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Donnelley: entre la gestión obrera, el discurso oficial y el juez buitre

Esta semana los trabajadores se volvieron a movilizar, mientras llevan más de 45 días de gestión obrera de la empresa gráfica. Los nuevos pasos y los reclamos pendientes.

Sábado 27 de septiembre de 2014 | Edición del día

Hace 45 días que decidieron cruzar los portones y encender las máquinas. Fue un día después que encontraran una carta de la empresa, que les explicaba la “difícil situación que pasaban” y los invitaba a llamar a un 0800 para adivinar su futuro.
Hace 45 días hicieron una asamblea y votaron que iban a defender sus puestos de trabajo como habían aprendido durante años. Hubo debates, claro. La fuerza de los trabajadores es mucho mayor cuando después de discutir todos los puntos de vista salen como si fueran uno solo. Ese día discutieron que iban a poner a funcionar las máquinas. Que las rotativas no iban a parar. Pero que además iban a volver a las calles (de las que nunca se habían ido). Que la producción y la lucha iban a ser las dos patas de la gestión obrera que nacía ese 12 de agosto. Algunos dicen que el consejo vino de lejos, de los ceramistas neuquinos. Que ellos los inspiraron. Que lo escucharon en tantas charlas; pero que sobre todo lo vieron con sus propios ojos. No les podían fallar ahora.

¿Quién enfrenta el fraude de Donnelley?

En medio de la recesión económica, las suspensiones y la crisis de la deuda, Donnelley se convirtió en un caso testigo. La Presidenta habló hasta de la Ley Antiterrorista, aunque terminó denunciando a los jueces por la quiebra exprés y a los gerentes de la multinacional. No mucho más. Por eso, más allá de los discursos, la pregunta es válida. ¿Quién defiende los puestos de trabajo? ¿Quién enfrenta a los empresarios vaciadores, a los que quieren dejar en la calle a cientos de familia?
En los últimos días, los trabajadores dieron una respuesta.

Hace pocos días, los trabajadores se movilizaron al INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social), el organismo nacional que regula las cooperativas. Los directivos del organismo no habían participado de la asamblea constitutiva. En la multitudinaria y ruidosa visita al INAES, Jorge Medina, delegado, exigía “el inmediato reconocimiento de la cooperativa MadyGraf. Nos están poniendo trabas, para así quebrarnos con el hambre”.

Pocos días después obtuvieron el reconocimiento de la cooperativa MadyGraf, aunque dejaron claro que era sólo un paso en su pelea de fondo. “La mejor salida para mantener todos los puestos de trabajo – nos decía otro delegado, René Córdoba – es que el Estado la expropie sin pago y la estatice y la ponga a funcionar bajo la administración directa de los trabajadores. Mientras tanto, hemos decidido funcionar como cooperativa para poder trabajar y cobrar nuestros salarios".
Durante estos 45 días, los trabajadores siguieron produciendo las revistas Para Ti, Billiken, Vanidades, por encargo de Editorial Atlántida. Las tapas de mujeres famosos llegaron a los kioskos, pero no pudieron cobrar por todos esos trabajos.

Sería lo lógico, ¿no?

Sin embargo, el juez Gerardo Santicchia y los síndicos Risso y Plastina, desviaron los pagos de los clientes a quienes los obreros habían realizado trabajos, se quedan con los cheques de los trabajos que ellos entregando, y retiene los fondos que tenía depositada la multinacional.

Si no fuera por la pelea de la Comisión de Mujeres de Donnelley y las organizaciones solidarias, la comida de 1200 pibes habría quedado a merced de un juez comercial. 45 días sin respuesta para el estómago de las familias obreras, 24 horas para una quiebra pedida desde Nueva York. ¿Lo podemos llamar juez buitre? Por lo menos.
A pesar del encendido discurso presidencial y los comunicados de algunas dependencias oficiales, la quiebra fraudulenta sigue su curso. Los únicos que la enfrentan son los obreros.

Por eso este jueves marcharon al Juzgado Comercial de Santichia. Tuvieron que cortar tres horas la Avenida Callao para ser recibidos. La Policía Federal custodiaba al juez buitre. Ante la dureza del reclamo de los trabajadores, el hombre terminó poniendo fechas y plazos para pronunciarse. El martes se expediría sobre el pedido del pago de los salarios y dos días después sobre el pedido de locación para la cooperativa MadyGraf.

Más tarde marcharon al Ministerio de Trabajo, que venía postergando el pago del Repro, subsidio que había aprobado en tiempo récord alguna vez a la patronal.

La firmeza de los trabajadores y sus compañeras de la Comisión de Mujeres, que sostuvieron la movilización bajo una lluvia torrencial frente a la sede ministerial, logró el compromiso de los funcionarios de pagar el subsidio el próximo 14 de octubre.

Esto quedó plasmado en un acta donde además la cartera laboral reconoce que los trabajadores siguen cumpliendo sus tareas (y por lo tanto deberían cobrar sus sueldos), cuestión que le achica el margen político al juez Santichia para seguir dilatando la liberación de los pagos por la producción realizada y el consiguiente cobro de los salarios.

Gestión obrera, ¿para qué?

Los trabajadores tienen bronca con la justicia que siempre apaña al patrón, y al gobierno que habla pero pone trabas a la gestión obrera. Pero aprendieron en estos años quién manda en los tribunales, qué es el Estado, y quienes ocupan hoy los sindicatos. Como dice Monchi, “estamos creciendo en nuestra conciencia política y nos vamos dando cuenta para dónde patean el gobierno y el sindicato”.
La versión periodística de una “cooperativa Nac & Pop” no es más que eso, un cuento salido de una redacción. O un despacho. Los empresarios, con su conciencia de clase tan afinada, lo tienen más claro. "Hubo varios compradores, y todos ponen la misma condición, nadie va a comprarla con una comisión interna de trotskistas", dijo a I-Profesional el titular de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (Faiga) y dirigente de la UIA, Juan Sacco.

A su manera, uno de los referentes de la experiencia de Donnelley les responde. Dice Eduardo Ayala que “es cierto, peleamos por la expropiación/estatización bajo gestión obrera, además de demostrar que los obreros podemos producir sin patrones, luchamos para poder poner al servicio de la sociedad nuestra fábrica, para que todos los hijos de los trabajadores y de los sectores más humildes puedan acceder a la educación y la cultura”. No es un discurso. Es una exigencia al Estado, por eso al Ministerio de Trabajo le reclamaron esta semana que imprima sus materiales en MadyGraf, como lo hacía antes con la empresa norteamericana. Pero también es un gesto concreto: van a imprimir 10.000 cuadernos escolares para los alumnos de las escuelas de Tigre.

Ayala, como sus compañeros, se entusiasma por cada paso que dan. Pero tiene claro que el camino es mucho más largo. “La solución definitiva no la encontraremos aislados en la fábrica sino uniéndonos con el conjunto de los trabajadores. Queremos que nuestra fábrica se convierta en un polo organización de los trabajadores que salen a luchar en la zona norte del Gran Buenos Aires. Queremos ayudar a recuperar los sindicatos y barrer a la burocracia sindical. Queremos luchar por un mundo nuevo, sin explotación, donde todos seamos libres”.

Con todas las trabas que enfrentan, estos 45 días han sido un paso hacia esos sueños y convicciones que han madurado en todos estos años de lucha.




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