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HISTORIA // TRIBUNA ABIERTA

Dos caras del peronismo y el 17 de Octubre de 1945

El Decreto 33.302 y el Congreso de la Productividad de 1955. El peronismo desde su origen ha tenido varias caras, ya sean de sus dirigentes, planes económicos, políticos y sociales, como de las leyes impulsadas, o de las acciones de los integrantes del movimiento justicialista.

Sábado 17 de octubre de 2015 | Edición del día

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En el llamado primer peronismo, tenemos un ejemplo claro, una cosa fue lo acontecido en los días previos a la gran movilización obrera del 17 de Octubre de 1945, en defensa de las conquistas logrados y para apuntalar las que vendrían, y otra muy diferente es lo acontecido en marzo de 1955, cuando se realizo el Congreso de la Productividad, impulsado desde el Ejecutivo Nacional, la Confederación General Económica y los dirigentes de la CGT, un encuentro para programar mas productividad, mas explotación y presión empresario-gubernamental sobre los logros obreros.

El peronismo mostraba dos de sus caras. Perón y el Decreto 33.302

Desde que fuera designado, por el presidente de facto Gral. Farrell, al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, el Gral. Perón, desarrollo una intensa actividad con los trabajadores y los gremios.

Pero desde fines de septiembre y principios de octubre de 1945, se produjo una crisis dentro del gobierno nacional. El 10 de octubre a la mañana, los intentos del gobierno por solucionar la crisis se diluían y corrían rumores de que existían deliberaciones entre gremialistas. Al mediodía, dicho grupo sindical, se entrevisto con Perón y se decidió la realización de una concentración frente a la Secretaría de Trabajo y Previsión para que se dirija a los trabajadores, anunciando su renuncia.

La calle Perú entre Victoria y Julio A. Roca fue el lugar elegido, para el acto, que se realizo en condiciones especiales: se convoco el mismo día, se logro la transmisión por la red oficial de radios.

Se reunieron 70.000 trabajadores, convocados por la CGT. Perón pronuncio un discurso que no ha sido valorado históricamente, ya que fue uno de los más importantes que dio.

Comento primeramente las tareas desarrollas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, destacando las conquistas sociales que se consideraban más perentorias para los trabajadores. Y luego agregó:

“También dejo firmado un decreto de una importancia extraordinaria para los trabajadores. Es el que se refiere al aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico y la participación en las ganancias. Dicho decreto, que he suscripto en mi carácter de secretario de Estado tiene las firmas de los ministros de Obras Públicas y de Marina, y beneficia no solamente a los gestores de la iniciativa -la Confederación de Empleados de Comercio-, sino a todos los trabajadores argentinos.

“Pensamos que los trabajadores deben confiar en sí mismos y recordar que la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero. (…) Y si algún día, para despertar esa fe, ello es necesario, me incorporaré a un sindicato y lucharé desde abajo”.

“Debo decirles que he hablado con el excelentísimo señor Presidente de la Nación, quien me ha prometido que la obra social realizada y las conquistas alcanzadas, serán inamovibles y seguirán su curso. Pido, pues, el máximo de tranquilidad a todos los trabajadores del país”.

“Pido orden para que sigamos adelante en nuestra marcha triunfal; pero si es necesario, algún día pediré guerra. Y ahora quiero que demos una vez más ese ejemplo de cultura que han exhibido en esta ciudad las masas de trabajadores. Recuerden y mantengan grabado el lema "de casa al trabajo y del trabajo a casa" y con eso venceremos”.

Ese discurso entusiasmo tanto a los dirigentes gremiales como a los trabajadores, y por supuesto, produjo una reacción en contrario de los sectores que se le oponían.

Entre la dirigencia de la Unidad Democrática (UCR, Demoprogresistas, Partido Socialista y Partido Comunista) y en los altos mandos de la Marina creció la idea de que Farrell había sido cómplice de Perón, y que era urgente poner fin al gobierno militar, y la solución era que la Corte Suprema debía asumir el poder. En cambio, en el Ejercito prevalecía la idea de sostener a Farrell, designar un nuevo gabinete y fijar fecha cierta para las elecciones.

Lo que preocupaba a los empresarios, era fundamentalmente la frase en que Perón anuncio que dejaba firmado un decreto que incluía un aumento de sueldos, el establecimiento del Salario Mínimo Vital y Movil y la participación en las ganancias de las empresas por parte de los trabajadores.

Ese párrafo sería el desencadenante de debates, acusaciones, lock out por tres días en todo el país y respuestas de los trabajadores.

Los trabajadores ganaron las calles: el 17 de Octubre

Los acontecimientos que se sucedieron después de la renuncia de Perón, el 10 de octubre, y del discurso que tendrían gran trascendencia para los trabajadores, el país y la sanción del Decreto 33.302.

