Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

Docentes del Instituto Nº1: carta abierta a la comunidad de Avellaneda

El texto que sigue fue elaborado de manera conjunta por docentes del Instituto Superior de Formación Docente N°1 de Avellaneda reunidos en asamblea. Plantean que como formadores de formadores, ven la necesidad reflexionar sobre la lucha que están llevando adelante. Además, convocan a participar en la Marcha Federal. Reproducimos la carta.

Martes 21 de marzo | 07:00

Carta abierta a la comunidad del ISFD N°1

El texto que sigue fue elaborado de manera conjunta por docentes del Instituto Superior de Formación Docente N°1 de Avellaneda reunidos en asamblea. Como formadores de formadores, sentimos la necesidad de reflexionar colectivamente sobre el reclamo que venimos sosteniendo en el último mes con nuestras y nuestros estudiantes, docentes en formación.

En virtud de los hechos acontecidos en el último mes, referidos al conflicto educativo con la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y el ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, y frente a la desinformación mediática y la campaña de desprestigio por parte del actual gobierno, sentimos la obligación de comunicar a nuestros estudiantes en particular y al conjunto de la sociedad en general:

1. Que el salario de un/a docente que se inicia estará por debajo de la línea de pobreza

El salario inicial de una docente en la provincia de Buenos Aires es de $9.800. Para cubrir las necesidades básicas (alimentación, vivienda, abrigo) una familia necesita $13.323,62. Según cifras del INDEC, una familia cuyos ingresos no supera este monto correspondiente a la canasta básica total es pobre.

Circulan sobre los docentes afirmaciones que no son ciertas, prejuicios fundados en la ideología de los sectores dominantes de nuestra sociedad y que son utilizados para alimentar el odio de clase hacia los trabajadores docentes, como que “solo trabajamos cuatro horas” o que la mayoría de los docentes ganamos más que esa cifra porque contamos con más de un cargo. Pero esto no es realmente así. Por ejemplo, es muy difícil para un profesor de secundario que recién se inicia acceder a un cargo en una escuela: se convierte entonces en un docente “taxi” que debe “correr” de un lado a otro para poder dar clases, en ocasiones, por apenas un par de horas. Pensemos además: ¿Cuánto tiempo dedicamos los docentes a tareas de planificación, diagnóstico y evaluación fuera de nuestros horarios laborales? ¿Cuántas veces los docentes de la escuela pública nos hacemos cargo de la ausencia del Estado solventando de nuestros bolsillos el dinero para los materiales que las familias de nuestros estudiantes no pueden comprar? ¿Cuántas veces debemos lidiar con situaciones conflictivas, que sin ser exclusivamente escolares, requieren de nuestra intervención? Y esto es porque vivimos en una sociedad que le exige a la escuela todo tipo de contención y respuestas y porque sabe que los docentes estamos ahí, sosteniendo a los chicos y a sus familias.

A contramano de las declaraciones públicas de la vicepresidenta, Gabriela Michetti, son muchísimos los docentes -mujeres en su mayoría-, que sostienen en soledad sus hogares. De ese salario depende el alquiler, el pago de impuestos y el alimento de sus hijos. También omite la vicepresidenta el hecho de que el tarifazo brutal de los servicios elementales, que este gobierno ha llevado adelante eliminando los subsidios para los usuarios, así como la escalada inflacionaria de los últimos meses (producto de las mismas medidas que este gobierno ha tomado) han convertido la paritaria, no en un reclamo de aumento salarial sino de resistencia frente al poder adquisitivo que los docentes hemos perdido.

Por eso es que los trabajadores históricamente reclamamos que el salario mínimo de un docente sea igual a la canasta familiar por cargo. Porque es la única manera de visibilizar que todo el trabajo que realizamos sea reconocido y remunerado.

2. Que la lucha no es sólo por el salario

Lo que se reclama al actual gobierno es el cumplimiento del artículo N° 10 de la Ley Nacional de Financiamiento Educativo. Éste exige el llamado a paritaria a nivel nacional para establecer el salario mínimo debajo del cual no puede cobrar ningún docente del país.

