Cultura

FESTIVAL ARGENTINO DE ARTES ESCÉNICAS

El Argentino necesario (II)

El teatro como puro vínculo humano. La incomodidad apasionada versus la comercialización de lo pueril. Más reflexiones sobre una fiesta necesaria.

Lunes 21 de noviembre | 10:03

Me siento en la obligación de iniciar esta nota con un pequeño “recap” (es el problema de las segundas partes). El 5 de noviembre Sebastián, el caradura simpático, escribió en mi muro “Se viene la nota para LID por NC... andan diciendo...” Aludía al Argentino de Artes Escénicas, que estaba a punto de empezar en Santa Fe. Y, para mi sorpresa, la nota se vino nomás. Fue la parte I de esta parte II. Un caradura profético, digamos. Así que ahora se va la segunda, canejo.

El Argentino empezó, transcurrió y terminó. Fue del 5 al 12. Una semana. 17 espectáculos. Tres actividades especiales. No sé cuántos espectadores, no pregunté (ni pienso preguntar). Esos parámetros son casi siempre citados en los balances. En general cada vez que se hace un evento escénico de esta naturaleza después se lee un balance en la prensa. O varios, depende la cantidad de críticos “cubriendo”, y del espacio que estos periodistas arrancan a sus respectivos medios.

Ajá, dije arrancan. No me cuesta mucho imaginar que, así como en los organismos gubernamentales (locales, provinciales, nacionales) la cultura siempre es la hermana pobre, el patito feo, el último orejón del tarro, en las páginas impresas o electrónicas de los medios (digámosles) “tradicionales”, el periodismo cultural no juega con ninguna ventaja y le pasa exactamente lo mismo. Pobre, feo, último. Orejón. Siempre y cuando no sea cool, obvio. Siempre y cuando no sea glamour o frivolidad o vidriera o masas, el uso por antonomasia de lo que orilla exclusivamente comercio y entretenimiento.

La combinación es buenísima, la tienen clara. Nos abollan para consumir a diestra y siniestra, nos cansan hasta reventarnos y después nos entrenan para que corramos a despejarnos con entretenimiento vacío, pueril. Y si, tenemos la cabeza quemada, ¿qué vamos a hacer? Ojo que soy pochoclera y me la banco, tampoco hace falta ponerse en pose o vivir con orgullo críptico. Ya pasé la etapa en que me vestía solamente de negro. No. No se trata de eso. Lo que yo siento que necesitamos es diversidad. Mucha. Muchísima. Y lo que no es masivo, lo que no suma, lo que no genera divisas a montones, lo que no encaja con la “industria” cultural, eso, ooooohhhhhh si, eso es lo que más más necesitamos. (Puse “más más” dos veces). Porque parece inútil. Porque lo es y lo hacemos igual. Y porque entonces se trata de un acto de amor.

Nos abollan para consumir a diestra y siniestra, nos cansan hasta reventarnos y después nos entrenan para que corramos a despejarnos con entretenimiento vacío, pueril.

Bueno si, estoy hablando del teatro. El último orejón del tarro adentro del tarro. Último mal.

Me gusta mucho observar y reflexionar hasta donde puedo (con bastante poco método) sobre los contextos de producción de las manifestaciones artísticas. Lo digo lo más lindo que me sale, pero no es sarasa esto, no es un blablacadémico. Es adonde apunto (casi diría que) de manera instintiva. Si critico tanto la práctica institucionalizada de la crítica es por eso. Pero también observo el contexto en el que se produce. Y los tipos, la verdad, están tan locos como los teatristas. Achicados cada vez más en sus caracteres, disminuidos, tratando de dar cuenta, de sostener un espacio que está en peligro de extinción. Una pelea que no resignan. Y que no recibe reconocimiento más que de los propios pocos pares. Bastante ingrato todo. Muy.

Entonces acá me entran ganas de develar la razón por la que usé la palabra “necesario” en el título de esta nota doble. Ligada a ese rasgo de estilo que tuve en la anterior, en la que mi crónica sumó uno tras otro los nombres propios de la gente con la que generaba, compartía, intercambiaba opiniones, sensaciones, emociones, campo. Es que el teatro es puro vínculo. VÍNCULO. Está hecho exclusivamente de ese material. Humano.

