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EE. UU.: “Marcha por nuestras vidas”, el movimiento contra la violencia en las escuelas y sus perspectivas

Las principales capitales de Estados Unidos fueron inundadas por cientos de miles, en su mayoría jóvenes, que se manifestaron contra la violencia armada en las escuelas.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Domingo 25 de marzo | 13:06

Las principales capitales de Estados Unidos fueron inundadas por cientos de miles, en su mayoría jóvenes, que se manifestaron contra la violencia armada en las escuelas. El movimiento está en una encrucijada, fortalecer al Estado policial o abrazar una perspectiva independiente.

El sábado 24, un millón de personas, mayoritariamente estudiantes, salieron a las calles de 800 localidades de EE.UU. y se manifestaron contra los tiroteos en las escuelas, en la que parece ser una de las manifestaciones populares más masivas en lo que va de la administración de Donald Trump.

Varios supervivientes del último tiroteo masivo en una escuela de Parkland (Florida) organizaron este sábado la "Marcha por nuestras vidas", que reunió a más de medio millón de personas en la capital del país y más de 100.000 personas en Nueva York.

Los manifestantes portaban pancartas exigiendo el final de la violencia o mayores controles para evitar matanzas como la que hubo en Florida el pasado 14 de febrero.

Ese día, Nikolas Cruz, de 19 años, mató a tiros a 14 estudiantes y tres profesores de la escuela Marjory Stoneman Douglas, una matanza que ha desatado una intensa movilización en Estados Unidos para exigir mayores controles en el uso y venta de armas.

A Nueva York llegaron dos estudiantes de esa escuela, Sam Hendler y Meghan Bonner, que afirmaron:"Los adultos nos fallaron, y ahora hay 17 personas muertas", y luego leyeron los nombres de todas las víctimas y pidieron un momento de silencio en su honor.

Además del alcalde de Nueva York participó también el gobernador del estado, Andrew Cuomo, que dijo que el Gobierno federal debe hacer una "reforma de sentido común" y aseguró que las autoridades no deben temer al fuerte cabildeo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), sino que "debe tener más miedo del pueblo estadounidense".

Entre los participantes de la marcha de Nueva York se encontraba Paul McCartney, quien recordó que cerca del lugar donde se encontraba murió uno de sus "mejores amigos", aludiendo a John Lennon, asesinado a tiros el 8 de diciembre de 1980 por Mark David Chapman.

La manifestación de Nueva York forma parte de numerosas protestas convocadas este sábado en muchas ciudades del país, aunque la mayor se celebró en Washington, con la participación de cerca de medio millón de personas.

Detrás de las movilizaciones, está el sentimiento de miles de jóvenes hartos de la violencia en las escuelas y las tragedias. Hartos también de que el establishment político gobierne para la NRA (Asociación Nacional del Rifle), los grupos supremacistas blancos y paramilitares que aterrorizan a las comunidades negras y latinas con su violencia racista.

El reciente tiroteo en la escuela secundaria Parkland en Florida que dejó 17 muertos, abrió una herida que cala hondo en la juventud norteamericana, aparentemente “acostumbrada” a los tiroteos en los centros de estudio. “Never again” (Nunca más) fue el grito de este movimiento que viene desarrollándose desde hace varias semanas en todo el país.

A pesar de que la “Marcha por nuestras vidas” tiene este espíritu progresivo, con el paso del tiempo el movimiento iniciado espontáneamente en las escuelas secundarias de todo el país, se ha definido por exigir una reforma legislativa que frene el uso de armas, el llamado “gun control” (control de armas).

El problema de la exigencia por “gun control” es que apunta directamente a que sea el Estado Americano quien regule o prohíba el uso de armas. Hace falta preguntarnos, ¿queremos que las instituciones sean las que controlen el uso de armas en Estados Unidos? ¿Queremos que la policía vigile y establezca quién tiene derecho a estar armado y quién no?

