EL GORRIÓN DE PARÍS

Edith Piaf, la que siempre siguió cantando

Mujer, pobre, huérfana y madre adolescente. Una de las cantantes más reconocidas del siglo XX. A 101 años de su nacimiento, le rendimos este humilde homenaje a quien aún hoy cautiva con su voz.

Lunes 19 de diciembre de 2016 | 15:17


Edith Piaf - La vie en rose (Officiel) [Live Version] - YouTube

"Môme Piaf" (pequeño gorrión) fue el apodo que casi se le tornó nombre y le dio identidad a la artista. La edad en la que comenzó su carrera y su pequeña contextura física le dieron origen, también la fuerza de su voz, desplegada al viento como un ave. Su nombre verdadero fue Edith Giovanna Gassion.

Nació en París un día como hoy de 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Su madre, separada y muy pobre, dio a luz a Edith con la ayuda de un gendarme, en plena calle en París. Postales típicas de una guerra que dejó como resultado 10 millones de muertos, 8 millones de desaparecidos y 21 millones de heridos.

Su infancia no fue fácil. Sus padres se separaron muy pronto; su madre, que tenía problemas con el alcohol y estaba enferma, dejó la custodia de Edith a una abuela paterna. Producto de la precaria situación económica de la familia, la joven Edith se ganaba unas monedas cantando en calles y cafés de París.

Así pasó su niñez, hasta que quedó embarazada a los 16 años. Su hija nació en 1932 y la llamó Marcelle, pero murió a los dos años de meningitis. La vida de la cantante quedó marcada por esta tragedia.

Siguió cantando en cafés y clubes de la calle Pigalle, entre los barrios más pobres de París en la época. Hasta que, en el año 1935, se topó con ella un propietario de cabaret que la bautizó con el nombre que se la conoce por su pequeña contextura y la fuerza de su voz. Así, a sus 20 años, comenzó su carrera de cantante, que la llevaría a los principales escenarios de la época, tanto en Francia como en el resto de Europa y el mundo.

La vie en rose

A pesar de haber tenido una vida atravesada por dolores, enfermedades y adicciones, ella canta en su canción más famosa “Je vois la vie en rose” (“yo veo la vida en rosa”). Y así, ella siempre siguió cantando.

Conquistaba con su voz y así se fue apoderando del cariño de los franceses y la admiración del mundo entero; de aquella niña que cantaba en las calles de París por unas monedas, pasó a ser la más grande de su tiempo.

En 1936 grabó su primer disco. Siempre cantó en los principales teatros del mundo y fue sumamente querida por los artistas de su época. Actuó en películas, comedias y operetas. Realizó giras por Europa, Sudamérica y Estados Unidos. Su propia vida se inmortalizó en la película "La vida en rosa" del director Olivier Dahan, aparecida en 2007.

Renovó la canción realista, humanizó la interpretación lírica y llegó a lo más profundo del pueblo de París, transmitiendo emociones inigualables. Sobrevivió al París ocupado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, con canciones que ella entonaba como un guiño a la resistencia. También fue musa inspiradora de los intelectuales existencialistas de la década del 50.

Tuvo relaciones amorosas con grandes celebridades como Charles Aznavour, Yves Montand y Jaques Pills, con quien se casó por primera vez.

Sus biógrafos cuentan que su gran amor fue el boxeador Marcel Cerdan, con quien vivió una apasionada relación durante dos años, pero él finalmente muere en un accidente de avión que destruye a la cantante. Ella quedó sumida en una gran depresión y recurrió al alcohol y a los calmantes para poder seguir cantando.

Su salud siempre fue muy frágil; sufrió muchas operaciones, problemas respiratorios, infecciones y ataques psiquiátricos. Pero siempre siguió cantando.
En 1962, se casó con un joven de 27 años. Ella falleció en octubre de 1963.

Como no podía ser de otra manera, sus últimas palabras mientras su vida se esfumaba fueron “quiero volver a cantar”.

Su cuerpo fue trasladado en secreto a la ciudad de París, donde al día siguiente se anunció que había muerto, siguiendo los deseos de Piaf. Con más de medio millón de admiradores convocados para despedirla, su cuerpo atravesó la capital francesa hasta llegar al cementerio de Père Lachaise, donde hoy reposan sus restos.

A 101 años de su nacimiento, Edith Piaf, el pequeño gorrión, tal como canta en una de sus melodías más famosas, parece aún hoy no arrepentirse de nada. “Non, rien de rien; Non, je ne regrette rien” (No, nada de nada; No, no me arrepiento de nada”)

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