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Ejército brasileño se reunió con jueces italianos: instrucciones para un plan "mani pulite" en el golpismo

Pretenden profundizar el golpe con especialistas intelectuales de “Lava Jato” y profundizar la intervención militar en Río de Janeiro.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Martes 10 de abril | 10:59

El comandante máximo de las Fuerzas Armadas de Brasil, el General Villas Boas, se reunió con el embajador de Italia y dos reconocidos miembros del poder judicial italiano el mismo día en que el juez Sergio Moro dictaminó la arbitraria detención de Lula.

Luego de actuar de forma directa para fortalecer el golpe y presionar a los jueces (chantajeándolos con una intervención armada), el comandante dio una clara señal internacional de sus próximos pasos.
Estos hechos demuestran que tales sucesos se salen de la normalidad y que existe una turbia legalidad, dado que el ejército brasileño se reunió con funcionarios judiciales de otro país.

Frente a esto, ¿dónde estaba el Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores), el Ministerio de Justicia o algunos de los poderes constitucionales de la República brasileña?

El Ejército ahora tiene rienda suelta (con el apoyo de Temer y el silencio de los medios de comunicación) no sólo para involucrarse en la política, a través de declaraciones, amenazas y chantajes, actuando como árbitro para consolidar sus decenas de candidatos de la alta estirpe, sino que también se permitió dar un giro de calidad al hacer una política externa propia para ganar más know-how en dos aspectos cruciales para sus planes reaccionarios.

En primer lugar, pretende profundizar un plan mani pulite (manos limpias, en español). Es decir, intenta cambiar el régimen político-partidista reemplazando viejos esquemas de corrupción por otros nuevos, dando una nueva imagen al régimen, para que sea más funcional al imperialismo.

En segundo lugar, ansia utilizar la experiencia italiana, que supuestamente combatió a las mafias sicilianas y napolitanas, para intervenir militarmente aún más en Río.

Con estos dos objetivos en escena, el Ejército brasileño se prepara para poner en práctica la máxima italiana, inmortalizada en el Romance II de Gattopardo: “Es necesario que todo cambie, si queremos que todo siga igual”.

¿En qué consistían estos planes italianos y cómo estos se encajan en las tierras brasileñas?

La operación mani pulite desbarató a los más grandes partidos del régimen partidista vigentes desde la Segunda Guerra Mundial, especialmente la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.

De entrada, contribuyó a destruir lo público (como la empresa estatal Ente Nazionale Idrocarburi S.p.A – ENI) y a cambiar la ubicación geopolítica italiana, por medio de una jugada política propia en el Mediterráneo, para convertirse en un actor subordinado en los marcos de la naciente Unión Europea. Un cambio profundo que se pudo dar sin grandes avances de la lucha de clases, gracias al peso del stalinismo italiano en los sindicatos, que supieron cómo contener la lucha ante la demanda de la clase trabajadora - en medio de tamaña crisis - renovando su papel contrarrevolucionario, impidiendo así la victoria revolucionaria de la Segunda Guerra Mundial y su papel en el ascenso de los años `70.

“Manos Limpias” decía que el gran problema italiano era la corrupción estatal y que, si se lograba combatir a esta, empezaría luego un período de prosperidad. Actuando de esta manera, destruyó a partidos políticos y la oligarquía, dejando otros sistemas de corrupción intactos que luego se apoderaron del poder, en especial Berlusconi, mafioso magnate de los medios de comunicación, exponente de una derecha conservadora que permitió el recrudecimiento de la xenofobia y la violencia contra los inmigrantes. Así se garantizó la impunidad y, desde entonces, persiste en Italia una combinación de representatividad y la vieja corrupción con caras nuevas.

Paralelamente, se desarrolló una lucha contra estas mafias, que aún sigue en curso por medio de frecuentes operaciones mediáticas de detenciones y embargos de fortunas, pero, sin embargo, una parte del esquema (las relaciones políticas, empresariales y judiciales) permanece sólidamente intacta.

En Brasil, si se hiciera una copia italiana del plan “Manos Limpias”, esto implicaría avanzar de atacar al Partido dos Trabalhadores (PT) a atacar el Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB) y el Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), y seguir destruyendo lo público, subordinando el país al imperialismo.