Vale la pena hacer un repaso de lo acontecido: entre el 10 y el 12, Perón estuvo clandestino, el 13 fue detenido y llevado a Martin García, el 15 el presidente Farrell ordeno que sea trasladado a Buenos Aires por enfermedad.

El 16 de octubre de 1945, se reunió el Comité Central Confederal de la CGT para tratar la propuesta del Comité Administrativo de realizar un paro en defensa del coronel Perón.

Luego de un debate de varias horas, se votaron dos mociones, y el resultado fue de 16 votos contra 11, a favor de la postura de declarar la huelga general por 24 horas a partir de la hora cero del día jueves 18.

A la vez, se aprobó por unanimidad este comunicado

"El Comité Central de la Confederación General del Trabajo declara la huelga general de los trabajadores por 24 horas para el día 18 de octubre desde las cero horas hasta las 24 horas del mismo día para expresar el pensamiento de la clase obrera en este momento excepcional que vive el país y por las siguientes razones:

1) Contra la entrega del gobierno a la Corte Suprema.

2) Formación de un gobierno que sea una garantía de democracia y libertad para el país y que consulte la opinión de las organizaciones sindicales de trabajadores.

3) Realización de elecciones libres.

4) Levantamiento del estado de sitio. Por la libertad de todos los presos civiles y militares que se hayan distinguido por sus claras y firmes convicciones democráticas y por su identificación con la causa obrera,

5) Mantenimiento de las conquistas sociales y ampliación de las mismas. Aplicación de la Reglamentación de las Asociaciones Profesionales.

6) Que se termine de firmar de inmediato el decreto-ley sobre aumentos de sueldos y jornales, salario mínimo básico y móvil, y participación en las ganancias y que se resuelva el problema agrario mediante el reparto de la tierra al que la trabaja y el cumplimiento integral del Estatuto del Peón”.

Acontecería, luego la jornada histórica del 17 de Octubre, con la gran movilización obrera y popular, marchado desde los barrios obreros, las fabricas, hacia la Plaza de Mayo, en una manifestación que mudaría la situación política, económica y sobre todo social del país.

En Rosario, La Plata, Ensenada, Berisso, y en otros lugares, se dieron importantes movilizaciones populares.

La licenciada Carina Capobianco, investigo lo acontecido en esas jornadas en Rosario, y comenta que “el 9-10, tras la renuncia de Perón, se produjo el cierre de negocios, y manifestaciones por el centro rosarino de los opositores al gobierno reclamando elecciones. En los días siguientes, se dieron manifestaciones de apoyo a Perón y de aquellos que estaban en contra. Los sindicatos rosarinos tuvieron las posiciones más firmes de paro y movilización en las reuniones en la CGT en Buenos Aires, y el 17 de Octubre, se dieron movilizaciones hacia el centro, pasando frente a los diarios La Tribuna y La Capital, canticos hostiles, con una importante concentración en Plaza San Martin. Todo continúo el 18, con manifestaciones en Barrio Nuevo, La Tablada, Villa Manuelita, y concentraciones en varias esquinas de la ciudad y frente a la Intendencia, para que se sumaran a los manifestantes los empleados Municipales”.

Son muchas las interpretaciones del significado de esa jornada, por nuestra parte pensamos que esa movilización demostró la capacidad de los trabajadores para actuar en defensa de lo consideraban sus intereses, fue un rechazo a las formas aceptadas de jerarquía social y símbolos de autoridad, se dio en un tono dominante de irreverencia e irónico, sentido del humor que caracterizo a los manifestantes, hubo un clima de fiesta grande, de murga, de candombe, de alegría. Se partió desde los barrios obreros pasando por los barrios de la oligarquía: canciones y consignas insultantes para los ricos, se dio una recuperación del orgullo y la autoestima de la clase obrera, y nació una relación especial entre el líder, Perón, y el pueblo.

La pelea continuó. Sanción del Decreto 33.302

Los gremios siguieron movilizados, para que se hiciera efectivo el Decreto.
Con ese objetivo, el 11 de diciembre, se realizo un acto en Plaza de Mayo, convocado por la CGT, el sindicato de Empleados de Comercio y la Federación de Empleados Telefónicos.

Las movilizaciones y reclamos, dieron sus frutos cuando se dio a conocer el 20 de diciembre de 1945, el Decreto 33.302. Por el mismo se aumentaban los salarios, la aplicación del Salario Mínimo, Vital Y Móvil, se creaba el Instituto Nacional de Remuneraciones, y se instituía el sueldo anual complementario o aguinaldo.

Esta medida provoco gran júbilo entre los asalariados, indigno a los sectores patronales e incluso el escritor Jorge Luis Borges, ironizó acerca del absurdo que significaba suponer que “el año tenía trece meses”.

