Cultura

FESTIVAL ARGENTINO DE ARTES ESCÉNICAS

El Argentino necesario (I)

¿Qué significa "cubrir" un festival para un diario de izquierda? ¿Se puede hacer crítica sin el privilegio de estar acreditado? ¿Qué debiéramos contarle a quienes ni siquiera pueden pagar la entrada?

Jueves 10 de noviembre | Edición del día

El 5 de noviembre Sebastián postea en mi muro una nota del diario La Capital, de la ciudad de Rosario, cuyo título es “El Festival Argentino de Teatro debuta en Santa Fe”. Pienso: ese título está lleno de errores. ¿Puede un festival “debutar”? Supongamos que sí, que es un problema mío, pero ¿puede aplicarse la palabra a un evento que inicia su edición número trece? No creo. Hay otra equivocación enorme: “Festival Argentino de Teatro” NO ES LO MISMO que “Argentino de Artes Escénicas”. No es un detalle menor. De hecho hasta hace poco tuvimos en la ciudad, siempre organizados por la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral, dos eventos que terminaron fusionándose: el “Argentino de Teatro” y el “Argentino de Danza”. Ahora, y en buena hora, las artes escénicas son las protagonistas. ¡Y la palabra “festival” ni siquiera aparece! Acá le decimos “el Argentino”, así, a secas. Se equivoca tanto La Capital que encima informa que Rosario estará representada por “Carne de juguete” de Gustavo Guirado. Si, por supuesto. Pero también por “Ida/Acherontia”, la obra de danza contemporánea que dirigen Ana Varela y Soledad Verdún.

“Qué puntería para elegir nota”, pienso. Hace poco que conocí a Sebastián. Acompaña su posteo con esta frase matadora: “Se viene la nota para LID por NC... andan diciendo...” Y me río, y le comento una pavada, pero me quedo pensando. El tipo es un caradura simpático, y no hace más que avanzar sobre algo que habíamos charlado rápidamente: la posibilidad de que escriba para La Izquierda Diario, aunque no sabía sobre qué. Diez días después tira el anzuelo y duplica la puntería, porque me engancho. “Soy un pescado”, pienso. Son las 13:30 y en un rato se inaugura. ¿En serio Norma? ¿Estás segura? ¿Vas a “cubrir” el Argentino?

En realidad no era tan pavo mi comentario. Porque lo primero que se me ocurrió decir fue “¡no encuentro el pase de prensa!”. El Argentino dura una semana. En esta ocasión están programadas 17 obras. Solamente una es con entrada libre y gratuita. La entrada sale $ 60. No hay abonos. Ver el Argentino completo, solamente pensando en el costo de las entradas, te sale $ 960. Todos los días hay un par de obras programadas, la última aproximadamente a las 22:00, con una duración mínima de 45 minutos. Yo vivo en Santo Tomé, una ciudad vecina, y aunque hay coles a esa hora prefiero llegar en taxi. Tendría que agregar alrededor de $ 900 más. Y tomarme un café de vez en cuando, entre función y función. Dos lucas por las patas. Uff… No, no lo cubro. ¡Si! Pido un pase y lo cubro, seguro me lo dan. ¿Pero voy a gastar 1000 mangos en taxi? No, cubro lo que ya pensaba ver y pido el pase para el año que viene y que alguien me lleve en auto a casa. No, mejor… ¿De qué estoy hablando? ¿Qué es lo que realmente quiero hacer? ¿Quiero reproducir la condición artificial de recepción que tiene la crítica? Perdón, digo artificial porque la comparo con la de cualquier ciudadano de a pie que es el verdadero protagonista de la ocasión como solemos leer en todas partes. ¿Cuál es el “público” de Santa Fe que ve el Argentino que ve la crítica? Ninguno.

Ver el Argentino completo, solamente pensando en el costo de las entradas, te sale $ 960. (...) ¿Cuál es el ’público’ de Santa Fe que ve el Argentino que ve la crítica? Ninguno.

Silvia y yo charlamos largamente sobre esto mientras nos preparamos para ir a la inauguración. Es la primera vez que el Argentino se abre así, con discurso y todo. Yiyo (el Secretario de Cultura de la UNL) lo dijo personalmente, después de que escuchamos las palabras de “El Rector”. Dijo que la gente va a ver las obras, no a escucharlos a ellos. Tiene razón. Y después dijo que “El Rector” es una persona común y corriente, un arquitecto al que le gusta la cultura, y que se llama Miguel. Fueron agradables y breves, hablaron solamente porque esta vez se abrió con una muestra, y con esa muestra abrió el Argentino. La curaron Mili y Roberto, el montaje lo hizo Carlitos. Una muestra sobre Verónica. “Ella, la Bucci”.

