Economía

VUELTA AL FMI

Dujovne va a Washington a acordar la sumisión formal al FMI: ¿la historia circular?

El ministro Dujovne afirma que el FMI es "muy distinto al de hace 20 años". El rechazo de la sociedad es rotundo: memoria activa y actual del papel histórico de un organismo dedicado a exigir planes de austeridad a costa de las condiciones de vida de los trabajadores.

Lucía Ruiz

@LucuRuiz

Miércoles 9 de mayo | Edición del día

Corría el 13 de marzo de 2018 cuando una cena privada en la casa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ascendió a la suma nada desapercibida de $ 31.100. Esta cena fue costeada con las arcas del Estado nacional y la agasajada fue ni más ni menos que la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Esta mujer de 62 años de edad es una de las personas más poderosas del mundo y dirige desde hace 7 años al organismo de crédito internacional más influyente que actúa como representante de los intereses del capital imperialista. La misma que, ayer por la mañana, daba un respiro de alivio al presidente Mauricio Macri al contestarle el teléfono que sonaba en busca de auxilio.

Desde el año 2007 que un directivo del FMI de este rango no visitaba al país. El motivo no fue simplemente un encuentro informal con el ministro, sino que se enmarcó en la reunión de ministros de finanzas y directores de bancos centrales del G-20 que se realizó en el mes de marzo en Buenos Aires. Por las dudas, aclaró que el objetivo de su visita no era “para negociar ningún tipo de programa, ni tampoco para prestar porque Argentina no lo pidió ni tampoco lo necesita”.

Podrá decirse que los economistas la mayor parte de las veces erramos a los pronósticos, lo que en este caso estaría salvado por el hecho de que se trata no de una economista sino de una abogada (aunque supuestamente experta en finanzas). Lo cierto es que hoy, el mismo Dujovne que la recibió en su casa con una cena onerosa hace menos de dos meses, estará tocando las puertas del organismo en búsqueda de un crédito, que el propio presidente Macri tildó públicamente de necesario.

Hombres de negocios, los CEO que dirigen el equipo económico del Ejecutivo no dejan pasar ninguna crisis que no sea aprovechada lo más posible en su favor. Ahora los operadores mediáticos del oficialismo buscan extorsionar al pueblo trabajador sosteniendo que la situación sólo puede abordarse de dos formas, que en realidad son una: o bien abandonar el “gradualismo” del ajuste macrista para pasar a un modo de “shock” (definiciones discutibles si las hay), o bien recurrir a un préstamo millonario con aquel organismo que supo exigir las condiciones más despiadadas de ajuste sobre las espaldas de los trabajadores.

El “avant premiere” de esta película de terror que pretende imponerse como única opción la vivieron muchos la semana anterior, en escenas de noventismo explícito a través del inmemorable Domingo Cavallo en las pantallas de la TV. ¡No teman! Avisa Dujovne. “Tenemos que tener en cuenta es que es un Fondo Monetario Internacional muy distinto al de hace 20 años", sentenciaba en la conferencia de prensa.

No tan distintos…

Veinte años no es nada. Desde mucho tiempo atrás, el organismo internacional de crédito se caracterizó por impulsar ajustes fiscales en los países deudores y otras medidas de fuertes consecuencias sociales contra los trabajadores y sectores populares. En nuestro país, el FMI viene jugando un rol central en las políticas de ajuste del país desde que 1956, cuando la Argentina se incorporó al mismo durante la “Revolución Libertadora”, de la mano del ministro de Hacienda Raúl Presbich, quien contrajo el primer crédito “Stand by” con dicho organismo, un año después, por US$ 75 millones para realizar una devaluación y un ajuste fiscal.

La historia le otorgará también un rol protagónico en el financiamiento de la dictadura cívico militar inaugurada en 1976, que fue la iniciadora de la espiral de endeudamiento que generó tres grandes crisis en 40 años.

Durante los años de Menem calificaron al gobierno privatizador y su política de convertibilidad sostenida en base a endeudamiento, como el "mejor alumno" del organismo en el mundo. Así, apoyaron la "reforma del Estado" que dejó en la calle a cientos de miles de trabajadores, las AFJP que privatizaron la jubilación, y la flexibilización laboral fueron festejadas por el FMI.

Sostener la convertibilidad ($ 1=U$S 1) tuvo sus altos costos. Para ello se llevó adelante un endeudamiento sin frenos que terminó en la crisis del 2001. Durante los mandatos de Menem se pagaron U$S 116.000 millones de deuda externa entre capital e intereses.

Luego con De la Rúa, en menos de un año hubo Blindaje, “ayuda” financiera del FMI y otros organismos por U$S 38.000 millones y el “megacanje”. Esta operación implicó una suba de la deuda externa en U$S 53.700 millones (capital e intereses).

