Géneros y Sexualidades

PRIMERAS DAMAS

Educadas para sonreír… y avasallar a los pueblos

Pocos minutos antes de que Obama felicitara a Macri por lo que hizo en estos primeros cien días de gobierno, las “primeras damas” se reunieron en el Centro Metropolitano de Diseño, donde Michelle LaVaughn Robinson ofreció una conferencia para estudiantes porteñas.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Miércoles 23 de marzo de 2016 | Edición del día

La poco carismática Juliana Awada fue la encargada de presentar a la esposa del presidente norteamericano, leyendo torpemente hasta la última coma de un sencillo discurso. Llamativamente, en un evento para promover la educación de niñas y adolescentes, a la empresaria textil le hicieron decir: “Cuando uno quiere curar enfermos estudia medicina, cuando una quiere hacer una casa estudia arquitectura, ¿no? Pero cuando una elige acompañar a su marido en una tarea de tanta responsabilidad como es ser presidente, eso no se estudia. No se estudia para ser primera dama.” Por suerte, obvió explicar que, en su caso, lo consiguió corriendo en la cinta del mismo gimnasio de Barrio Parque al que concurría el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero fue la invitada norteamericana la que acaparó todas las miradas y consiguió un silencio impensado durante su discurso de marcado tono emprendedor, como los que hacen quienes entrenan vendedores, soldados o arengan en iglesias electrónicas norteamericanas. En el marco del programa de la Casa Blanca Let Girls Learn (Dejen aprender a las niñas), impulsado por ella, Michelle comenzó contando sobre los esfuerzos de su familia para que pudiera estudiar. Y empatizó con las jóvenes: “cuando fui creciendo, me di cuenta que los hombres me chiflaban, me hacían comentarios cuando iba caminando por la calle, como si mi cuerpo fuera propiedad de ellos, como si yo fuera un objeto sobre el cual pudieran hacer comentarios, en vez de ser un ser humano íntegro, con pensamientos y sentimientos propios.” Nadie le advirtió con anticipación que el presidente Macri opina que a todas las mujeres nos gustan los piropos y que él considera un cumplido decir, por ejemplo, “qué lindo culo que tenés”.

Asesores cipayos y extranjeros, pongan más atención en la preparación de los discursos, para la próxima oportunidad.

Michelle, ma belle

La esposa de Barack Obama apuntó: “el Congreso tiene uno de los porcentajes de mujeres más alto del mundo, tuvieron una presidenta, ahora tienen una vicepresidenta… son hitos que en mi país aún no hemos alcanzado”, subrayó. Enseguida pasó a elogiar a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal y a Margarita Barrientos, quien preside la ong Los Piletones, apoyada por el macrismo. Y finalmente, mencionó a la periodista Marcela Ojeda quien diera el puntapié inicial para la movilización contra los femicidios del pasado 3 de junio, bajo la consigna #NiUnaMenos. La carrera política, formar empresas y organizaciones no gubernamentales o ser activistas por los derechos de las mujeres: las tres opciones que eligió resaltar Michelle Obama para avanzar en la equidad de género.

Minutos antes de que su marido anunciara la apertura de archivos norteamericanos sobre la dictadura argentina, Michelle Obama hablaba también de derechos humanos: de que las mujeres cobramos menor salario por el mismo trabajo que los hombres; de que tenemos que soportar ser cosificadas; de que millones de niñas y adolescentes aún no tienen acceso a la educación; de que somos víctimas de violencia.

Se despachó con palabras rimbombantes sobre los derechos de las mujeres en la propia cara de la “primera dama” argentina, la esposa de un presidente que, en sus primeros cien días de gobierno despidió a centenares de trabajadoras y trabajadores estatales, paralizando el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud o el programa Conectar Igualdad del Ministerio de Educación, que redujo presupuestos o eliminó oficinas de atención a víctimas de la violencia. Un presidente que en su gestión aún no ha implementado ni una sola de las medidas que reclamamos centenares de miles en las calles gritando #NiUnaMenos, cuando la violencia femicida no sólo no cesa sino que, por el contrario, en lo que va del año, se ha cobrado una víctima cada 26 horas.

El presidente del país imperialista vino con su familia a la Argentina, por primera vez, a hacer gala de progresismo ante el gobierno derechista de Mauricio Macri. Al lado de Micky Vainilla, cualquier rockero es progresivo.

Derechismo nacional, hipocresía imperialista

Lo que Michelle omitió en su discurso es qué preocupación le merecen las mujeres y las niñas que mueren bajo los bombardeos norteamericanos, o las que no tienen acceso al agua potable, ni a la electricidad, ni a la atención en salud por la expoliación a la que EE.UU. somete a los países pobres del llamado Tercer Mundo. Peor aún, Michelle Obama no pudo explicar por qué, en su país, mientras la tasa de desempleo es del 4,9 %, esa cifra asciende a 16% entre quienes tienen de 16 a 19 años. Como señalan Celeste Murillo y Juan A. Gallardo, “Los egresados en 2015 se convirtieron en los más endeudados de la historia: en promedio cada estudiante deberá más de 35 mil dólares al graduarse (2 mil dólares más que en 2014). El total de la deuda universitaria (1,2 billones de dólares) solo es superada por las deudas hipotecarias y 40 millones de personas tienen deudas por el pago de sus estudios”.

Mientras Michelle apoya las bombas imperialistas en Medio Oriente y norte de África creyendo, quizás, que esto motivará que los extremistas islámicos dejen al fin aprender a las niñas, en EE.UU., 7 millones de personas son incapaces de leer o escribir y son cerca de 30 millones los que tienen dificultades para comprender textos no muy complejos. Un 60% de los presos en las cárceles norteamericanas carece de los conocimientos mínimos para llenar un formulario. ¡Y eso que apenas 90 millas los separan del país que ostenta el 100% de su población alfabetizada y que han visitado recientemente!

Los medios hegemónicos no hacen más que derretirse, acaramelados, ante la ilustre visita. Nos hablarán del glamour de su vestuario, de su simpatía para sacarse selfies con las adolescentes porteñas, de que demostró estar muy bien informada sobre nuestra realidad (?).

En las calles, en las escuelas, en las fábricas, en los más recónditos lugares de Argentina, millones de mujeres no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos con los representantes del poder imperialista que avaló la dictadura que masacró a nuestro pueblo, que expolia nuestras riquezas y recursos naturales, que impone los planes económicos que ejecutan los gobiernos cipayos. Obama, go home. Seguramente no es Michelle la que lava los platos.







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