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Dirigentes sindicales: un pasado verde oscuro

Las declaraciones de Barrionuevo a favor de la dictadura fueron ampliamente rechazadas. Pero, como el gastronómico, varios dirigentes oficialistas tienen una historia ligada al Proceso.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Jueves 11 de junio de 2015 | Edición del día

Las declaraciones formuladas por Luis Barrionuevo durante la jornada del pasado martes diciendo que, a diferencia del gobierno actual, con la dictadura se podía negociar causaron, como no podía ser de otra forma, una profunda y extendida indignación.

La afirmación hizo que muchos referentes y medios oficialistas salieran a descalificar el paro por los dichos del dirigente gastronómico. Desde la izquierda, que llamó al esta medida de fuerza con una postura independiente, rechazaron abiertamente estas afirmaciones de Barrionuevo.

Sin embargo, las críticas desde el progresismo ven la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Muchos de los dirigentes que hoy integran el riñón del oficialismo tienen en su haber un pasado verde oscuro por sus vínculos con la misma dictadura o con dirigentes estrechamente ligados a la misma.

La patria sindical

En 1983, ya lanzado a la carrera presidencial, Raúl Alfonsín denunció un “pacto sindical-militar”, expresando la continuidad que existía por parte de una fracción no menor de dirigentes sindicales desde la Dictadura.

Mientras el movimiento obrero sufrió la represión de manera brutal, con miles de desaparecidos, muchos de sus dirigentes, incluso a pesar de haber sufrido detenciones, fueron activos colaboradores en la represión sobre los trabajadores de base. Ya lo habían sido en el gobierno de Isabel Perón, cuando aportaron a la constitución de la Triple A.

Barrionuevo, que hoy apoya electoralmente a Sergio Massa, fue uno de ellos. Su historia gremial comenzó a inicios de la década del ‘70 de la mano de Casildo Herrera, el secretario general de la CGT que, un día antes del golpe, tomó un avión para salir del país y, al ser interrogado sobre lo que ocurría en Argentina, simplemente contestó: “Ah, no sé, yo me borré”.

En 1979 Carlos Valladares, delegado militar, designó a Barrionuevo delegado normalizador en la obra social de los gastronómicos. Así empezó su ascenso. Su simpatía por los militares no tiene entonces porqué sorprender.

En los años 90’ Barrionuevo se hará un menemista explícito y conquistó una porción no menor de fama cuando afirmó "tenemos que dejar de robar por lo menos 2 años".

Y por casa como andamos…

En el campo de los sindicalistas oficialistas no es difícil encontrar dirigentes que tuvieron una relación no menos estrecha con la dictadura o con los dirigentes que negociaron directamente con los militares.

Antonio Caló fue el “sucesor natural” de Lorenzo Miguel cuando falleció. Según, Laura Vales en una nota publicada en 2004, “se conocieron a fines de los ’60 porque trabajaban en la misma fábrica, una planta de Pirelli en el barrio de Mataderos. Miguel era 23 años mayor que Caló. En 1972, después de ganar la conducción de la UOM, le ofreció un cargo de asesor en el gremio. Desde entonces, cada vez que Miguel ganó una elección, Caló ascendió en su carrera sindical (…) a nadie sorprendió que tras la muerte del caudillo, Caló fuera considerado su sucesor natural”.

Por esos tiempos, Lorenzo Miguel iba preso con la dictadura, pero su cercanía con el genocida Emilio Massera le permitía quedar libre. Ignoramos la situación exacta de Caló por esos tiempos, pero su ligazón con Miguel fue previa y continuó con la democracia.

Una de espías

Gerardo Martínez, actual titular de la UOCRA, es uno de los dirigentes más cercanos al gobierno. Junto a Caló y Andrés Rodríguez (UPCN) fue parte de los que hace pocas semanas corrieron a firmar por un 27% de aumento, tal como lo pedía el gobierno nacional y el ministro Kicillof.

