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Donde mueren las mariposas: Un policial feminista

Hoy recomendamos la ópera prima de Belén Longo, Donde mueren las mariposas. La novela fue publicada por Ediciones Futurock, luego de que resultara premiada entre más de 466 trabajos. Un policial con una investigadora que no hace concesiones. Un policial bastante feminista.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Miércoles 16 de septiembre | Edición del día

Hoy vengo con otra (relativa) novedad editorial. Los tiempos de la pandemia aceleran o aletargan todo. Es la opera prima de Belén Longo.
Fue la premiada, entre 466 escritos que recibió el jurado del Premio Novela Futurock en 2019, con Gabriela Cabezón Cámara, Juan Diego Incardona y Mariana Enríquez. Estuvo entre las 15 finalistas y se llama Donde mueren las mariposas.

Belén Longo es una abogada que, un poco cansada del mundo de la casta tribunalicia y sus burocracias, decidió hacer justicia por mano propia y se dedicó a escribir.

En una entrevista, dice que siempre tuvo “el sueño de transformar algo del mundo, desde muy chiquita, creo que por eso estudié Abogacía. Me parece que el error fue que me metí en un mundo que justamente quiere seguir consolidando lo que ya existe”.

La novela, de casi 200 páginas, ubica su mundo de ficción en el norte argentino, precisamente, Salta. Es un relato velocísimo, que invita a leerla de un tirón.
Allí, se sitúa el relato, cuando la investigadora y protagonita, se trasladada luego de que su oficina en Bs As fuera el blanco de un atentado para intimidarla, por las investigaciones y las causas vinculadas al narcotráfico. Allí, también, la mujer se dedicará a tratar de resolver algunos casos complejos.

La protagonista se llama Laura. Es un poco antisocial, directa y frontal. Combina la investigación sobre un cadáver hallado y no reconocido, con la pesquisa por la desaparición de María Emilia Farrell, esa joven de Buenos Aires que llegó a la provincia como diseñadora buscando trabajo y desapareció en pleno trayecto, como si se la hubieran tragado los cerros.

Con sus investigaciones, Laura molesta. Como dice el fiscal salteño, Laura no entiende que “aquí son todos amigos”, viven en los mismos barrios cerrados, van a los mismos clubes de tenis, de golf, comparten las mismas fiestas. Son los dueños del poder y sus familias. Y Laura, que lo sabe, investiga.
El caso al que Laura se aboca tiene puntos de conexión con el de María Cash. La joven diseñadora que se fue al norte con la promesa de trabajo de un amigo y nunca más apareció. Su papá, falleció en un accidente de tránsito en la ruta, mientras seguí pistas de una investigación por su propia cuenta. La investigación que debiera haber realizado la justicia y la policía.

Daniel Link, un teórico y crítico argentino, dice que la literatura es una máquina que fabrica o procesa percepciones y le inventa un nombre, llama a la literatura, “perceptrón”. Dice que el perceptrón, o sea la literatura, como artefacto puede ser pensado, a través de sus géneros, como matrices de percepción, que permiten analizar el modo en que una sociedad determinada se imagina a sí misma. Y la literatura policial es una de esas matrices.

Otra cosa interesante que señala Daniel Link, en El juego de los cautos (un librito interesante donde compila artículos sobre el género policial de autores diversos entre los que está Mandel, Gramsci, Benjamin), es que el policial, desnuda el carácter ficcional de la verdad cuando esta es construida desde la política donde “el juego silencioso de los cautos” que se juega a puertas cerradas y entre un numero limitado de jugadores.
Link se refiere a la estructura estatal (del estado burgués, sociedad en la que el género policial encentra su origen histórico) en la que están inmersos la justicia, la policía, los funcionarios y los dueños del poder.

Y ese entramado es el que la literatura policial, como esta novela, ponen sobre la mesa de disección para sacar conclusiones. En la literatura policial, se pone en juego la relación entre crimen, ley (o estado), verdad y justicia. Pero que haya ley, no significa que haya verdad, ni mucho menos justicia.

Allí es donde se mete Belén Longo con su novela, Donde mueren las mariposas. Conocedora por profesión de los vericuetos de ese poder que debería ser el que administra la justicia pero se lleva mejor con el encubrimiento, la heroína, una muchacha de 1,80 mts, audaz y un poco dura para el registro de sus propios sentimientos, despliega una investigación que, como los mejores ejemplares del género negro, hasta la pondrán en peligro a ella misma.

Es interesante la “torsión” que empieza a aparecer en la literatura argentina y sus cruces con el género policial, porque parece que las investigadoras, frente a la corrupción policial que ya caracteriza y hace inverosímil a la policía investigando, comienza a ser verosimil la investigación de los crímenes por parte de mujeres que buscan hacer justicia.

En esto me recuerda un poco a la Verónica Rosenthal, la periodista detective de las novelas de Sergio Olguín una de cuyas novelas, Las extranjeras, también se va al norte para descubrir la verdad del caso de las turistas francesas asesinadas en Salta.
Ambas protegonistas, son contradictorias, humanas, se equivocan, suelen ser también víctimas de la violencia machista que investigan, y se paran desde una fortaleza que intuyo, tiene características históricas.

El fiscal quiere darle algunos detalles de la nueva investigación, esta vez sin muertos. Se trata de María Emilia Farrell, una piba de Buenos Aires que se vino a vivir al norte y que hace un par de días no manda noticias ni a su familia, ni a sus amigos, ni al amigo con el que se iba a encontrar acá. Desapareció. Se la tragó el valle.
El fiscal menciona dos posibles razones sobre el destino de la piba. Puede ser que haya venido a mulear, cambió de plan y del cagazo fue a esconderse a otra provincia. Puede ser que simplemente no quiera ver a nadie, que no se deje encontrar. Vaya a saber en qué boludez andaba. Ninguna de sus teorías menciona las palabras violación, abuso, golpes, cualquier cosa que haya transformado su cuerpo en un pedazo de carne tirada al monte. Tampoco habla de trata
.”

La opera prima de Belén Longo, de algún modo, viene a poner, con un excelente ritmo narrativo, blanco sobre negro a la conocida historia de las investigaciones sobre las redes de trata que termina, casi siempre con la impunidad. Eso sí, por suerte, las mujeres hemos aprendido a señalar con el dedo a los culpables y no conformarnos con la justicia sólo en la ficción.







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