No obstante, el peso del PT para conciliar las clases, superior al Partido Socialista (PS) italiano que compartía esta tarea con el Partido Comunista Italiano (PCI), constituye en sí un inmenso “sacudón” en el régimen del `88, sobre todo ahora con la prisión arbitraria de Lula. Y de llevarse a cabo el plan italiano, quizá Mani Pulite se conforme con hacerle daño al PSDB y al PMDB, sin llegar al punto de destruirlos, como pasó en Italia.

En cambio, la lucha contra las mafias y el know-how mediático aparentemente es útil para la intervención militar en Río y para establecer, nacionalmente, buenas relaciones entre estos poderes bonapartistas sin voto, como el poder judicial y las Fuerzas Armadas. La relación con el juez del “Lava Jato” en Río, Marcelo Bretas, sería un modelo a generalizar. Es como mostrar una lucha contra la “casta política”, dejando intacto al gobernador para que este siga ajustando. Y, al mismo tiempo, sirve para hacer propaganda de un “efectivo combate” al narcotráfico y a las milicias, sin destruir lo que no debe ser aniquilado: intendentes, jueces, etc.

Quizá lo sintomático de esta hipótesis “italiana” sea lo que ocurrió al día siguiente en Río: detuvieron a 153 personas vinculadas a la milicia y permitieron que el jefe (que se encontraba en el mismo lugar) se escapara.

¿Quiénes son los magistrados italianos de los que Villas Boas tomó nota para sus planes?

Nicola Rosso era un juez de la época de las investigaciones y audiencias llevadas a cabo en Nápoles, entre 1997 y 2008. Después paso a ser jefe de la “Comisión Científica” de la Escuela Superior de la Magistratura italiana, coordinando especialmente la sección de derecho penal. Actualmente es consultor de la Comisión Parlamentaria Anti-Mafia.

Se sabe que el derecho penal es la miel preferida para los campeones del autoritarismo del poder judicial, lugar donde se generan las teorías de dominio del hecho, el uso de escuchas ilegales, delaciones y otros métodos provenientes de los yanquis, pero también de nuestros curitibanos.

Giovanni Tartaglia Policini es profesor de derecho “anti-mafia” y locuaz defensor de crear nuevas leyes más autoritarias para, supuestamente, combatir el terrorismo. Es actual funcionario del Ministerio Exterior italiano, luego de haber actuado en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE) y en el G-20 en áreas de “combate al crimen internacional”. Ahora es uno de los jefes del programa de “ayuda” PacCto de la Unión Europea, para combatir el crimen organizado en Latinoamérica.

Ambos magistrados no estuvieron involucrados directamente con “Manos Limpias”, pero mantienen diversos vínculos con actores centrales, reproduciendo su escuela autoritaria, y son actores fundamentales, ya que exportan sus métodos e instrucciones.

¿Por qué el Ejército brasileño precisa que aprender de lo que hizo el poder judicial italiano?

Con la crisis política, económica y social de Brasil hay cada vez más poderes que no fueron elegidos por el voto (partidos no oficiales) que hacen que los partidos tradicionales se debatan entre una creciente división interna y la separación de sus representados. De este modo, podemos comprender el creciente papel político del poder judicial y de las propias Fuerzas Armadas. Esto contribuyó para que en el Poder judicial en Brasil se dividieran las aguas por la mitad en el Supremo Tribunal Federal (STF) y en el Ministerio Público Federal (MPF), reproduciéndose internamente las alas del régimen político: “Lava Jato” y “casta política”.

Sin el peso de las Fuerzas Armadas ni siquiera la Red Globo, que está vinculada a una “fracción de Lava Jato” del poder judicial, tuvo la fuerza suficiente para implementar el “golpe dentro del golpe” contra Temer en mayo-junio del 2017.
Al temer que el objetivo principal de continuidad del golpe se pusiera en riesgo si Lula se postulaba, el Ejército decidió convertir a Temer e un protagonista para fortalecer a “Lava jato” y dar continuidad al golpe.

Por ahora, el contexto les es favorable, pero los planes golpistas “a la italiana” del Ejército brasileño tienen por delante dos nuevos obstáculos: por un lado, serán necesarios mayores conflictos, arriesgando repetirse la división en el poder judicial; por otro, cómo quedará la opinión pública, en relación a las Fuerzas Armadas, cuando se dé cuenta que todo no pasa de un “gattopardismo”: “Es necesario que todo cambie, si queremos que todo siga igual”.







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