Una paritaria es la reunión de los representantes de los trabajadores (sindicatos) y de representantes del gobierno (Ministerio de Educación, de Trabajo, de Economía…) en un pie de igualdad, para decidir mejoras en salarios, condiciones de trabajo, salud y aprendizaje de los alumno/as, infraestructura, equipamiento, entre otras. La ley de paritarias representa una conquista muy importante de los trabajadores que evita arbitrariedades y decisiones unilaterales de los empleadores.

Además, la paritaria establece un fondo nacional para acudir en auxilio de las provincias que no puedan pagar los salarios docentes y es la responsable del pago y aumento correspondiente del FONID (Incentivo docente) que es una suma reducida aportada por el Gobierno Nacional a todos los docentes del país.

También es importante señalar que desde agosto de 2016 los docentes estamos esperando para dialogar sobre la cláusula “gatillo” que las propias autoridades se habían comprometido a cumplir y aun así, sin ser citados, sin ser oídos, sin atender las demandas del colectivo, seguimos adelante con nuestro reclamo dando clases normalmente.

Recordemos también que la Ley de Educación N° 26.206 proclama a la misma como un bien público y un derecho que deben estar garantizados por el Estado. Entonces, lo que se pide al gobierno no es ni más ni menos que esto: que cumpla con la ley que hoy está incumpliendo y que a los trabajadores de la educación nos costó tanto conseguir. Pensemos: si un gobierno se maneja de esta manera, aún con la fuerza y la convocatoria que tenemos los trabajadores de la educación ¿qué le queda al resto de los trabajadores, muchos de ellos sin siquiera posibilidad de agremiarse, más que esperar el abierto y total avasallamiento de sus derechos?

En materia de ausencia del Estado nos preocupa seriamente el desmantelamiento sistemático de programas tales como Orquestas Infantiles, Centro de Actividades Infantiles y Juveniles, el Programa Jóvenes y Memoria entre otros lugares, espacios y propuestas para generar un destino diferente en nuestros niños, niñas y adolescentes.

Por último en relación al Programa Nuestra Escuela del Instituto Nacional de Formación Docente (INFD) destacamos que la resistencia de los educadores ha permitido sostener algunas de las propuestas que se venían desarrollando. Sin embargo, se está buscando desandar y reorientar la agenda de la formación expulsando de ella problemáticas tales como los Derechos humanos, las Pedagogías latinoamericanas, la Educación Sexual Integral y la Educación Intercultural Bilingüe (entre otros).

3. Que la desvalorización de la profesión docente busca encubrir y justificar las políticas de vaciamiento de la educación pública

La campaña de los “voluntarios” impulsada en las redes sociales por empleados de call center del gobierno (también llamados trolls), busca reforzar las ideas socialmente instaladas de que la docencia es una profesión de menor valor que las demás y que los trabajadores de la educación somos gente escasamente formada y fácilmente reemplazable, tanto como que nuestras tareas podrían realizarse por cualquier ciudadano, aunque éste no tuviere ningún tipo de formación pedagógica. También se muestran como expertos en pedagogía muchos operadores políticos que detentan el rol de “periodistas”. De forma maliciosa e irresponsable, disfrazada de neutralidad y objetividad periodística, omiten comunicar aspectos fundamentales del conflicto educativo, con el espurio fin de manipular la opinión pública en favor de este Gobierno.

Es preciso señalar que esta desvalorización persigue, además, un fin aún más vil: el de generar un clima de consenso social para justificar el desmantelamiento de la educación pública y de las políticas de inclusión y acceso para los sectores más olvidados: la clase trabajadora y los sectores populares. También, busca enfrentarnos con las familias de nuestras comunidades, quienes saben a ciencia cierta que sus maestros y maestras son los que están a diario en la escuela sosteniéndola frente a tamaña ausencia del Estado Nacional.

