Política

A 165 AÑOS

El Acuerdo de San Nicolás y los diferentes proyectos de país

¿Cómo fue el acuerdo que impulsaba Urquiza en 1852? ¿Qué rol jugó Buenos Aires en su fracaso? Si políticamente el país se dividía en dos, económicamente existían tres regiones muy desiguales.

Agustín Grubisíc

Estudiante de Historia UBA

Miércoles 31 de mayo | 00:30

“Ni vencedores, ni vencidos” proclama Justo José de Urquiza al ingresar, acompañado de tropas brasileñas y uruguayas, a Buenos Aires luego de triunfar en la Batalla de Caseros. Alimentaba, allí, su esperanza de que la caída de Rosas se convirtiera en el ocaso de los conflictos intestinos y en el punto de partida del desarrollo de un orden constitucional al servicio de la conformación del Estado nacional. Para Juan Bautista Alberdi, la estabilidad política impuesta en la época rosista sienta la condición de posibilidad para la institucionalización del poder político(1).Sin embargo, la sombra del “Restaurador” se ciñe sobre la provincia de Buenos Aires: el bloque dominante (estancieros y comerciantes) ha adquirido conciencia sobre sus intereses y no están dispuestos a renunciar a ellos de un día al otro.

El 31 de mayo de 1852, las catorce provincias del Río de la Plata firman el acuerdo de San Nicolás. En él, se establece a Urquiza como director provisorio y se comprometena enviar delegados al Congreso General Constituyente con el objetivo de redactar la Constitución Nacional. Sin embargo en las revoltosas jornadas de junio la Legislatura porteña rechaza el acuerdo y su gobernador Vicente López y Planes (afín a Urquiza) es obligado a renunciar aunque rápidamente es reimpuesto por el caudillo entrerriano. Buenos Aires no estádispuesta a renunciar a los beneficios de su aduana (problemática que tardaría en resolverse veintiocho años).

El 11 de septiembre de 1852, los porteños dan el golpe definitivo a Vicente López y Planes. De esta forma, quedaban constituidos dos potenciales países distintos: La Confederación Argentina por un lado, y el Estado de Buenos Aires por otro.

Mapa de la Confederación argentina y del Estado de Buenos Aires

Los dos países: su realidad económica

Si políticamente el país se hallaba divido en dos; económicamente podemos analizarlo en al menos 3 regiones. Buenos Aires, el Litoral y el Interior.

El desarrollo de la economía bonaerense se encuentra estrechamente ligada a los mercados externos, especialmente a la demanda del Imperio Británico que precisa materias primas para su desarrollo industrial. De esta forma se irá formando una clase agropecuaria, primero como ganadera, al calor de la exportación de cueros pero envestida de una ductilidad que le permitirá adaptarse a las demandas de los mercados(2). Junto a ella se desarrolla la burguesía comercial porteña. La integración de ambos sectores no se reduce a una mera alianza política sino que inclusive los propios comerciantes invierten en producción pecuaria consolidando una forma mixta de ingresos(3). La fórmula económica en el campo era más que eficiente: no precisaba una gran inversión inicial, requería poca mano de obra (recordemos que la población es escasa y no hay una masa desposeída de medios de subsistencia que precise asalariarse) y gracias a la coyuntura internacional dejaba una alta tasa de ganancias.

El Litoral no manifiesta diferencias sustanciales respecto a la estructura económica bonaerense. En definitiva, su producción era idéntica a la bonaerense pero históricamente subordinada al puerto porteño a la hora de exportar sus productos. Por citar un ejemplo: el poderoso comerciante porteño Jaime Lavallol se encontraba íntimamente ligado con los negocios de Justo José de Urquiza(4).

El interior se halla estructuralmente poco diferenciado de la época colonial. Predominaba la producción artesanal aunque las distintas provincias combinan diferentes grados de desarrollo. Se encuentra en grave desventaja ante la realidad económica del Litoral y Bueno Aires, en especial a la hora de competir internacionalmente. Estos sectores precisan de una política proteccionista que los sectores dominantes de Buenos Aires y el Litoral están poco interesados en desarrollar. A los problemas evidentes que se desarrollan de su economía manufacturera contra los productos industriales se suman las grandes distancias, la escasez de medios de comunicación, el alto costo de los transportes y por ende un relativo aislamiento.