Todo el teatro de Santa Fe sabe quién fue Verónica. Todo. Se murió de golpe, hace poco más de un año, a los cuarenta. Una mierda que no podemos ni queremos superar. Este homenaje nació del corazón generoso de Roberto (nuestro villano favorito, el crítico santafesino). Vero era una persona extraordinaria, muy querida, y se siente muy trágico que no esté físicamente entre nosotros. Trabajó mucho en la UNL así que tanto el ámbito como el momento eran ideales para pincelar su recuerdo en objetos personales, vestuarios nacidos de su diseño y fotos. Fotos de ella, las pocas que se pudieron conseguir porque era una tímida empedernida de bajo perfil. Algunos tuvimos el privilegio de escribir algo para acompañar su imagen. Mis palabras fueron: “No nos alcanza un solo lugar para extrañarla. En un friso brillante, en un mosaico repetido sigue estando ella, multiplicada. Los días son tan preciosos y la arrebataron, antes a otros, después a los que vendremos. Mientras tanto recordarla para hacernos fuertes, en el lenguaje, en el amor, la lluvia, el miedo. Una deriva compartida que es agradecimiento, despedida y encuentro.”

El Argentino se inauguró por primera vez en trece años por ella.

Había un pequeño refrigerio y quedamos todos un poco raros viendo la muestra y saludándonos. Se me acercó Miguel, crítico teatral de Rosario que hace años conozco y que viene siempre al Argentino, como Julio. Lo primero que me dice Miguel es que no sabe qué decirme, que no sabe qué decirnos porque nos ve tan tristes. Lo entiendo y me conmueve. Pero yo sí sé qué decirle, enseguida le pregunto cómo va todo. Porque Miguel escribe para El Ciudadano, que está bajo control obrero desde el 29 de octubre. No es fácil, me dice. La empresa “cesó la operatoria” y los trabajadores decidieron que el medio continúe. Están haciendo todo: la limpieza, la administración (se fue bastante gente de recursos humanos), las guardias (todas las noches queda un compañero durmiendo en el lugar por precaución). Y las notas, por supuesto. Miguel trabaja hace 18 años en el diario. Llevó a votación de la cooperativa su participación en el Argentino. Era algo que estaba pautado de antemano (hace mil años que estaba pautado, Miguel viene siempre). Y sus compañeros dijeron que sí, cómo no iba a venir.

Pienso en el crítico como laburante. Pienso en Roberto, nuestro principal mentor, que ya se jubiló y sigue abriendo espacios y rompiéndole la paciencia a todo el mundo para que florezca el teatro en la ciudad. Y en Julio, siempre tan cálido con su pluma en el suplemento Rosario/12. También pienso en los actores y los bailarines como laburantes fuera de la maquinaria y tratando de entrar en la maquinaria. Digo. Es desparejo. La relación es despareja y lo fue siempre. Vivir de la danza o del teatro fuera del circuito comercial no es una quimera pero es un esfuerzo demoledor por estos pagos si nos circunscribimos a la interpretación. De mínima habrá que sumar la actividad docente, y en general pasa a ser la principal (en el más maravilloso de los casos en los que se consigue dar clases). Y es en este orden de cosas que hemos naturalizado que una mirada especializada legitime o no lo que sucede en la escena. La crítica se vive esencialmente así, como un sistema de valoración. Y ejerce poder. Es parte del campo. Pero el campo es dinámico, no tiene por qué ser siempre igual.

La crítica se vive esencialmente así, como un sistema de valoración. Y ejerce poder. Es parte del campo. Pero el campo es dinámico, no tiene por qué ser siempre igual.

Camino bastante mientras pienso estas cosas, nos vamos con Silvia a tomar un café, volvemos para la función que arranca a las 20:00. Es el estreno de la Comedia Universitaria: “Amado y perdido”, de Lucas Ranzani. Ya hay cola. Sigo pensando si “cubro” o “no cubro” el Argentino. Los críticos están adelante, me quedo charlando y, si, ya que estoy me quedo ahí, así puedo entrar primero. Vanina está un poco más atrás, se da cuenta y se queja, pregunta algo así como si estoy con ellos. Me doy vuelta y le digo “si, voy a escribir” y me arrogo el privilegio de entrar antes. En realidad me colé miles de veces porque soy bajita y en general si me siento atrás no veo nada. Pero esta vez, apenas tengo la más remota posibilidad, me sumo ligera a la licencia que se les otorga a los que vienen a hablar de los espectáculos. Danger. Peligro Norma, prestá atención.