Con la crisis del 2001 la desocupación trepó al 25 % y la pobreza al 50 %. Luego de la bancarrota, el kirchnerismo honró la deuda pagando al FMI U$S 10.000 millones.

En la actualidad, ese organismo “renovado” intervino en la crisis griega con rescates financieros a cambio de reformas laborales, recorte de pensiones, jubilaciones y privatizaciones. Similares recetas trajo a América Latina, sugiriendo en Nicaragua la realización de ajustes fiscales y la elevación de la edad jubilatoria. La represión del gobierno de ese país ante las protestas populares en contra de la reforma provocó más de 30 muertos. En Argentina, el FMI avaló la reforma previsional del macrismo de diciembre pasado.

Hoy, igual que hace 20 años, el FMI impulsa en todo el mundo la privatización de todos los servicios públicos, la flexibilización laboral, la extensión de la edad jubilatoria, y la austeridad fiscal. Al contrario de lo que afirma Dujovne, es el mismo organismo de siempre, con políticas para beneficiar al empresariado y a los acreedores internacionales.

Un “preventivo” para una crisis poco prevenida

El gobierno afirma que se trata de un préstamo “preventivo” para ganar algo de la confianza perdida por los amigos que especulan en los mercados locales. Sin embargo, de otra parte asegura que la situación económica hace necesario recurrir a un préstamo en dólares de magnitudes formidables (se habla de U$S 30.000 millones, es decir, más de la mitad de las reservas del Banco Central), lo que pone en evidencia que de preventivo tiene poco, más bien es un salvavidas (de plomo).

Esta necesidad brota, en el relato oficial, de fenómenos externos basados en la crisis financiera internacional que golpean al país. Ni una pizca de balance sobre la orientación económica del modelo macrista, y si existieran fenómenos internos, se trata de reminiscencias de un pasado “populista” y de resistencias culturales al cambio.

Es evidente, hasta para el más distraído/a, que todo el argumento se sostiene en el aire. Sin quitar méritos al kirchnerismo por su aporte al estado actual de cosas, lo cierto es que la economía de Macri no pasa la prueba, desbordando desequilibrios por donde se lo mire, generados y agrandados por las mismas políticas del gobierno. La fuerte exposición del país a los vaivenes del mercado mundial y a los movimientos internacionales de capitales fue una decisión consciente tomada por el team económico.

En primer lugar, estos cimbronazos financieros se deben al esquema “liberalizador”. El gobierno abrió la cuenta de capitales, liberó el cepo cambiario y creó un esquema monetario insostenible con las Lebac.

En segundo lugar, el crecimiento acelerado de la deuda pública (que es mayormente en dólares lo cual incrementa los riesgos) ya amenaza volverse una vorágine interminable. Pero ello no se debe a que “tengamos un gasto enorme”, como señaló ayer el presidente y como critican los impulsores de un ajuste aún más intenso, sino especialmente por recortar las fuentes de recaudación impositiva que gravan a las empresas, desfinanciando el Estado.

Desde el propio paradigma oficial los dos años de gestión se manifiestan como un fracaso: aquella variable central que desde el discurso señalaron su prioridad y ancla para alcanzar el equilibrio en el resto de las variables, la inflación, volverá a ser de este año cercana al 30 %. No queda ningún logro para mostrar a los "mercados". Por el contrario, el saldo resultante es de un espiral de endeudamiento poco creíble de revertir en estas condiciones de déficit agudo en la cuenta corriente, un crecimiento anémico de la economía y una reversión de capitales.

“Fin del gradualismo o FMI” ¿esa es la cuestión?

"Recurrimos al FMI para salvar el gradualismo", afirman desde el gobierno. En los términos planteados, la economía argentina no tendría otra salida que no sea ajustar las tuercas sobre el pueblo trabajador. Con un recorte del gasto, tarifazos sobre los hogares, el ataque al poder adquisitivo del salario y enfriamiento de la economía mediante variables monetarias y el freno al consumo, junto con reformas de repercusiones de más largo plazo como la laboral y la jubilatoria.

Pero estos lineamientos se basan en una premisa incuestionable por los fundamentos económicos dominantes según la cual no se pueden afectar los intereses de los grupos económicos y del gran capital.

Existe una alternativa a la crisis que proviene de la propia fuerza social trabajadora. La nacionalización de la banca y la constitución de una banca única bajo gestión de los trabajadores es una propuesta que eleva la izquierda para evitar que confisquen los ahorros del pequeño ahorrista, como hicieron Fernando de la Rúa y Carlos Menem al principio de su mandato, o no estafen a los que depositaron dólares como hizo Eduardo Duhalde. Pero también para combatir la fuga de capitales de los especuladores y el capital concentrado. Se trata de rechazar los acuerdos con el FMI y lograr que la historia no se repita, que la crisis la paguen los capitalistas.








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