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Educación verde-oliva: la “solución” de Bullrich para el millón de jóvenes que no estudia ni trabaja

El gobierno presentó una resolución para que la Gendarmería ocupe un rol de educador. Un proyecto de cohesión, dirigido a jóvenes de entre 16 y 20 años, mal llamados Ni-Ni. ¿Cuál es la realidad de las y los jóvenes?

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Sábado 27 de julio | 00:13

En el país hay más de un millón de jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar. Para ellos la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, en medio de la campaña electoral, anunció la creación del Servicio Civil Voluntario en Valores, un programa a cargo de la Gendarmería Nacional. Con este proyecto el gobierno busca encerrar en los cuarteles a los jóvenes pobres, para que los gendarmes le enseñen “valores”.

¿Cuáles son los valores de los asesinos de Santiago Maldonado? ¿Qué puede enseñar, a quienes no tienen trabajo, una de las fuerzas utilizadas por todos los gobiernos para reprimir la conflictividad obrera?

Esta ocurrencia deplorable del gobierno recibió un apoyo crítico de Alberto Fernández, candidato a presidente por el Frente de Todos. En C5N, el compañero de fórmula de Cristina Kirchner, en modo campaña, cuestionó los niveles de pobreza y, sobre la resolución del gobierno, sostuvo "no es la solución, es un paliativo".

¿Puede ser un paliativo encerrar, estigmatizar y criminalizar a los jóvenes que no consiguen un trabajo? Son los niños, niñas, adolescentes y jóvenes uno de los sectores más golpeados por los planes económicos de los últimos años. Las cifras dejan ver la preocupante situación en la que se encuentran a quienes se les exige ser el futuro, pero que a la vez el Estado capitalista y empresarios condenan a la miseria.

Ni-Ni: una forma de ocultar la precariedad laboral y el trabajo doméstico de las más jóvenes

Una de las realidades que oculta los informes sobre los Ni-Ni, es el trabajo doméstico que realizan las y los más más jóvenes.

Ante la crisis económica, cada vez más niñes, adolescentes y jóvenes deben quedarse en sus casas a cargo del cuidado de personas ancianas o hermanos menores.

El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), de los 1.080.682 jóvenes que están catalogados como Ni-Ni, el 67 % son madres adolescentes que cuidan de sus hijos, hermanos pequeños o adultos mayores. Son chicas o madres jóvenes que a temprana edad son responsabilizadas con tareas de cuidado del hogar.

Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), del 55 % de jóvenes que realizan estas tareas domésticas, 52 % son mujeres y el 3% varones.

Lejos de ser Ni-Ni o inactivas, como las muestran las estadísticas, estas mujeres jóvenes realizan un trabajo fundamental para la reproducción de la sociedad. Según una estimación realizada por La Izquierda Diario, en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares del primer trimestre del 2018, al menos el 55,2 % de las jefas de hogar ocupadas (asalariadas, trabajadoras familiares y por cuenta propia sin patrones) sufren condiciones de precariedad extrema, en tanto que en el caso de los varones esta proporción es del 41,7%. Bajo estas condiciones laborales precarias de las madres y padres, el cuidado de los más vulnerables del núcleo familiar, recae en los adolescentes.

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Pobreza, desocupación y precarización laboral para la juventud sostenidas por todos los gobiernos

En la última feria de Empleo Joven, más de 130.000 jóvenes asistieron en busca de trabajo. Mientras que 1 de cada 5 personas de entre 14 y 29 años, está buscando activamente trabajo y no lo consigue. Es el doble que el promedio para toda la población, que está en 10,1 %. Estos son datos relevantes, y demuestran la importancia que tiene para los jóvenes poder emplearse.

Los pocos trabajos que pueden encontrar son en condiciones precarias y con salarios que no llegan a cubrir ni la mitad de la canasta básica. En 2013, un informe publicado por el Ministerio de Educación ya alertaba sobre la alta precariedad laboral entre los más jóvenes y sostenía que se mantenía la misma tendencia que en los años 90, cuando tres de cada cinco jóvenes trabajaban en empleos informales y ganaban un 56 % menos que los adultos.

A estos datos hay que considerar que en Argentina son 5,5 millones de niños, niñas y adolescentes que se encuentran bajo la línea de pobreza, que equivalen al 42 % del total. Entre los menores de 18 años, la pobreza alcanza al 48 % y son 6,5 millones las niñas y los niños con problemas de educación, hábitat, salud y vivienda, entre otras necesidades básicas.

Según un informe de la UCA, en el último año la pobreza infantil pasó del 48,1 % al 51,7 %. En tanto, se calcula que 10,2 % son indigentes. El documento señaló que el riesgo alimentario en la infancia subió en el último período interanual, 2017-2018, en un 35 %.

La pobreza juvenil se profundizó durante el macrismo, pero eso no es exclusivo del gobierno de los CEO. Entre 2010 y 2015 nunca fue inferior al 40 %, según la misma medición.

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La juventud no se resigna

Es sobre esa población que el gobierno busca nuevas maneras de ejercer el control social, porque las consideran "proclives a delinquir", pero es sobre todo porque no quieren que sean la chispa que den vuelta todo. A esto le temen, y por más que todas las corrientes del peronismo y Cambiemos militen la resignación, la juventud no se resigna. Por eso endurecen el aparato represivo del Estado, porque saben que más temprano que tarde la bronca se transformara en movilización y organización.

Cuando los jóvenes se movilizan es contra la represión y la impunidad como los hacen frente a los casos de gatillo fácil, o para reclamar el derecho al aborto. Estos jóvenes no necesitan que los gendarmes, ni ninguna fuerza criminal, los eduque. Lo que necesitan es presupuesto para educación, becas para poder estudiar; instituciones de educación inicial, media y secundaria, así como escuelas de oficios, clubes deportivos y centros artísticos y culturales.

Necesitan, también, trabajos genuinos, no los trabajos de plataforma como Rappi o Glovo, sin derechos a vacaciones, aguinaldo, obra social, indemnización.

Además, para que los más jóvenes no dejen de estudiar, tanto el Estado, como en los lugares de trabajo, tienen que construir jardines materno-parentales, abiertos las 24 horas para garantizar que esas jóvenes mujeres y adolescentes, puedan disponer de horas para destinar al mercado de trabajo, al estudio o la recreación.

También se requiere implementar centros de atención para el cuidado de ancianos; centros de salud y espacios recreativos de acceso libre y gratuito en todos los barrios. Servicios sociales de bajo costo y buena calidad como lavanderías, restaurantes, casas de comida para llevar, que puedan funcionar en los establecimientos de trabajo y barrios, subsidiados por las patronales y el Estado.

Además de esto avanzar en la efectiva implementación de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) y garantizar el pleno acceso a métodos anticonceptivos.

Las medidas del gobierno no busca resolver los problemas de los jóvenes más vulnerados, sino captar el voto de determinados sectores de las clases medias y altas que piden mayor mano dura.

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