Política Estado Español

PRIVATIZACIÓN DE LA CIUDAD

Dos años de gobierno de Carmena: gentrificación y especulación en Madrid

De la promesa de desarrollar una ciudad con “responsabilidad social” y “sostenible” a las privatizaciones, especulación y desalojos.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Viernes 26 de mayo | 18:05

A dos años de que Ahora Madrid ganara las alecciones municipales de 2015 en la ciudad de Madrid repasamos algunas de las promesas electorales respecto a políticas urbanas. Tras años de gobierno del Partido Popular en la capital, Ahora Madrid se presentaba a las elecciones como la fuerza "del cambio" con un programa que aspiraba a una gestión “más social" y "para todos" de la capital del Estado. En medio de la crisis y en una ciudad como Madrid, dominada por los escándalos que los años de gestión de los populares habían traído, las ilusiones generadas en decenas de miles de votantes de esta candidatura fueron enormes. Sin embargo, a los pocos días de haber comenzado el gobierno de Manuela Carmena quedaron al descubierto los límites de una gestión "más humana" de las instituciones, pero “respetuosa de la legalidad”, dentro del sistema capitalista. Hoy, a dos años de que el equipo de Ahora Madrid ocupe el edificio de Cibeles, siguen sin cumplirse la mayoría de sus promesas, evidenciada la falta de voluntad política y rotas las ilusiones de grandes sectores de las clases populares que vieron en Manuela Carmena una salida a la crisis, al menos en las cuestiones más estrechamente vinculadas a su ciudad.

Respecto a las grandes promesas de Ahora Madrid como la paralización de los desahucios y desalojos de vivienda, la implementación de verdaderas consultas ciudadanas y referéndums vinculantes, la remunicipalización de algunos servicios o la garantía de los servicios básicos para todos, vemos que el balance es nulo. Ninguna de estas promesas ha sido cumplida a dos años de gobierno.

Pero además de aquellos grandes temas de campaña como la legitimidad de la deuda o la posibilidad de los bancos de desahuciar a familias, el discurso de Carmena se centró mucho en la crítica a la gestión del espacio urbano del PP, al que calificaba como un gobierno para las élites. Una gestión de Madrid que se expresaba en los escándalos urbanísticos y las relaciones de Botella con grandes empresarios y constructores que hacían (y hacen) de Madrid su gran negocio, empezando por el suelo. Tras años de burbuja inmobiliaria, Madrid se había convertido en una ciudad muy rentable para las constructoras y sectores como el turismo y el ocio. El sector inmobiliario que entró en crisis vio en éstos un apoyo para paliar sus pérdidas.

En ese sentido, la gestión del PP no defraudó a los grandes grupos empresariales y a través de la construcción de grandes infraestructuras y la organización de grandes eventos internacionales respondían a una lógica de alimentar al mercado inmobiliario, que generaba grandes oportunidades para inversores. El Madrid de las sucesivas candidaturas a los Juegos Olímpicos o la operación Chamartín en la práctica expresaba un modelo de ciudad que exigía la ‘modernización continua’ para alimentar el mercado inmobiliario. Una modernización focalizada y dirigida a la revalorización de ciertos espacios urbanos, y el abandono de otros. Esta revitalización exigía de la acción institucional gestionando a nivel urbano y desarrollando estrategias que promocionaran y crearan focos culturales, comerciales y de ocio en la ciudad. Siendo ésta una prioridad en las políticas urbanas. Unas estrategias claramente dirigidas a la revalorización, que sufrían los sectores más populares con el encarecimiento de la vivienda, y la cada vez mayor privatización de los espacios públicos.

Una de las promesas de Ahora Madrid era detener la gentrificación esta dinámica de rehabilitación de los barrios con fines únicamente lucrativos y especulativos. Sin embargo, los primeros días de gestión demostraron que la nueva alcaldesa madrileña no pretendía paralizar ni revertir los grandes pelotazos urbanísticos de Madrid.