Tanto lo realizado por Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, las leyes que incrementaron los derechos laborales, los aumentos salariales, el crecimiento de los delegados en las fábricas, fueron hechos a favor de los trabajadores.

Pero lo que podemos decir, es que eso se dio en una economía en bonanza, y había para distribuir. Pasaron los años, las dificultades salariales llegaron y ahí la cosa fue distinta, había que gobernar con un capitalismo en crisis, y es lo que veremos a continuación.

El Congreso de la Productividad

La contracara es a lo que nos referiremos

El proceso de crecimiento capitalista en la Argentina cambia radicalmente a partir de 1952. De esa fecha en adelante toda expansión significativa en el desarrollo de las fuerzas productivas debía pasar necesariamente por la acumulación de capital en la Industria Pesada.

En efecto, ya en ese momento la economía argentina había desarrollado una industria liviana que producía todos los bienes de consumo durable que en el 30 aún se importaba.

Para esa época, solo se importaban todos los elementos necesarios no ya para el consumo sino para mantener en funcionamiento la economía que producía bienes de consumo (petróleo, acero, maquinarias, o sea productos de la industria pesada).

Y la inversión capitalista en infraestructura e industria pesada tiene muy profundas diferencias en su desarrollo con los de la industria liviana como ser:

a.- Gran magnitud de inversión de capital constante

b.- Bajo grado de aumento en la ocupación de mano de obra con relación a la magnitud del capital invertido

c.- Rendimiento tardío en la inversión del capital, a pesar del carácter reproductivo de esas inversiones, etc.

En definitiva el proceso de acumulación capitalista necesaria e inexorable en la industria pesada, que comienza a arrastrarse fundamentalmente desde el 52, necesitaba contar con inversiones masivas provenientes de la transformación de plusvalía interna o externa en capital. El gobierno de Perón buscó intensificar ambos mecanismos de acumulación a partir de 1952 sobre todo. Por un lado comienza a llevarse adelante un plan tendiente a aumentar la productividad del trabajo de tal modo que se genere un mayor excedente de plusvalía necesaria para la acumulación capitalista en las nuevas condiciones.

Esto se reflejo en una tendencia, no muy profundamente desarrolladas, pero perceptibles, a la disminución de la participación del salario en el total del producto en lo que al aspecto económico se refiere y a un aumento de las luchas obreras en el plano social.

Las cifras de huelgas que fueron en ascenso en los últimos años del gobierno de Perón, y el Congreso de la Productividad, son expresiones de lo afirmado. Desde los mandos medios sindicales a las bases, había una sensación de inseguridad, que creció en la medida en que las fuerzas productivas frenaron su ritmo expansionista. Los trabajadores y los dirigentes sindicales que habían surgido en los últimos años bajo la euforia del primer plan quinquenal no se adoptaban fácilmente a la nueva situación creada por las dificultades económicas.

En 1954 se computaron 1.444.949 jornadas por conflictos de trabajo, sin sumar los paros generales, de un total de 119.701 trabajadores. Con esta incertidumbre, basada en hechos muy concretos: el salario real del obrero industrial, tomando como base 1943: 100, era en 1954 de 102, 4 cuando en 1948 estaba por encima de 130.

Surgió la necesidad de incrementar la productividad, y los sindicatos comenzaron a inquietarse, e incluso hubo resistencias por parte de organizaciones gremiales formalmente peronistas, pero con ciertas bases que no estaban de acuerdo con el partido oficial.

Por eso se convocó el Congreso de la Productividad, que se realizo en marzo de 1955, y fue convocado por la CGT, la Confederación General Económica (CGE) y el Ejecutivo Nacional.

Así llega a 1955 la clase obrera, silbando a sus traidores en la plaza y resistiendo en las fábricas con sus cuerpos de delegados.

En 1954, el cuello de botella en cuanto a la actividad económica que se había producido en 1951 y 1952, había sido superado, según lo demostraba, por ejemplo, la caída de la inflación.

Ya en 1952 aparece el objetivo del aumento de la producción. El tema se reitera en el 2º Plan Quinquenal y culmina en el Congreso Nacional de la Productividad.

El 1º de octubre de 1954 Perón había pronunciado un discurso en el que decía que "ya no es posible que se beneficie un determinado sector de la actividad económica mediante el aumento de su participación en la distribución de la renta nacional en detrimento del resto".

Se había llegado al límite de la etapa distribucionista y había que aumentar la productividad, por el esfuerzo de los trabajadores, agrandar -como se dice vulgarmente- la torta a repartir.

El Congreso, fue inaugurado por Perón el 21 de marzo, diciendo que "... es inútil pensar en mejoramientos de ningún orden si no nos ponemos de acuerdo para crear abundantemente los medios de ese mejoramiento".

