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El Acorazado bombardeó Niceto

Jueves 9 de noviembre | Edición del día

Se corre el telón y aparece el gigante. Como si se descubriese una gran obra que todavía no comenzó a suceder. Altertango, la banda mendocina que merece y tendrá una nota aparte, dejó el escenario caliente y al público respirando rápido y cortito. El motivo de esa ansiedad era la presentación en vivo de Labios del río, tercer disco de la banda que lleva el nombre del barco de la revolución.

La voz de Juan Pablo Fernández dijo apenas: “Somos Acorazado Potemkin” y comenzó un set potente con “A lo mejor” y “Cerca del sol”, del anterior disco, Remolino. El sonido es apabullante, aunque por momentos se pierde la nitidez característica del bajo y la guitarra; la voz está por detrás de ellos. El principal motivo se distingue con mayor facilidad entre tema y tema: en el escenario alternativo de Niceto Club hay otro recital; el sistema de aislación de sonidos es muy malo y obliga a poner los instrumentos al borde de la saturación. En cada tema, buena parte de lo que se escucha, es ruido del otro lado. Que se entienda: el lucro, para quienes manejan el lugar, es mucho más importante que la calidad de los shows que se brinden allí. Pero el Acorazado no detuvo su marcha. Los marineros que lo conducen no tienen paz y los cañones rugen con un público que siempre espera más. Y los tipos dan más.

“Cuando un hermano no vuelve hay que salirlo a buscar”

“Y las piedras” es un tema que no está en ningún disco de Acorazado. Lo grabaron para el disco Cuerpo. Canciones a partir de Mariano Ferreyra. Antes de comenzar a tocar, se lo dedicaron a Sergio y Germán Maldonado, hermanos de Santiago, quienes, en su búsqueda, se pusieron a la cabeza de cientos de miles contra la impunidad de las fuerzas represivas y el encubrimiento del Estado. Al finalizar, el público recordó que “a Santiago lo mató Gendarmería”.

Este humilde cronista es activamente nostálgico y sostiene firmemente que de las huellas de la Pequeña Orquesta Reincidentes, la melancolía es la que mejor le va a Acorazado. En “Las cajas” y “Humano” sumaron un piano conducido por Elbi Olalla, de Altertango, que tuvo la enorme virtud de embellecer, aún más, una máquina que anda perfectamente.

El set de covers comenzó con “Dos de nosotros”, de The Beatles, pero arrasó con todo al llegar el momento de “Semilla de piedra”. A la hermosísima canción de Lila Downs le añadieron una potencia que resquebraja los dientes cantándole al lugar de infancia y de muerte elegido por la cantante mexicana. Definitivamente el timonel ahí lo tomó Lulo Esain (quien debe tener la batería más resistente del mundo, ya que es impresionante lo que le pega durante todos los shows).

Christine Brebes aportó el violín para uno de los grandes momentos de Labios del río, como es “Santo Tomé” y también en “Sopa de alambre”. El paisaje es oscuro a orillas del Paraná, las sombras y los tiros al aire de la Prefectura condimentan el embrujo de un amor en guaraní. La violinista también notó bajo su instrumento, dada la interferencia de la banda vecina. Cuando se arregló el tema, su intervención fue más que cualitativa.

“Cuando de visitas nos dicen ´hacé de cuenta que estás en casa´ nunca es nuestra casa”

Al finalizar "Haz de luz", los acorazados se tomaron 2 minutos de descanso. Coincidiendo o no con el fin la música que venía desde el "Lado B" del lugar, el comienzo “Mundo Lego”, que según Matías Roveta es la hermana menor de “La mitad”, marcó otro inicio en el recital, ganando claridad la voz del comandante. Más tarde sonaría justamente "La Mitad", con la presencia de Flopa Lestani, la madrina de la banda según Fernández. Nuevamente conmovió Elbi Olalla, no solo por su intensidad al tocar sino, fundamentalmente, porque transmitió y contagió su propia emoción. Hablando de melancolía, “Reconstrucción”, con la voz de Cardenal Domínguez, era un clásico que no podía faltar

Sin dudas, el momento más importante de la noche vino sobre el final del show. Fue la presencia de Mariano Fernández, hermano de Juan Pablo y cantante de Me darás mil hijos. Entre los dos, con piano y violín incluidos, cantaron la perla que cierra Labios del río: “Hablar de vos”. Allí evocaron a Santi Fernández, hermano de ambos y guitarrista de los Mil hijos, fallecido a principios de año. El abrazo que se dieron atravesó la piel y caló en los huesos.

Para el cierre, el cantante pidió: “todas las mañanas, fíjense bien qué eligen” y arrancó con “El pan del facho”, pieza donde cuenta la historia del facho común, el vecino ese que con sus posiciones alimenta el individualismo, el desinterés y el desprecio por lo distinto sobre el que se montan los discursos dominantes de la época.

El Acorazado pasó por Niceto con un sonido que demolió los sentidos, y letras que tienen una característica cada vez menos habitual en el rock: cada tema cuenta una historia. Confirmaron, sin lugar a duda, ser la mejor aparición de los últimos diez años en la escena del rock local. Y tienen chiche nuevo.








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