La operación Canalejas y las privatizaciones del espacio urbano

El primero de los casos fue la operación Canalejas. A pocos días de tomar posesión, Manuela Carmena, la Comunidad de Madrid y el promotor inmobiliario Villar Mir sellaron un acuerdo para la realización de una gran operación especulativa. A dos años de gobierno "del cambio" las grandes operaciones inmobiliarias siguen su curso.

La operación Canalejas daba el pistoletazo de salida a Ahora Madrid como gestora de las grandes operaciones inmobiliarias. El caso del Edificio España es otro de los ejemplos más representativos. En este caso vimos como el anterior propietario de este edificio, el multimillonario chino Wang Jianlin, titular del grupo Wanda, había logrado imponer sus exigencias al Ayuntamiento. Un triunfo que le facilitó desarrollar una gran operación especulativa de la que salió más que beneficiado. Pocos meses después logro (re)vender el edificio por una cifra muy superior. El cinismo del ayuntamiento llega hasta límites insospechados en este caso. Para tratar de evitar la crítica de los vecinos de Madrid que llegaron a recoger más de 68.000 firmas en contra del proyecto, lanzaron una consulta virtual ciudadana sobre cómo reconfigurar el espacio de Plaza España, antesala del Edificio España. Otro ejemplo de cómo gestionar para facilitar la especulación que demuestra las prioridades de Ahora Madrid.

Las privatizaciones de edificios públicos, muchos de ellos históricos, a través de ventas o cesiones, es otro de los grandes logros del PP madrileño, y una línea que ha continuado el equipo liderado por Carmena. Lo veíamos hace pocos días ante la ocupación de uno de los edificios públicos del centro de Madrid, ahora La ingobernable. Ante esta ocupación, Manuela Carmena declaraba que haría cumplir la ley, es decir, devolver a sus "legítimos" propietarios el edifico que les había sido cedido. Pero el ayuntamiento no solo trata de salvaguardar los intereses de contratos y cesiones que ejerció el anterior gobierno de Ana Botella, sino que en estos dos años ha avanzado en la privatización de nuevos espacios. Ejemplo de esto son los planes del ayuntamiento para dos edificios muy reconocidos por los madrileños: el frontón Beti Jai que se encuentra el barrio de Chamberí y el Palacete de los Vargas, situado en la Casa de Campo. Ambos edificios son bienes de interés cultural, y, sin embargo, al igual que el Edifico España, esto no ha supuesto un freno a la hora de privatizar su gestión.

Otro de los casos más significativos que demuestran la falta de voluntad a la hora de gestionar una ciudad más social como prometían es el ejemplo del autogestionado Solar Maravillas. El espacio, situado en el céntrico barrio de Malasaña, barrio símbolo de la gentrificación en Madrid, es desde hace años un lugar de encuentro para los vecinos. A pesar de su supervivencia en los años de gobierno del PP es ahora, con la llegada a Cibeles del equipo de Ahora Madrid, cuando sufre amenaza de desalojo. El solar que es propiedad del ayuntamiento viene siendo reclamado desde hace años por el gobierno de la Comunidad de Madrid para la construcción de un centro de salud. Presión que se ha intensificado en el último año en el marco de las negociaciones iniciadas entre la Comunidad y el equipo de Carmena.

En Madrid, una ciudad que concentra fuertes intereses políticos y económicos, la promesa de un cambio gradual ‘desde adentro’, a través de la acción parlamentaria dentro de las instituciones, se demuestra como una ilusión. Una gestión del espacio urbano y de las infraestructuras más democrática y social choca de frente con los intereses de políticos y económicos de los empresarios y banqueros. Sin cuestionar los intereses de éstos y sin desarrollar una lucha junto a trabajadores y sectores populares entorno a un programa para que la crisis la paguen los capitalistas, cualquier gestión termina manteniendo el estatus quo.






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