“Otra vez los chicos sin clases” y las imágenes de las aulas vacías construyen semióticamente la idea de un abandono, de una escuela pública que no enseña, que “es un desastre”, con maestras “egoístas” y poco afectas al empleo que casi disfrutan tomando a los chicos como rehenes. Mientras tanto, conductores inescrupulosos exhiben y exponen a niños para que opinen sobre el conflicto mientras pseudoperiodistas, serviles a los dueños de los medios en los que trabajan, ponen en cuestión la legitimidad de dirigentes sindicales elegidos democráticamente.
Es nuestro deber como educadoras y educadores, pensar críticamente estos discursos, tomando distancia de ellos para poder desarticularlos y promover una educación que ayude a pensar el rol central que poseen los medios de comunicación hegemónicos para manipular a las audiencias en función de sus intereses.

4. Y que como reza la consigna, "Docente luchando, también está enseñando"

Que la clase a la que pertenecemos, la clase trabajadora, nada ha logrado en la historia sin tener que arrancarlo a los sectores dominantes con lucha, sangre y vida. Que la historia de la Educación es también la historia de las luchas sociales: la lucha por el acceso y la defensa de la escuela pública para todos y todas sin importar clase social, etnia o género.

En su libro Pedagogía de la autonomía, el brasileño Paulo Freire escribe: "La lucha de los profesores en defensa de sus derechos y de su dignidad debe ser entendida como un momento importante de su práctica docente, en cuanto práctica ética. No es algo externo a la actividad docente, sino algo intrínseco a ella. El combate en favor de la dignidad de la práctica docente es tan parte de ella misma como el respeto que el profesor debe tener a la identidad del educando, a su persona, a su derecho de ser”.

Imprescindibles fueron para la educación pública aquellas maestras y maestros que entendieron la necesidad de luchar por otro mundo posible, un mundo más justo e igualitario para todos. Así lo entendieron los docentes de la histórica marcha blanca del año 88 y los que instalaron la carpa blanca en el 97, que tuvo como protagonistas a cientos de maestros ayunando. Estuvieron también los maestros cuando la crisis del 2001 dejó a casi la mitad de los ciudadanos de nuestro país revolviendo la basura para poder comer. Para esas familias todas las instituciones de nuestra sociedad estuvieron cerradas. Todas, salvo la escuela.

El maestro y dirigente sindical Isauro Arancibia fue el primero de los 30.000 estudiantes y trabajadores desaparecidos por la sangrienta última dictadura militar. El 19 de diciembre de 2001 el educador popular Claudio Hugo “Pocho” Lepratti fue fusilado en el comedor de la escuela número 756 «José M. Serrano» de Las Flores, un humilde barrio del sudoeste rosarino. Antes de recibir los balazos mortales gritó: “Bajen las armas que aquí solo hay pibes comiendo”. El docente neuquino Carlos Fuentealba fue fusilado durante una protesta docente el 4 de abril de 2007. Todavía hoy los responsables políticos de su fusilamiento presionan a la Justicia para quedar impunes.

Cuando los trabajadores docentes paramos no solamente hacemos valer el “derecho a peticionar a las autoridades” plasmado en el artículo 13 de la Constitución Nacional. Cuando los trabajadores docentes paramos le estamos enseñando a nuestros estudiantes que es fundamental la pelea por nuestros derechos. Que cuando los trabajadores de la educación nos encontramos en una marcha, en una asamblea, en una clase pública, sabemos que no estamos solos. Que a una cultura que exalta el individualismo, los maestros le oponemos la solidaridad. Y que en nuestra sociedad capitalista, la educación pública no es algo susceptible de ser comprado ni vendido.

Italo Calvino una vez escribió: «Un país que destruye la escuela pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la educación, las artes o las culturas, está ya gobernado por aquellos que sólo tienen algo que perder con la difusión del saber».
Los trabajadores de la educación lo sabemos. Por eso estudiantes y docentes permanecemos unidos en esta lucha. Y, mal que le pese a nuestros gobernantes, nos une el vínculo de nuestras convicciones, un lazo imposible de romper.

Docentes y estudiantes del ISFD Nº1 convocamos a participar todo/as juntos de la Marcha Federal Educativa. Miércoles 22 de marzo, 10 horas, nos juntamos en Plaza Alsina. Marchamos a Plaza de Mayo.






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