Economía

MUJER, EMPLEO E INGRESOS

El 70 % de quienes tienen menores ingresos son mujeres

Los datos de los que el gobierno no habla cuando habla de empleo y pobreza: la creciente precarización laboral que recae en especial sobre las mujeres. Opina Candelaria Botto, de Economía Femini(s)ta.

Lucía Ruiz

@LucuRuiz

Martes 3 de abril | Edición del día

La economía argentina se encuentra funcionando prácticamente al mismo ritmo que desde hace 6 años. Entre el año 2011 y 2017 la actividad creció apenas un 1,1 %, según la serie de Producto Bruto Interno (PBI) publicada por el Indec. De igual forma, el año pasado el nivel de actividad apenas superó el de 2015. Mientras tanto, la población continuó en ascenso y sumó 2,7 millones de personas desde 2011, presionando a su vez sobre el mercado laboral.

La respuesta que tuvo para dar el capitalismo argentino a este virtual estancamiento económico fue el de incrementar los grados de explotación laboral mediante la precarización de las condiciones de trabajo. El nivel de precariedad alcanzado durante el período de gobiernos kirchneristas se acentuó durante el macrismo, empujado por el proceso de ajuste sobre los trabajadores desde su primer día de gestión.

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Lo que pocas veces se menciona es el particular impacto que estos procesos implican en la vida de millones de mujeres. Al tercer trimestre de 2017, el 30 % de la población con menores ingresos está compuesto fundamentalmente por mujeres. Mientras que esa distribución se invierte si se analizan los deciles de población con mayores ingresos, siendo en ese caso los varones mayoría.

Así lo destaca Candelaria Botto de Economía femini(s)ta. "No debe sorprendernos lo que desde la economía feminista llamamos feminización de la pobreza. En nuestro país, el grupo poblacional con menores ingresos se compone casi en un 70% de mujeres", apunta.

Es que la mejora en los indicadores de empleo y de pobreza que presenta el gobierno de Mauricio Macri se desvanecen en el aire si se analizan con un mínimo de profundidad. En primer lugar, porque se contrasta la situación de 2017 con la de un año de recesión económica como 2016. En segundo lugar, porque los motores de la supuesta "mejoría" son en realidad indicadores de mayores penurias: más informalidad laboral, más generación de empleos precarios y con mayor vulnerabilidad.

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"En primer lugar, debemos decir que la caída en la tasa de desocupación se debe en gran medida a un aumento en la cantidad de monotributistas y de empleo no registrado, es decir, un aumento del trabajo precarizado superior a la creación de empleo en relación de dependencia formal", explica Botto.

"A su vez, estas realidades impactan diferenciadamente en mujeres y varones. Lo que se evidencia en la tasa de desocupación e informalidad, donde las mujeres quedamos en una posición de mayor vulnerabilidad teniendo índices más elevados que nuestros pares varones", continúa.

Botto coincide con varios analistas en que la precarización del empleo durante el último año se debe en gran parte a que los dos sectores que más crecieron son precisamente aquellos que presentan una mayor tasa de informalidad: la construcción y el empleo doméstico.

"El análisis por sector suma para comprender estas desigualdades. Desde sus inicios el gobierno oficial ha impulsado la actividad económica a través de la Construcción, sector que continúa evidenciado un alto crecimiento y sector que se compone casi en su totalidad por varones. Si vamos a su paralelo nos encontramos con el sector de empleadas domésticas, casi completamente femenino. Sin embargo, este sector tiene el salario más bajo de la economía en conjunto con altos niveles de precarización. Solo 1 de cada 4 empleadas domésticas está formalizada, y su formalización está reglamentada por fuera del contrato de trabajo", explica la economista.

El gobierno adoptó recientemente un repentino interés por la brecha salarial de género, las licencias por paternidad y dio vía libre al debate sobre el derecho al aborto (aunque pugnando por posponer su votación efectiva lo más posible), lo que a las claras no son más que medidas demagógicas para intentar escapar al creciente malestar social frente a sus medidas de ajuste y luego del recorte a los jubilados.

En relación a esta "agenda feminista" del gobierno, Botto apuntó hacia el problema de las trabajadoras domésticas. "Si existe una voluntad real tanto de pobreza cero como de conducirnos hacia una sociedad igualitaria es evidente que la situación de las empleadas domésticas es un primer gran paso a dar".

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En el camino por la conquista de la igualdad ante la ley y de nueva legislación que ampare a las mujeres trabajadoras, no debe perderse de vista que la lucha para alcanzar la efectiva igualdad ante la vida y romper con las ataduras patriarcales exige enfrentar de conjunto a todo el sistema social capitalista, que se sostiene sobre la base de la explotación de los trabajadores.








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