Juventud

LA PAMPA // SANTA ROSA

Dos jóvenes denuncian a “La Font del Río Colorado” por explotación laboral y acoso

Tienen 19 y 24 años, de apellido Medina y Pereyra. Denunciaron a los propietarios del restaurante pampeano -de la localidad de 25 de Mayo- por explotación laboral, acoso sexual, maltratos y por vender comida en mal estado.

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Miércoles 14 de enero de 2015 | Edición del día

Todos los días muchos jóvenes abandonan su pueblo o ciudad natal para ir en busca de un futuro mejor. Por lo general con la mochila llena de sueños pero los bolsillos vacíos. Estas dos jóvenes, oriundas de la localidad de Tafí Viejo, llegaron en diciembre por una propuesta laboral a esa casa de comidas, pero pronto se dieron cuento que sus sueños se habían vuelto una pesadilla.

El comienzo de la pesadilla.
La propuesta era de 6 mil pesos mensuales más los pasajes, pero les dieron unos 800 pesos a cada una por el tiempo trabajado por lo que se encuentran sin dinero para volver a su provincia y sin un lugar para hospedarse. "Ambas estábamos sin trabajo y a través de la ex pareja de mi madre (de apellido García), nos pusimos en contacto con María Elvira Burgos", declaró Medina a una radio pampeana.

Las chicas llegaron a La Pampa el 17 de diciembre y la primera semana de su estadía se hospedaron en la casa de Burgos donde dijeron que: "Su esposo recorría la casa en ropa interior e iba al baño dejando la puerta abierta" por lo que le solicitaron a la mujer que las dejara quedarse "en la pieza que tenían detrás del restaurante".

Explotadas y cosificadas. "Los primeros días de trabajo la relación con los dueños era muy buena pero con el correr del tiempo se fue haciendo cada vez peor. En ciertas oportunidades nos hablaba y otras nos ordenaba de mala manera, con gritos e insultos, nos decía ’sos tontita’; ’boluda’ entre otros adjetivos", dijeron. Además, aseguraron que "no se respetaba nada" y "casi no teníamos tiempo de descansar ni de asearnos".

Medina también contó que el dueño de la parrilla "tenía insinuaciones sexuales". Relató que en Navidad: "Cuando limpiaba un vidrio, él se me acerca imprevistamente por detrás, me toma con sus manos de la cintura y me lleva hacía él, y me dice `que linda que estas, esta noche te muerdo´... como también hacía alusión provocativa a la ropa que usábamos". "Yo le dije que tuviera un poco de respeto, que le iba a contar a su mujer de su actitud, él me decía que me calmara que me iba a aumentar el sueldo", continuó.

Por último, denunciaron que el restaurant vendía comida en mal estado y que les "hacían cambiar las fechas de caducidad de productos que estaban vencidos hacía mucho tiempo". "Hay cucarachas por todas partes, ratas. En cierta oportunidad comí una empanada y tuve que vomitar porque estaba fea, parecía podrida y era nuestra cena", aseveró Pereyra.

Cuando quisieron irse se encontraron con otro impedimento: "Cuando llevamos a Burgos nuestros reclamos, ella dijo que si nos queríamos retirar que lo hiciéramos pero antes debíamos ’abonar el dinero de los boletos que nos había enviado para que viajáramos a la localidad, la comida y bebida’ que habíamos consumido"

Despertaron y dijeron basta. Denunciaron a los propietarios del restaurante, María Elvira Burgos y su esposo Héctor Marquer, por: "Esclavitud laboral, acoso sexual, agresiones verbales, cambio de fechas de caducidad en los productos comestibles y la presencia de cucarachas, ratas y otras alimañas" en la casa de comidas.

Casos como este se repiten diariamente, esta década sin duda no fue ganada para estas jóvenes que aunque pasaron por un calvario supieron defenderse y denunciar el atropello patronal y patriarcal a la que fueron sometidas por el hecho de ser jóvenes, plebeyas y del norte.







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