Un Estado Policial

El estado norteamericano está armado hasta los dientes. Tiene a uno de los ejércitos más letales del planeta, bases militares en todo el mundo y es el principal perpetrador de la guerra a nivel internacional, en particular contra los pueblos oprimidos. Quizá los ejemplos más oprobiosos de su rol militar a escala global está en su apoyo incondicional a la ocupación Palestina y al ejército Israelí.

La existencia de un centro de tortura como Guantánamo no es más que la más nítida demostración de que el Estado americano es el violador de derechos humanos más sistemático a nivel global.

A nivel doméstico, el monopolio de la fuerza por parte del Estado está al servicio de aterrorizar a su propia población como se demuestra con los niveles de encarcelamiento de hombres negros, el peso del sistema carcelario, los centros de detención a migrantes y la violencia policial contra los negros, que recientemente se cobró la vida de Stephon Clark, un joven afroamericano de Sacramento.

Durante la administración Trump, los rasgos más represivos del aparato estatal se han profundizado. La ICE (Immigration and Customs Enforcement, Oficina de Inmigración y Aduanas) aterroriza sin obstáculos a los trabajadores “sin papeles”. La policía fronteriza y los grupos paramilitares cazan trabajadores migrantes en los estados del sur. Los centros de detención están atestados de trabajadores latinos. Las policías locales tienen rienda suelta para seguir asesinando negros.

Apenas el viernes pasado, Trump aprobó un presupuesto que incrementa el gasto militar cualitativamente con el aval de varios demócratas y republicanos.

Quienes son nuestros amigos y quienes nuestros enemigos en la lucha contra la violencia

Trump, los republicanos y la ultraderecha defienden su derecho a tener armas para imponer con mano dura su agenda racista y xenófoba. Por eso compartimos el odio de los cientos de miles que hoy se movilizan contra la NRA, cobertura “legal” de la supremacía blanca y las bandas fascistas.

Millones de dólares van a los bolsillos de los republicanos por parte de estas organizaciones que tienen todos los recursos para armarse hasta los dientes. Pero los demócratas, que hoy utilizan la demanda de “gun control” para fortalecerse electoralmente, tampoco son nuestros amigos.

Durante sus administraciones, además de que se perpetraron las guerras contra otros pueblos, se mantuvo también la violencia policial. No es casual que el movimiento Black Lives Matter haya surgido en plena era Obama, incendiando los barrios negros desde Ferguson hasta Baltimore.

El profundo sentimiento anti Trump que se está expresando por diversas vías en Estados Unidos, esta tratando de ser capitalizado por el Partido Demócrata que se juega a dilapidar el descontento sacándolo de las calles y desviándolo hacia las elecciones intermedias para recuperarse electoralmente.

Para un movimiento que termine realmente con la violencia, tiene que abrazar una perspectiva independiente. No podemos confiar en quienes apoyan y mantienen a la policía (armada) en las escuelas y son cómplices también de la brutalidad policial. Aquellos hipócritas que sueltan falsas lágrimas por las víctimas de los tiroteos para llevar la energía de los jóvenes a su caudal electoral.

Son amigos de esta lucha el movimiento negro que hoy repudia el asesinato a manos de la policía del joven negro Stephon Clark en Sacramento, los maestros movilizados las semanas previas en West Virginia, los dreamers que enfrentan la deportación de sus padres y pelean por permanecer en el país en el que nacieron, los trabajadores migrantes. Para terminar con la violencia en las escuelas, es fundamental que los estudiantes, los profesores y sus organizaciones y los padres de familia nos organicemos de manera independiente a los partidos capitalistas que son los principales responsables de la violencia y discutamos democráticamente una perspectiva distinta.

El movimiento solo puede triunfar si abraza otro horizonte. Sí lucha por la salida inmediata de la policía en las escuelas, el desarme inmediato de la NRA y sus aliados y contra la brutalidad policial contra la comunidad negra. Por el desmantelamiento de los grupos paramilitares en la frontera y el cese a la persecución de la policía fronteriza contra los migrantes.








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