Internacional

PRIMARIAS EN ESTADOS UNIDOS

¿Donald Trump presidente?

El multimillonario Donald Trump acaba de alzarse en Nevada con la tercera victoria consecutiva en las primarias republicanas. ¿Será finalmente el candidato del partido republicano?

Jueves 25 de febrero de 2016 | Edición del día

Esta vez Trump ganó de manera más que contundente, con una diferencia de 22 puntos con el segundo, el senador por Florida Marco Rubio.

Con su estilo de millonario demagogo, Trump festejó eufórico su triunfo en las primarias de su partido en Nevada ante una multitud reunida en el casino Treasure Island de Las Vegas.

Esta victoria electoral lo deja con amplias posibilidades para el “Supermartes”, el próximo 1 de marzo, cuando se realizarán de manera simultánea 14 primarias principalmente en los estados del sur. El “Supermartes” es el primer escalón decisivo, de allí surgirán gran parte de los delegados para la convención partidaria de julio que nominará al candidato presidencial. La otra gran definición será el 15 de marzo en Florida donde el candidato que gana se lleva todos los delegados porque no hay proporcionalidad.

Con el fiasco de Jeb Bush, que se retiró de la contienda después de las primarias de Carolina del Sur, el establishment republicano se quedó sin candidato propio. Ahora tratará de proyectar a un candidato que represente los valores conservadores del partido republicano y que pueda enfrentar al Trump. Aparentemente el elegido por un club selecto de aportantes a la campaña republicana y de operadores, entre quienes se encuentran los hermanos Koch y el conocido buitre Paul Singer, sería el senador Marco Rubio, un ex “insurgente” del Tea Party. Sin embargo, remontarlo no va a ser sencillo. El hombre no ganó ninguna de las cuatro primarias hasta ahora, mientras que su rival, Ted Cruz, al menos tiene la victoria de Iowa para ilusionarse.

Todavía no hay estrategia clara que supere la fragmentación del partido republicano, que para simplificar, se podría decir que quedó dividido en tres alas: la “puritana” de Ted Cruz que sobreactúa los valores cristianos y ultraconservadores, ligado al Tea Party; la del “mainstream” de Marco Rubio que funge de moderada aunque Rubio surgió como figura del Tea Party; y la de Donald Trump, un demagogo en ascenso que se transformó en la voz de extrema derecha del descontento y la bronca de un sector importante de la población a la que Trump le dice que la causa de su frustración son los inmigrantes, los musulmanes o China, pero nunca una clase capitalista de la que él es parte, que les hizo pagar los costos de la Gran Recesión.

La receta del éxito de Trump por ahora es sencilla: detectó el estado de ánimo levantisco de sectores de la base republicana, una alianza de grandes millonarios con pequeños patrones junto a franjas de la clase media baja, que ya dio lugar a otros engendros por el estilo como el Tea Party. Esta base ruidosa está harta de los políticos como la dinastía de los Bush.

Trump descubrió que lo políticamente incorrecto paga, al menos en el electorado republicano. Sus “soluciones” parecen simples: construir un muro en la frontera con México (y hacer que lo paguen los mexicanos), expulsar a los musulmanes, liquidar programas gubernamentales de asistencia a sectores de menores recursos para reducir el déficit (en un país donde unos 48 millones dependen de ayuda alimentaria estatal); bajar el impuesto a las corporaciones. En síntesis un programa nacionalista demagógico para devolverle la “grandeza” a Estados Unidos. Lo que se dice un demagogo. En eso se parece a otros fenómenos de extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia.

La clase dominante norteamericana que tiene dos partidos, el republicano y el demócrata, ve con espanto el ascenso de Trump. No porque no adhiera a políticas de derecha, sino por el solo hecho de que un personaje de estas características con un discurso abiertamente racista y sexista aparezca como un contendiente serio para disputar la presidencia de la principal potencia mundial.

Por derecha Trump y por izquierda el fenómeno de Bernie Sanders en el partido demócrata muestran la polarización social y política que dejó como herencia la crisis económica y que licúa el consenso de centro establecido entre demócratas y republicanos. La carrera hacia la Casa Blanca en ambos bandos aún tiene final abierto.







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