Si tirás una piedra en un lago se generan ondan concéntricas en el agua ¿verdad? Cuando hacés una obra de teatro pasa lo mismo. Si vamos a usar la metáfora podemos concluir que eso pasa con muchas cosas, claro, pero la piedra/teatro se hunde para siempre, indefectiblemente, en el tiempo. Otras artes dejan sus piedras a la deriva, o prolijamente rotuladas, o colgadas de una pared. La nuestra tuvo peso, juro que alguna vez lo tuvo, pero apenas ve la luz se desvanece, aún más que las ondas que generó.

Es que el teatro es puro vínculo. VÍNCULO. Está hecho exclusivamente de ese material. Humano.

Entonces yo tengo unos problemas bárbaros para cubrir/descubrir este festival que ni siquiera usa dicha palabra para nombrarse a sí mismo, que se larga así no más en seco desde el lugar de lo “argentino”. En muchos medios, aquí mismo, se le antepuso la palabra “festival” porque la idea de muchas obras juntas es una idea de fiesta. En la primera nota hice bastante hincapié en que, dada la forma en que el Argentino se desarrolla, no se trata de una fiesta a la que estemos todos invitados. Pero también es cierto que esa es una característica que tiene prácticamente todo lo que se desarrolla bajo este sistema.

Me consta el esfuerzo enorme que hace un pequeño equipo de gestión para construir este espacio. Es una apuesta continuada de cultura de la Universidad Nacional del Litoral hace montones de años y lo lleva adelante gente que no puede estar demasiado bien de la cabeza. Gente tan apasionada como los actores. Y como los críticos. Lo que quiero decir es que todos los que estamos de una forma u otra conectados con el Argentino (como imaginarán gran parte del público es teatrero de raza) producimos lo que hacemos desde un lugar incómodo y difícil. Con miles de aristas diferentes. Y motivaciones muy disímiles. Pero movidos por la pasión.

Por eso es necesario. Este Argentino del que hablo. La frase se la robé a Roberto antes de saber que iba a escribir para La Izquierda Diario. Lo posteó en un comentario en Facebook y se lo remarqué, le dije: es un título buenísimo. Después apareció Seba y ya saben. Entonces le pedí a Roberto permiso para usar el título incipiente, sin entender todavía qué iba a decir exactamente con estas palabras. Y me voy enterando ahora a medida que se los cuento, me parece.

... todos los que estamos de una forma u otra conectados con el Argentino producimos lo que hacemos desde un lugar incómodo y difícil. Con miles de aristas diferentes. Y motivaciones muy disímiles. Pero movidos por la pasión. Por eso es necesario. Este Argentino del que hablo.

El Argentino construye territorio. Pone en funcionamiento recursos y energía de montones de personas de todo el país. Visibiliza esfuerzos y estéticas. Nos trae a casa cosas que ni por las tapas podríamos imaginar ver todas juntas. Y las trae con un criterio que desconocemos. Son argentinas, hasta ahí la declaración de principios. No sabemos cómo se programan, cuál es el criterio de selección de los espectáculos. Estoy pensando que si volviera a cubrir/descubrir este evento haría una nota bastante antes de su apertura. Les preguntaría a Claudia y a Jorge qué viene, pero sobre todo les preguntaría por qué. Y eso seguramente me abriría un montón de preguntas nuevas. Porque este Argentino que no se llama festival es también una obra de obras. Un recorte.

Se me ocurre que esa panorámica podría ser de gran ayuda para decidir qué espectáculos ver. Después está la agenda de cada potencial espectador, si, porque la fiesta se desarrolla durante una semana completa y no es fácil seguirle el ritmo, ni siquiera contando con el dinero para pagar las entradas. Ni siquiera no teniendo otras obligaciones y dedicándose de lleno a disfrutar del evento. Porque es una maratón, y las condiciones de recepción entonces son muy particulares. Es muy complicado ver tanto en tan poco tiempo. Y a la vez es una oportunidad. Es como cuando uno viaja a un país extraño y quiere conocer todo. Acá nos traen un país extraño, argentino, a nuestras salas. No cubrir el Argentino puede ser también una búsqueda, una opción por la mirada del viajero frente a la mirada del turista.