Estuvieron representados 620.000 empresarios y seis millones de afiliados a la CGT, respectivamente, según sus propios cálculos.

José Gelbard, presidente de la CGE, como indiscutido líder empresario, definió su concepción del capitalismo humanista: "La productividad no constituye, en sí misma, un fin sino un medio para fomentar el progreso social, consolidar el bienestar general, desarrollar la justicia social y afianzar la independencia económica del país".

Se pusieron de manifiesto, tanto las exigencias de mayor esfuerzo por parte del sector empresario, como la desconfianza de los trabajadores de que se intentaba despojarlos de sus conquistas.

Gelbard afirmó que los empresarios querían garantizar su “derecho a la dirección y organización de la empresa sin interferencias”. Y advirtió “No es aceptable que, por ningún motivo, el delegado obrero toque un silbato y la fábrica se paralice…otro factor negativo que no podemos silenciar es el ausentismo…Hay que terminar con los lunes de huelga…”.

Al finalizar el encuentro, él mismo afirmaba que “el incremento de la producción no se traduciría de ningún modo en el aumento de salarios”.

En eso estaban de acuerdo patrones, dirigentes sindicales y el gobierno, que promovía el congreso acosado por una realidad: la pérdida de ritmo en el crecimiento económico.

Las jornadas dieron por resultado un Acuerdo Nacional de Productividad. Sus efectos no alcanzaron a conocerse, ya que seis meses después el gobierno era derrocado.

En el acto de Clausura del Congreso de la Productividad y el Bienestar Social, el general Perón se esperanzaba que los trabajadores y empresarios comenzarán una etapa positiva conjunta.

El tema fue discutido y no aceptado totalmente por los trabajadores, periódicos y publicaciones de las empresas como La Pulga de Alpargatas, Unión y Lucha de los Gastronómicos, La Voz del Vestido, El Metalúrgico, Sudan todos menos los Patrones, de Sudamtex, fueron tribunas desde donde se alertaba, a veces con cautela y otras duramente, sobre el hecho de que, en ese acuerdo, las únicas víctimas serían los trabajadores.

La situación para los trabajadores se agravó y fue por la aplicación de la racionalización capitalista, aceptada por el gobierno nacional en el Congreso de Productividad y Bienestar Social.

Se hacía notoria la baja del nivel de vida de los trabajadores, ya que los salarios eran totalmente insuficientes para hacer frente al costo de los artículos de consumo familiar. La aplicación de los métodos propiciados por el Congreso de la Productividad amenazaba con provocar despidos en masa.

El Congreso de la Productividad, fue el epílogo de una campaña patronal-sindical-gubernamental realizada durante varios meses. Aprobó el llamado “Acuerdo Nacional” que daba carta blanca a las grandes empresas para implantar métodos tendientes a incrementar la producción, aun a costa de intensificar la explotación de los trabajadores y anular sus conquistas sociales y económicas.

Mediante dicho “acuerdo” los sindicalistas de la CGT y los empresarios se comprometían a actuar armónica y solidariamente; se aceptaban las técnicas de racionalización capitalista para obtener “índices óptimos de productividad” mediante el aprovechamiento máximo de la fuerza de trabajo; se aceptaba la “reducción de personal de acuerdo con las exigencias tecnológicas”, o sea, el desempleo. En lugar de aumentar los sueldos y salarios de acuerdo con el costo de la vida, se determinaba el “incremento indirecto” mediante el destajo y los sistemas de premios; se creaba el Instituto Nacional de la Productividad, formado por dirigentes sindicales, representantes patronales y gubernamentales; se autorizaban los acuerdos entre las empresas y las direcciones gremiales, “independientemente de los convenios en vigencia”, o sea, violando los convenios.

Una mirada puede concluir en que “las conquistas no se tocan, pero a trabajar mejor y producir más”, con todo lo que ello implicaba. Otros plantean que los empresarios se retiraron descontentos del congreso. Pero hubo un guiño de Perón a los empresarios y otro a los trabajadores. No tocar conquistas pero a producir más.
Ante las nuevas necesidades que se plantean para el desarrollo capitalista, a partir del ‘52, comienza un proceso cuyo signo es la profundización progresiva y creciente de las antinomias económicas del capitalismo argentino que tendía a separar socialmente cada vez más al proletariado de la burguesía.

Aquí está la otra cara del peronismo, que muchos no quieren ver ni reconocer.


Dossier 17 de Octubre

Ver también

  •  El 17 de Octubre de 1945, por Alicia Rojo.
  •  La clase obrera y el 17 de Octubre, por Facundo Aguirre.
  •  La izquierda ante el 17 de Octubre y el nacimiento del peronismo, por Hernán Camarero.





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