Sociedad

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

Dos caminos en disputa dentro de la lucha que levantan estudiantes contra la violencia machista

En medio del oportunismo de la derecha y las autoridades estudiantiles que buscan la contención de la movilización, se debate entre dos estrategias para llevar adelante la batalla por una educación no sexista y contra el acoso sexual.

Karla Peralta Díaz

Ex Presidenta del Centro de Estudiantes de Medicina, Universidad de Antofagasta

Viernes 25 de mayo

A estas alturas, para nadie es desconocido que las mujeres levantamos un movimiento a nivel nacional que busca cuestionar el machismo en la sociedad. Esta vez, son las estudiantes de liceos y universidades quienes tomaron la delantera en denunciar la situación que vivimos miles de mujeres a diario, poniendo en tela de juicio los viejos paradigmas del conservadurismo, el sexismo, heteronorma y machismo.

Es así como todo el espectro político aparece con discursos a favor de las mujeres, donde la derecha con devastadora hipocresía, busca cooptar y dividir al movimiento subiendo los precios de los planes de salud a los hombres y mujeres que no están en edad fértil, presentando una agenda de equidad de género que en nada mejora las condiciones de las mujeres trabajadoras. Se vuelve urgente pensar hacia dónde va el movimiento de mujeres y cuáles son sus distintas perspectivas.

En este escenario se debate entre dos estrategias para llevar adelante la lucha de las mujeres. El separatismo o la construcción de la unidad con el movimiento estudiantil de conjunto, sin separación por sexo. La fuerza movilizadora de las mujeres, que ha sido un motor de grandes luchas, hoy tiene por lo menos dos perspectivas distintas que se están poniendo a prueba.

Por un lado, existe un sector dentro del movimiento de mujeres que promueve la exclusión de los hombres de los espacios de movilización, dejándolos fuera de la lucha: el separatismo. Generando una lucha de sexo contra sexo, llevando a derivas que a fin de cuentas no lograrán terminar con la violencia de género de raíz, cayendo de esta forma en el punitivismo que exige castigos más duros para los hombres, confiando en el rol del Estado e iniciando una arremetida contra individualidades sin concentrar las fuerzas en una batalla contra los pilares de la opresión y violencia hacia la mujer.

Esto además genera un aislamiento del progresivo movimiento de mujeres del conjunto del movimiento estudiantil, lo que significa en los hechos, librar una batalla contra un sistema solas, sin ningún tipo de alianza estratégica que nos permita vencer. Pero además esta unidad de las mujeres es sin diferenciarse de las que son policías, como la ya famosa foto del abrazo a las “pacas” o sembrando expectativas en altas autoridades que por ser mujeres serian nuestras aliadas, que sin ir más lejos la propia alcaldesa de Antofagasta Karen Rojo, ha demostrado sucesivas veces que sus intereses están en contra de las mujeres trabajadoras, con despidos de profesoras y a favor de los empresarios.

Por otro lado, se perfila un feminismo de clase que apuesta a la unidad de las y los trabajadores con el conjunto del movimiento estudiantil, traspasando más allá de la unidad entre las y los estudiantes, apostando a organizarse de manera triestamental, es decir, junto a docentes y funcionarios/as. Visualizando que esta es la unidad necesaria para poder enfrentar a los grandes enemigos de las mujeres y la diversidad sexual.

¿Quiénes son esos enemigos? la derecha, la iglesia, los empresarios, las autoridades de nuestras casas de estudio que encubren casos de abuso y acoso sexual y precarizan la vida de las y los trabajadores, con sueldos miserables y condiciones de trabajo inestables. Esos mismos enemigos son los que mantienen este sistema capitalista y patriarcal que es el principal sostén de la violencia de género.

Por eso, desde Pan y Rosas creemos que no basta con cambios cosméticos, ni solo con más protocolos, queremos hacer un cambio profundo que de paso a otro tipo de sociedad donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Y en esto también nos diferenciamos profundamente de las llamadas feministas separatistas, ya que ellas apuestan en los hechos por un feminismo donde el cambio cultural es suficiente, creén que se puede terminar el patriarcado dejando intacto el orden económico capitalista, a través de una lógica cultural y punitivista. Para nosotras, las feministas socialistas, para poder terminar con el patriarcado es clave acabar también con el capitalismo que lo sostiene y que se nutren mutuamente.

Nuestro llamado es que las mujeres levantemos un gran movimiento de mujeres y diversidad sexual que sea anticapitalista y que combata en las calles contra el orden establecido, haciéndole frente al gobierno de la derecha de Piñera, en unidad con los estudiantes y las y los trabajadores.

Vamos por impulsar un petitorio nacional donde exijamos una educación laica, no sexista ni heteronormativa, sacando a la iglesia y su moral conservadora de todo el sistema educativo; protocolos triestamentales contra el acoso y abuso sexual que sean llevados adelante a través de una comisión resolutiva, independiente de las autoridades y electa de manera democrática, que se encargue de recibir los casos, dar oportunidad de defensa para ambas partes, determinar las sanciones y también de tomar las medidas de acompañamiento correspondientes para la denunciante; esto solo es posible si luchamos por acabar con el autoritarismo universitario levantando un cogobierno triestamental para que las y los estudiantes, docentes y funcionarios seamos quienes decidan, barriendo con las autoridades burocráticas y apernadas que nadie elige instalando la idea de la elección de las autoridades unipersonales mediante una persona, un voto.

Así como también, tenemos que dar una batalla por terminar con la educación de mercado que mantiene el sexismo en su estructura por ser servil al sistema económico capitalista que beneficia a los empresarios para hacerse ricos.

Nuestra potencia movilizadora debe proponerse no solo remover el terreno educativo, sino también, cuestionar y terminar con la inestabilidad laboral que sufren mayormente a las mujeres, pero que afecta al conjunto de las y los trabajadores, por eso, debemos luchar por el fin de los contratos a honorarios y el subcontrato, exigiendo el paso a planta para terminar con este pilar que sustenta los demás tipos de violencia hacia la mujer.

Por esto es necesario que estas demandas sean tomadas en las manos del conjunto del movimiento estudiantil, mujeres y hombres, ya que un cambio así de sustancial, que erradique el sexismo, el machismo, la heteronorma y la LGTBIfobia de las salas de clases, que actualmente afecta mayormente a las mujeres y la diversidad sexual, claramente es algo que beneficiara a toda la comunidad estudiantil.

Tal como lo han hecho las carreras de la UA como medicina, derecho, pedagogía en lenguaje y muchas otras que votaron llevar esta movilización de manera mixta, para que los hombres no queden fuera levantando espacios reflexivos, sino que, luchen codo a codo junto a nosotras levantando las tomas, resistiendo el cansancio y siendo parte de las actividades. Otros ejemplos de esta unidad son: la carrera de pedagogía en educación parvularia, que a pesar de ser una carrera feminizada votaron de igual forma llevar adelante una movilización mixta y la carrera de ingeniería mecánica donde es mayoritariamente de hombres, sólo 5 mujeres, que votaron una movilización mixta, para no dividir las fuerzas de un movimiento cuyas demandas son necesarias para todas y todos. Realidad que se repite en más de una universidad donde han apostado por aunar las fuerzas.

Siguiendo estos ejemplos es como debemos organizarnos y movilizarnos. Mujeres y hombres debemos ser parte de este movimiento histórico, sin la necesidad de dejar a nuestros compañeros fuera de los espacios de movilización. Todo el movimiento estudiantil, las y los trabajadores, hagamos remecer este sistema profundamente machista y motoricemos un cambio profundo contra toda violencia y opresión.






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