Una vez adentro me apuro para llegar a la primera fila. Estamos en la Sala Maggi, un lugar precioso, chiquito, de 6.5 x 21 mts. Una de las dos salas del Foro Cultural Universitario. Con el techo un poco bajo para la parrilla de luces pero con técnicos de primera. Pancho, Ariel y Emiliano son de fierro, un lujazo. Llego contenta a la primera fila y me encuentro con que todas las sillas tienen un cartelito pegado en el respaldo que dice “RESERVADO PRENSA”. Me broto. Quiero estar ahí. Quiero que me dejen estar ahí porque quiero ser prensa. ¡No! ¡No quiero eso! Quiero que la prensa se siente en cualquier parte, siempre quise eso. Pero me quiero sentar en la primera fila. (Como verán, soy un cúmulo de contradicciones). Mientras estuve del otro lado, durante casi 25 años y 21 montajes de eso, siempre opiné que la crítica tiene que sentarse en cualquier parte, porque todos los lugares tienen que tener la misma consideración y respeto al espectador. Si, ya sé, es inevitable. Algunos puntos tienen mejor panorámica. Pues bueno, que sea por azar, como pasa al entrar a la sala con todos los demás. Si no ¿cuándo lograremos que haya más miradas especializadas?

Me fui a la segunda fila bufando. Y apenas se sentaron los críticos me puse a vociferar que eso está mal. Y que yo también iba a escribir. “¿Dónde?”, preguntó inmediatamente Roberto. En La Izquierda Diario. “¿Electrónico?”, prosiguió. Dos millones de lectores mensuales, ojo, repuse. “A-cre-di-ta-te” me dijo Bob. “¿Vas a hacer crítica?” preguntó Carlitos. Yo dije: ehhhh… ¡si! Voy a hacer crítica. “¡Ahora cualquiera hace crítica!” contraatacó. Y si, vos sabés que si. Más allá del chiste con la mejor onda, es así. Cualquiera puede tener el deseo de comunicar. Eso es para mí la crítica. Comunicar y por ende y por etimología también poner en crisis. Pero no desde el puro gusto o el juicio de valor. Yo creo que Roberto, Miguel y Julio también trabajan desde ahí, por eso nos llevamos tan bien. Pero en otros medios. Una nota como la que estoy desarrollando en este momento es completamente impensable en sus diarios. Para mirar las cosas desde otro ángulo necesitamos otro tipo de espacio. Alguna vez pensé que tenía que ser más especializado aún, y tuve una revista electrónica y me mandé algún artículo metacrítico (me encanta la crítica de la crítica). Pero ahora creo que no, que justamente es lo contrario. Cuanto menos especializado mejor. Más abierto. Más poroso. Más oxígeno.

Una nota como la que estoy desarrollando en este momento es completamente impensable en sus diarios. Para mirar las cosas desde otro ángulo necesitamos otro tipo de espacio. Alguna vez pensé que tenía que ser más especializado aún (...). Pero ahora creo que no, que justamente es lo contrario. Cuanto menos especializado mejor.

Pensaba escribir una sola nota, pero me parece que esto, hasta acá, tiene bastante autonomía. ¿No? Además se está haciendo realmente largo. Tengo un montón de cosas para decir todavía. Y espectáculos que ver. Y actividades en las que quiero participar. Nombré a mucha gente porque si, claro, son gente, y tienen nombre, por supuesto, pero lo hice así porque quiero decir específicamente algo sobre eso. Y como ahora me dan ganas de publicar mientras se cocina lo próximo voy a tener que dejar ese tema pendiente (lo mismo que la razón, origen y sentido, o sentidos que pueden derivarse del título). Pero convengamos que hay una cosa que a esta altura me queda clara: yo no cubro el Argentino. Mi intención es descubrirlo.

Continuará :-)


* Norma Elisa Cabrera es escritora y docente. Licenciada en Teatro (FHUC-UNL) y posgraduada en Artes Mediales (FFyH-UNC). Es co-fundadora de Andamio Contiguo, colectivo artístico que desarrolla sus actividades desde 1992, donde ha participado como dramaturga, actriz, diseñadora multimedia y/o directora escénica en numerosos montajes.




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