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Donald Trump y López Obrador: "good friends"

El anuncio de la visita del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a Washington, para entrevistarse con su par estadounidense, despertó un revuelo político y mediático.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Jueves 25 de junio | 20:25

López Obrador rápidamente, como es su costumbre, justificó el encuentro. Afirmó que el viaje está relacionado con el arranque del nuevo Tratado México-Estados Unidos- Canadá (T-MEC), e hizo hincapié en que es un momento oportuno en pos de la reactivación económica en curso. AMLO no dejó de plantear que quiere agradecer a Donald Trump por el apoyo a México, en particular por el suministro de respiradores, y habló de la relación de amistad que existe con Estados Unidos. El presidente estadounidense le correspondió y habló de él como “un buen tipo”.

Buenos amigos

Para algunos, el acercamiento construido desde 2018 entre AMLO y Trump fue una novedad no esperada, considerando el sesgo progresista que intentó asumir el presidente mexicano y el historial xenófobo y racista del magnate estadounidense.

Sin embargo, su amistad se basa en la aceptación, por parte de López Obrador, de todas y cada una de las exigencias provenientes de la Casa Blanca, en particular en materia migrante y económica.

Los amedrentamientos y desplantes de Trump fueron cuidadosamente pasados por alto y traducidos por AMLO y su canciller Marcelo Ebrard a un lenguaje diplomático aceptable. Las amenazas se convirtieron así en “amables ofrecimientos”, como presentó López Obrador el anuncio de una posible intervención en el norte de México a fines del año pasado.

Cada arrodillamiento ante Washington fue anunciado como una decisión soberana del país, por ejemplo cuando la Guardia Nacional debutó reprimiendo a los migrantes centroamericanos.

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En plena pandemia, el gobierno mexicano aceptó la deportación expedita de decenas de miles de connacionales y las violaciones a los derechos humanos más elementales por parte de la administración estadounidense, que instauró medidas aún mas restrictivas contra los migrantes y suspendió en los hechos el derecho de asilo. Pero la sumisión no se detuvo allí. Colaboró en la deportación de decenas de miles de migrantes centroamericanos. Hoy en Norteamérica hay dos muros: uno a la altura del río Bravo y el otro al sur, en el río Suchiate, con dos llaves y el mismo dueño.

Algunos quieren encontrar las causas de esta buena relación en que ambos serían “populistas” confrontados con el establishment de cada país.

Más bien se inscribe en las coordenadas de la relación bilateral, signadas por la dependencia y subordinación económica y política. mismas que son cruzadas por los acuerdos comerciales y la integración productiva transnacional; y por que ser el patio trasero de los EE UU hizo de México la muralla de Trump contra la migración, a la vez que un aplicador sumiso de la llamada “guerra contra las drogas” desplegada durante las últimas décadas por demócratas y republicanos.

La retórica progresista de AMLO se acaba entonces cuando se trata de reafirmar la sumisión al imperialismo yanqui, heredada de los sexenios anteriores pero que, en la actual situación de crisis, se está profundizando.

Razones y entretelones del encuentro

La anunciada visita no se puede entender sin considerar que AMLO requiere afianzar las relaciones con la Casa Blanca, en un momento en que la economía mexicana es de las más golpeadas a nivel internacional -con una contracción esperada del 10,5% para el 2020, millones de desempleados en puerta y una cierta caída de su popularidad- mientras lo único que crece son los contagios y los fallecimientos por la Covid-19.

Para eso, no duda en entrevistarse con Trump y darle así un espaldarazo en plena campaña electoral, en momentos en que éste enfrenta las movilizaciones más importantes de su mandato, encabezadas por jóvenes y trabajadores afroamericanos, que recorren la mayoría de los estados motorizadas por el Black Lives Matter. AMLO tampoco dice nada de la anunciada suspensión del programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), un nuevo ataque contra los migrantes y en particular contra los llamados “dreamers”. Y que esto es la más reciente expresión de una política constante, xenófoba y racista, contra los migrantes.

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Este nuevo gesto de sumisión de Lopez Obrador busca apuntalar la reactivación económica que mira al norte y al nuevo T-MEC. Motivo por el cual también impulsó un apresurado y criminal reinicio de actividades en la industria maquiladora y automotriz, que provocó cientos de muertes obreras. La visita a Washington -su primera salida al exterior desde el 2018- es todo un gesto. Sin duda, López Obrador busca obtener algo a cambio, en respuesta a la mayor subordinación y las alabanzas a la Casa Blanca.

A la par, distintos analistas sostienen que este encuentro será también provechoso para el presidente de los EE. UU. Trump enfrenta un proceso electoral complicado, cruzado por la rebelión antirracista, en un contexto signado por la crisis económica y el cuestionamiento ante su política sanitaria, Además, está impulsando una agenda xenófoba -como la mencionada en torno al DACA- para afianzar el apoyo de su base social reaccionaria, que podría encontrar como respuesta mayor repudio en la comunidad latina y migrante.

Presentarse junto al presidente de México -país que aporta el 60% de los migrantes establecidos de su territorio-, a quien además “felicitó” por sus medidas en torno a la reactivación económica y quien le “agradeció” el apoyo ante la crisis sanitaria, es una política que busca fortalecer su propia posición. Y lo hace sin ceder un ápice en su retórica agresiva que exige la subordinación de México a las necesidades imperialistas.

No son pocas las voces que le piden a AMLO que busque una cumbre trilateral, con la asistencia del primer ministro canadiense, Justin Trudeau. O que le sugieren reunirse también con Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia, para mostrarse como equidistante en la disputa electoral.

Más allá de estas recomendaciones para que AMLO mantenga su “sana distancia” con Trump, la visita a la Casa Blanca es una nueva muestra de subordinación al imperialismo estadounidense, congruente con la política económica que está llevando adelante el gobierno de la Cuarta Transformación, privilegiando los intereses de las grandes trasnacionales en plena pandemia.

Ante eso, es fundamental levantar una perspectiva antiimperialista y anticapitalista a ambos lados de la frontera, impulsando la unidad internacionalista de las y los trabajadores mexicanos con la clase obrera multiétnica estadounidense, frente a los gobiernos capitalistas e imperialistas.

Esto implica, en primer lugar, apoyar enérgicamente los derechos de los migrantes centroamericanos, caribeños y mexicanos -empezando por el libre transito y el acceso a la salud y el trabajo en México y EE. UU.- así como impulsando la solidaridad con la gran rebelión encabezada por los jóvenes y trabajadores afroamericanos al interior del imperialismo estadounidense. Eso como parte de una perspectiva, internacionalista y antiimperialista, como la que sostenemos desde el Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas de México.







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