Gerardo Martínez tuvo sus inicios en el área del espionaje. Por ese entonces, se lo conocía como Gabriel Antonio Mansilla y era agente encubierto del Batallón 601, el mismo en el que revistió Milani, actual jefe del Ejército.

En 1978, el teniente coronel Pedro Coria fue su pase de entrada a las fuerzas represivas. Quien lo apadrinaba había participado en el Operativo Independencia en los años anteriores. Posteriormente, cuando se produce la intervención en la UOCRA de Capital Federal, de la mano de Juan Alejo Farías, Martínez avanzaría más casilleros en la burocracia sindical de la construcción. A partir de 1990 dirige la UOCRA.

El amigo Ricardo

Ricardo Pignanelli es parte de la conducción del SMATA desde mediados de los años ‘80. En el año 1979 ya era delegado de Mercedes Benz, la misma planta donde entre abril de 1976 y agosto de 1977, entre 13 y 20 trabajadores fueron secuestrados, llevados a los centros clandestinos de detención y asesinados. Según todos los testimonios Pignanelli nunca hizo nada por sus compañeros desaparecidos.

En el enorme conflicto de Lear que tuvo lugar por más de 9 meses desde mediados del 2014, la conducción del SMATA atacó con métodos brutales a los trabajadores que luchaban por su reincorporación y a su comisión interna. Desde solicitadas en los diarios atacando claramente a la izquierda hasta el uso abierto de patotas, como se vio hace pocos días, cuando Damián González fue atacado por uno de los delegados afines a la conducción con un cutter, lo que le provocó heridas cortantes.

Hoy Pignanelli es uno de los dirigentes sindicales más cercano al poder político kirchnerista. Las fotos junto a Cristina Fernández abundan.

El amigo de Macri

El “Momo” Venegas (UATRE) entró a la militancia sindical en el año 1968. Lo hizo en la Juventud Sindical Peronista (JSP) de la zona de Mar de Plata. La misma donde estaba Hugo Moyano y está acusada de haber sido parte de los sectores que proveyeron de cuadros a la Triple A.

Con la vuelta de la democracia se dedicó a garantizar que los empresarios del campo gozaran de las ventajas del trabajo infantil y tuvieran la ventaja de utilizar el Estatuto para trabajadores rurales establecido en la última dictadura. Hoy apoya a Mauricio Macri.

Una continuidad asegurada desde el poder

No se puede achacar solo al kirchnerismo la continuidad de dirigentes sindicales burocráticos como los que hemos mencionado. Los Barrionuevo, Caló, Moyano, Pignanelli y Martínez, junto a muchos otros, son la demostración más cabal de que la clase capitalista argentina y los políticos que gestionan sus intereses, sostienen a aquellos dirigentes que fueron funcionales a su estrategia de imponer mayores condiciones de explotación sobre la clase trabajadora.

Los avances en estas décadas en la división de las filas obreras, la continuidad de la precarización laboral, la existencia de un piso a la desocupación, nunca perforado, y la falta de derechos sindicales para un porcentaje gigantesco de la clase trabajadora, no podrían haberse dado sin una colaboración enorme de esas conducciones burocráticas alineadas, esencialmente, con el peronismo.

Hoy ocurre lo mismo. Cuando se trata de garantizar techos salariales, suspensiones y despidos o, simplemente, atacar a los delegados combativos y la izquierda, esos dirigentes cumplen un enorme rol, más allá de su pasado.

En este escenario, el desarrollo de una corriente combativa y de izquierda, aún minoritaria pero importante, al interior del movimiento obrero, -como se vio en los piquetes de este martes-, es un punto de partida para una reconfiguración del movimiento obrero. Reconfiguración que permita echar efectivamente a esos dirigentes sindicales y refundar estas organizaciones para la lucha por el conjunto de las demandas de la clase trabajadores y el pueblo pobre.







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