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Dos semanas sin respuestas en el conflicto del Ministerio de Educación

Aún no hay resolución a la vista. Para la agrupación Marrón de ATE, sin una lucha a la altura del ataque macrista y sin unidad no se defienden los puestos de trabajo ni la educación pública.

Sábado 7 de enero | 13:16

El Jefe de Gabinete del Ministerio, Diego De Marías, anunció en una entrevista radial que harían efectivos 205 despidos de trabajadores de planta transitoria. Además intentó separarlo del conflicto del cierre de los programas de los postítulos ya anunciado. En ese caso, negó los despidos pero se escapó por la tangente y no dio definiciones claras sobre la continuidad de los tutores.
 
Las declaraciones del funcionario macrista están a tono con las primeras acciones de la patronal, los últimos días del año pasado, cuando empezó la lucha ante los rumores de probables 400 despidos en el organismo y la finalización del programa que afectan a casi tres mil trabajadores.

Una vez levantada la toma pacífica, los edificios del Ministerio estuvieron con presencia policial adentro, con golpes a los delegados de ATE, amenazas y provocaciones como pedir documentación para el ingreso. El gobierno quiere sentar el precedente de que a la lucha de los trabajadores de la administración pública se les responde con la Policía ocupando los edificios.
 
El ataque en el Ministerio de Educación es un ataque a la educación pública en su conjunto. De cortarse el programa “Nuestra Escuela”, los docentes que están cursando postítulos verán afectada la “oferta” de cursos gratuitos para capacitarse. No contar con formación y especialización gratuita de los docentes se traduce en una peor educación pública. Por ende, también lo sufren los estudiantes. Esta es la real dimensión de este nuevo ataque del macrismo.
 

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¿Pero qué pasó con las asambleas masivas en el Ministerio? Luego de un llamado a paro por tiempo indeterminado dentro del Ministerio el día 3 de enero, la conducción de ATE no ha llamado a ninguna asamblea en el edificio, ni ha puesto fecha al plenario abierto de todos los ministerios, juntas internas y trabajadores que ya había sido votado el lunes 2, por unanimidad, en la asamblea realizada en el Palacio Pizzurno.

Ni hablar de UPCN, el sindicato que confeccionó listas de despedidos a principio de año en toda la administración pública y que luego de que llamó al paro, se ha dedicado a hacer la plancha. Recién el viernes reapareció en las oficinas diciendo que ya “se estaría llegando a un acuerdo”, pero cuando los trabajadores pedían que detallaran el acuerdo, respondían que no sabían nada porque “lo está tomando la cúpula de UPCN capital y nacional”. Lo que se dice, una delegación pintada. Los trabajadores miraban azorados por tamaño cinismo.
 
¿Cómo se sostiene una medida de fuerza tan importante sin el conjunto de los trabajadores tomando decisiones? ¿Cómo buscar apoyo y solidaridad sin que haya medidas de fuerza donde participen el conjunto de los estatales, docentes y la comunidad educativa? ¿Cómo enfrentar a un Gobierno que ataca sistemáticamente a la educación pública sin la unidad de todos los gremios, sindicatos y centrales que nacionalicen el conflicto?
 
El jueves hubo dos instancias donde cursantes y tutores se juntaron en asamblea para decidir los pasos a seguir: la asamblea de cursantes de los postítulos que después se sumaron a la asamblea de los trabajadores despedidos del programa “Nuestra Escuela” que sesionó en la sede de ATE Capital. En ambos hubo un debate principal: cómo seguirla.
 
Por un lado, la propuesta de la Agrupación Marrón Clasista de realizar una jornada de lucha con cortes de calle (por ejemplo, en Callao y Corrientes, dos avenidas céntricas de la Ciudad de Buenos Aires, que muestre unidad y disposición a pelear por los derechos) que nacionalice el conflicto y que moralice a quienes hasta hace unos días habían mostrado disposición a tomar el Ministerio y a poner el cuerpo para que esta lucha triunfe.

Asimismo se propuso desde la Marrón ponerle fecha a una resolución votada en una asamblea masiva de los trabajadores del Ministerio del 2 de enero: el llamado a un plenario abierto de ATE (capital y nacional), para discutir un plan de lucha y paros escalonados.

Eso fue apoyado por una serie de intervenciones y unificaron posiciones en una misma moción que incluía realizar una asamblea general al final de la jornada para convocar a todos los afectados del vaciamiento del Instituto de Formación Docente (INFOD) y decidir los pasos a seguir.
 
La otra posición fue la de los delegados de ATE, que mocionaron un Festival, enfrentándola con la moción de jornada nacional con cortes. Desde la agrupación Marrón y también una trabajadora capacitadora les plantearon que no se contraponían para nada. Pero la hicieron votar y ganó el festival, quedando en evidencia que la conducción Verde y Blanca (de Catalano) no pretende buscar la unidad para vencer sino, dicho por sus propios representantes en asamblea, su objetivo es “estirar el conflicto hasta febrero para ver si con la paritaria docente se puede negociar algo”.
 
​Desde el principio del conflicto, los representantes de ATE separaron a los trabajadores de los edificios de los tutores. Plantearon que el conflicto no podía ir unido y llamaron a una asamblea adentro, mientras los tutores virtuales deliberaban en la calle. 
 
Luego del multitudinario acto del 3 de enero en las puertas del Palacio Pizzurno, estaba pautada una asamblea adentro, pero sorpresivamente fue cambiada de sede, sin comunicarlo a quienes trabajan allí. A las horas, informaron Whatsapp del llamado a un paro por tiempo indefinido. Todo esto generó confusión en los tutores virtuales que vienen motorizando las medidas de lucha. La Verde y Blanca, además, insiste en dividir a los cursantes y capacitadores. Hay que imponerle la unidad por abajo, se le puede torcer el brazo al gobierno, como sucedió en la lucha de los becarios del Conicet.
 
El macrismo está decidido a asestar un golpe a los trabajadores de la educación: estatales, docentes y capacitadores. Ellos tienen un plan. ATE, en cambio, propone luchar divididos. Esto llevará a la larga a la desmovilización y desmoralización de los trabajadores.

Se necesita una respuesta acorde a la magnitud del ataque. Defender estos puestos de trabajo y las capacitaciones gratuitas es pelear por la defensa de la educación pública de la población.






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