Las desventuras de la Confederación

La Confederación emprende un proyecto modernizador: elimina las aduanas provinciales, crea la Bolsa de Comercio, funda el Departamento de Estadística, desarrolla la libre navegación de los ríos y declara la abolición de la pena de muerte y las confiscaciones por razones políticas. Sin embargo la Confederación se encuentra envuelta en un laberinto. Para continuar su proyecto modernizador necesita financiamiento. A diferencia de Buenos Aires, no es respaldada por los capitales internacionales y no consigue resultados tan fructuosos en su búsqueda de créditos. A esto se le suman las dificultades geográficas y de infraestructura que reportaban el puerto del Paraná y la conexión general del país, lo que lo convertía en un lugar poco atractivo para el comercio a la escala que necesitaba la Confederación(5).

Asimismo la separación de Buenos Aires no significa su aislamiento respecto a las provincias. Por el contrario, aún mantiene un comercio fluido del cual se beneficia no sólo por los frutos del comercio mismo, sino también por la política monetaria. El papel moneda del Banco Provincia de Buenos Aires circula por la Confederación, mientras ésta última encuentra severas dificultades para elaborar una política monetaria eficiente. Se hace claro que mientras la ciudad porteña se enriquece y europeíza, el resto de las provincias se encuentran ante un desarrollo tormentoso. Urquiza se da cuenta que no hay proyecto político posible con Buenos Aires afuera.

Ahora bien ¿Urquiza pudo haber recurrido a una anexión forzosa del territorio bonaerense? La historia depara una doble paradoja. Después de la Batalla de Cepeda (1859), Urquiza consideró transformar, a sangre y cuchillo, la insumisión porteña pero es Francisco Solano López quien lo convence de una salida pacífica(6). El caudillo paraguayo será víctima de su propia política cuando Bartolomé Mitre, junto al Imperio Brasileño, desate la guerra que destruirá el Paraguay.

La segunda paradoja es aún más importante. Para Milcíades Peña(7) Urquiza, líder de la Confederación y máximo exponente del Partido Federal, pertenece a una clase (la ganadera entrerriana) cuyos intereses políticos y económicos son más cercarnos a los de las clases dominantes bonaerenses que a los intereses de las provincias aglutinados en el partido que él representa. Por tal motivo, su polémica actuación en la Batalla de Pavón (la cual abandona teniendo la posibilidad de la victoria en sus manos) no se debe simplemente a un espíritu de conciliación por un sentir nacional. Por el contrario, Urquiza acepta su rol de “segundón” de la burguesía porteña, consciente de que una guerra con Buenos Aires impondrá un clima poco propicio para continuar sus negocios. Sabiendo, además, que la sumisión a Buenos Aires permite un desarrollo beneficioso de sus negocios. Muestra de ello es que se convierte en el hombre más adinerado de la Argentina. De esta forma queda conformada la alianza de un nuevo bloque: la burguesía porteña y los estancieros litoraleños, desde donde se proyectará la unificación del país y la configuración del Estado Nacional. Proceso que no escatimará baños de sangre para realizarse.

Notas:

1. Halperín Donghi Tulio, Una Nación para el desierto argentino. Buenos Aires: Siglo XXI, pág 20.
2. Barsky, O y Djenderedjian, J. Historia del capitalismo agrario pampeano. La expansión ganadera hasta 1895, tomo 1, Buenos Aires: Siglo XXI, pág. 454.
3. Panettieri, J. Argentina, historia de un país periférico 1860-1914, Buenos Aires: CEAL 1986, pág. 48.
4. Pomer, L. La Guerra Del Paraguay, Buenos Aires: CEAL, 1987, pág. 290.
5. Ver Scobie, J. La lucha por la consolidación de la nacionalidad Argentina, Buenos aires: Hachette, 1964.
6. Rosa, J.M.: La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Buenos Aires: Hyspamerica, 1987, pág. 63.






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