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Domingo de Pascua: ¿por qué comemos huevos de chocolate?

Chiquitos, grandes, enormes, con confites, con sorpresa, de chocolate blanco, negro. Decenas de formas y gustos con una sola cosa en común se comen el Domingo de Pascua. Aquí te contamos por qué.

Sábado 15 de abril | Edición del día

Hoy Domingo de Pascua, en la mayoría de los hogares argentinos y en muchos de otros lugares del mundo se comerán huevos de Pascua, pero seguramente sean pocos los que conozcan el origen de esta costumbre, que hoy en el siglo XXI se ha convertido en una tradición de masas, más allá del marco religioso que le dio origen.

Para la religión católica el Domingo de Pascua (día de la resurrección de Jesus) es parte del Triduo Pascual, y el que pone fin a la Semana Santa que incluye al Jueves y Viernes Santo, días en los que se conmemora la muerte de Cristo; Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro.

Mirá también: La Pascua y la constitución de la Iglesia Católica

Actualmente según dictan los preceptos de la Iglesia Católica, esta prohibido el consumo de carnes rojas solo el Viernes Santo. Pero en la antigüedad, siglo IV según algunas fuentes, las restricciones en lo que hace a los alimentos eran mayores, incluían a los lácteos y los huevos y las mismas no se limitaban al Viernes Santo sino que continuaban luego de la cuaresma hasta el Sábado Santo inclusive.

Fue justamente está prohibición la que fundó la costumbre de regalar huevos, originalmente de gallina u otros animales, el Domingo de Pascua día en el cuál dejaba de regir la prohibición del consumo de los mismos. También se conoce que la elección del huevo se debe a que el mismo, en varias culturas, es símbolo de vida y fertilidad lo cuál se liga a la nueva vida que implica la resurrección de Jesús.

Fue en el siglo XII, que la Iglesia adoptó la costumbre de regalar huevos como símbolo de resurrección a la salida de la misa de Pascua.

Si bien en la actualidad en algunos países se mantiene la costumbre de regalar canastas con huevos de gallina o pavo pintados o colereados con diversos motivos, mayoritariamente se han trocado los huevos de gallina por huevos de chocolate. En la Argentina, según estadísticas, el Domingo Santo es uno de los dos días del año en el que se consume más chocolate, el otro es la Navidad.

Esta es la historia de la tradición de los huevos de pascua desde que la Pascua se constituye como celebración religiosa, la cuál se institucionaliza en el Concejo de Nicea del año 325. Pero la misma como ya hemos contado en este medio “hunde sus raíces en las culturas paganas de los pueblos germánicos y anglosajones que celebraban con ritos vinculados a la naturaleza el cambio de estaciones. Así la Pascua como fecha de la resurrección de Jesús estaba asociada al festival de Eostre, la diosa germánica de la primavera y la luz, celebrada en el equinoccio de primavera después de la luna llena. La festividad se extendía durante una semana, aunque non tan sancta, con motivo del renacer de la vida dejando atrás la cepa de los fríos inviernos europeos. De esas costumbres se distinguió el conejo como símbolo de la fertilidad y los huevos coloreados traduciendo el esplendor de los rayos del sol que renace”.

Como tantas otras costumbres cristianas, ésta hunde sus raíces en diversas costumbres sociales, método a través del cual el cristianismo logró darle un nuevo significado, en pos de “evangelizar”, a las celebraciones paganas.








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