarios y fiscales.

La entidad espera que la región asiática crezca un 5,7 % anual en 2016 y en 2017, por detrás del 5,9 % registrado en 2015. La revisión a la baja de las perspectivas de China que continúa “moderando” su crecimiento y la débil recuperación de las principales economías industriales, sostienen estos pronósticos. "La moderación del crecimiento de la República Popular de China y la recuperación irregular en todo el mundo están lastrando el crecimiento general de Asia", señaló Shang-Jin, economista del Banco Asiático de Desarrollo.

Para el ADB, la economía de China continúa bajo los efectos negativos del exceso de capacidad y debe avanzar con sus reformas estructurales. Hace poco menos de un mes desde Pekín oficializaron la implementación de un plan de reestructuración industrial, con el que pretenden disminuir estos efectos. En consecuencia, anunciaron 1,8 millones de despidos en el sector del carbón y el acero (alrededor del 10 % de la producción).

Sin embargo, desde el sector industrial han advertido que es improbable que estas medidas solucionen el problema de exceso de oferta ya que estas industrias producen hasta un 30% más de lo que el mercado necesita en la actualidad.

China e India crecen a ritmos dispares

El reporte del ADB resalta que la India seguirá siendo una de las economías con crecimiento más rápido de la región. La previsión es de una expansión económica del 7,4 % en 2016 y del 7,8% en 2017. En 2015, el crecimiento fue del 7,6%, en gran parte alentado por la fuerte inversión estatal y a pesar de la debilidad de sus exportaciones, remarcaba el informe.

El sudeste asiático también se prepara para una recuperación de su crecimiento que alcanzaría el 4,5% en 2016 y el 4,8% en 2017. En 2015 el crecimiento fue de un 4,4 %. El crecimiento regional será liderado por Indonesia, que está invirtiendo más en infraestructuras y revisando sus políticas para incentivar la inversión privada, según la entidad.
En relación a la inflación, desde el Banco Asiático de Desarrollo proyectan que se mantendrá baja, debido principalmente al bajo precio de los commodities, alcanzando en 2016 un 2,5 %, una suba leve de 0,3 % con respecto a 2015. Para 2017 se espera una suba a 2,7 %, acompañada por la una recuperación de los precios de las commodities.

Con respecto a China, la segunda economía del mundo, el ABD dijo que la brusca desaceleración de la inversión en China, en particular en el sector inmobiliario y otras industrias que requieren capital intensivo, seguirá afectando la economía, pero esperan que el aumento del consumo continúe siendo sólido. La preocupación por la transición que atraviesa la economía en China, buscando afianzar su mercado interno principalmente, crece a nivel mundial.

Este martes en el diario Finantial Times, un artículo de Martín Wolf hacia eje sobre los “retos” que le genera a la economía mundial el futuro de China. En el mismo Wolf señala que el país (China) tiene una importancia sistémica y sufre de un alto y creciente endeudamiento de las empresas. Como consecuencia se podría frenar repentinamente la inversión, generar una depreciación y aumentar la desaceleración de la economía. Otro interesante planteo que introduce Wolf, relacionado al “largo plazo”, tiene que ver con el modo de integrar a China al sistema financiero mundial. El problema a resolver es cómo evitar que este proceso devenga en una crisis, y al ser China un país de importancia sistémica, cómo disminuir el impacto global de la misma. Wolf recuerda al lector que “la última vez que emergió una potencia económica mundial, el mundo sufrió la Gran Depresión”.

Desde La Izquierda Diario, en el artículo de Paula Bach “Recesión global: ¿segunda temporada?” se desarrolla una interesante cobertura sobre este debate abierto, contemplando los problemas estructurales de la transición de China y las dificultades de la recuperación de Estados Unidos, en un contexto de débil crecimiento global.







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