Yo estuve en las tres actividades especiales y vi seis espectáculos. De la muestra en homenaje a Vero les conté en la nota anterior. El miércoles 9 se presentó el libro “Antología del teatro santafesino actual” de Ediciones UNL y el jueves 10 hubo un panel sobre “Crítica, medios tradicionales y nuevos soportes”. Podría hacer una nota sobre cada una de las actividades, porque no puedo escribir un par de frases. La verdad, no me sale. Y si me especializo tanto en un aspecto lo estaría haciendo en detrimento de otros. ¿Debería escribir también una nota sobre cada obra? ¿No es demasiado?

Esta es mi piedra. Esto que escribo lo lanzo al mar de la red porque La Izquierda Diario me abre sus puertas, y me permite generar ondas, y reflexionar, y contagiar, o comunicar, o polemizar, o irritar, o encantar. O nada de eso. O muchas cosas más. Como todo, si. Digo. Esto no es “el Argentino”. Es apenas una mirada sesgada, una mirada apasionada y detenida. Y es mi texto, claro. Una piedra que genera ondas tan efímeras como las teatrales, pero cuya huella tiene otra esperanza de durabilidad. Acá se puede volver y volver a leer, quién sabe durante cuánto tiempo. Y por esa razón acá se puede tener la falsa idea de que se dice lo que el Argentino “es”. Mientras que del evento sólo nos queda nuestra personal experiencia. Y lo que podemos ofrecer, con toda humildad, es lo que en nosotros resuena de ella.

Mi esfuerzo está puesto en que nuestro territorio, el teatral, el escénico, se construya sin jerarquías. Sin mejores ni peores. Sin palabras con autoridad o sin ella. Porque este teatro, esta escena, se produce de una manera, se arranca de una manera a la máquina del capital que el sólo hecho de que exista es razón suficiente para pararse y aplaudir de pie. Por eso siempre sentí que el teatro funciona como una especie de laboratorio social, que esta ficción enamorada de sí misma es capaz de darnos pautas sobre lo humano como casi ninguna otra cosa. Porque es espejo. Reflejo. Por eso detesto tanto cuando intenta tomar como suyas las pautas del mercado o cae en el estereotipo del ego.

Mi esfuerzo está puesto en que nuestro territorio, el teatral, el escénico, se construya sin jerarquías. Sin mejores ni peores. Sin palabras con autoridad o sin ella. Porque este teatro, esta escena, se produce de una manera, se arranca de una manera a la máquina del capital que el sólo hecho de que exista es razón suficiente para pararse y aplaudir de pie

Yo me llevo sensaciones y metáforas. A mi este Argentino me dijo que para amar es vital no perderse, que la ternura de la ingenuidad sigue viva, que estamos pasadísimos de rosca y más, que los muertos y los vivos a veces cambian de lugar, que nacer lleva toda la vida y que estamos en bolas y a los gritos. Así de fuerte. Y todo esto me lo dijo un montón de gente poniendo el cuerpo. Eso me llena de agradecimiento.

Quién sabe qué otro anzuelo tirará el caradura simpático de Sebastián ahora que termino las notas del Argentino. Se las va a ingeniar, seguro, ya lo veo venir. Pero yo voy a estar mucho más preparada, no me va a agarrar desprevenida. Ya sé que disfruté enormemente al sentarme a pensar “en manos altas” para compartirlo con ustedes. Y que me llena de orgullo que este espacio exista, me infla el pecho. Porque en estas páginas virtuales se construye territorio, se abren puertas, se respetan las miradas. Algo completamente necesario. Como el Argentino.


*Norma Elisa Cabrera es escritora y docente. Licenciada en Teatro (FHUC-UNL) y posgraduada en Artes Mediales (FFyH-UNC). Es co-fundadora de Andamio Contiguo, colectivo artístico que desarrolla sus actividades desde 1992, donde ha participado como dramaturga, actriz, diseñadora multimedia y/o directora escénica en numerosos montajes.




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