Política

ENTREVISTA

Diego Escolar: “Desde los 90 la Gendarmería es la garante de la gobernabilidad armada”

El investigador del Conicet acaba de publicar un libro donde cuenta el origen, la historia y el presente de la fuerza elegida por todos los gobiernos para reprimir a trabajadores y pueblos originarios.

Daniel Satur

@saturnetroc

Sábado 28 de julio | Edición del día

Diego Escolar es licenciado y doctor en antropología por la Universidad de Buenos Aires, investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Cuyo. Investigó sobre poblaciones de frontera y sobre identidades e historia indígena (huarpes y mapuches) y la relación de esas comunidades originarias con el Estado.

Desde hace veinte años investiga sobre la historia, la composición y las políticas estatales de la Gendarmería Nacional, la fuerza represiva “estrella” que tanto el gobierno de Mauricio Macri como sus antecesores prefirieron a la hora de reprimir huelgas obreras, piquetes y protestas encabezadas por los pueblos originarios.

El 14 de diciembre pasado, el mismo día en que la fuerza verde oliva, por órdenes de Patricia Bullrich, sitiaba el centro porteño y reprimía una manifestación popular en rechazo de la reforma previsional (con decenas de heridos y detenidos -algunos incluso que no eran manifestantes-), salía a la calle el libro Gendarmería. Los límites de la obediencia (Editorial SB). Al ver los sucesos por televisión, Escolar, autor del libro, pensó que se había quedado corto con algunas definiciones que había volcado en esas 150 páginas.

En una charla con La Izquierda Diario el antropólogo y docente explica algunas de las razones que lo llevaron a publicar el libro. También desentraña la histórica relación genocida entre la Gendarmería y los pueblos originarios. Y obviamente analiza el papel cumplido por la institución en uno de los hechos más destacados de su historia criminal: la desaparición y muerte de Santiago Maldonado.

La “gobernabilidad armada”

¿Cómo fue tu recorrido hasta la publicación del libro?

  •  El grueso de mi investigación sobre la Gendarmería lo hice a principios de la década pasada, en el marco de un proyecto más amplio sobre las memorias de la represión, que dirigió la socióloga e investigadora Elizabeth Jelin. Investigando sobre Gendarmería abordé los cambios producidos en la fuerza sobre todo en la segunda mitad de los 90. Después, durante un tiempo dejé ese trabajo y me dediqué a otros temas.

    Pero frente al caso Maldonado, y habiendo dejado mucho material sin publicar en su momento, vi la necesidad de decir algo. Además porque prácticamente no había investigaciones académicas que trataran específicamente a esa fuerza. Cuando pasó lo de Maldonado sentí que había muchos elementos e hipótesis que en su momento había analizado y que se estaban confirmando. Me llevó más o menos dos meses actualizar algunas cuestiones y finalmente publicamos el libro.

    En el libro marcás claramente un cambio histórico-político producido en la Gendarmería en los 90

  •  Sí. Durante los 90 se produjeron algunos cambios importantes en el organigrama de las fuerzas de seguridad en general y en la Gendarmería en particular, que pasó a ocupar un rol muy importante que antes no tenía. Había empezado a crecer en cuanto a poder como fuerza propiamente dicha y en cuanto a la estima que le dispensaba el poder político.

    Pero eso a su vez chocaba, por un lado, con una serie de consensos políticos tácitos y por otro lado con leyes promulgadas en el marco de la recuperación democrática.

    Sintéticamente era una fuerza que empezaba a actuar de forma simultánea en dos campos que habían sido bien diferenciados: la defensa y la seguridad interior. La Gendarmería era una fuerza que tenía estado militar y a su vez actuaba en varios terrenos de la seguridad interior.

    Eso yo lo vi como una violación clara de las leyes de Defensa y de Seguridad Interior. Era como que Gendarmería estaba ocupando sin ningún problema un rol que le había sido negado a las Fuerzas Armadas después de 1983. Algunos decretos de finales de los 80 y principios de los 90, junto al traslado de Gendarmería de la órbita del Ministerio de Defensa al del Interior, hicieron que tanto esa fuerza como la Prefectura empiecen a ser utilizadas para intervenir en ciertos casos de seguridad interior. Lo que pasa es que esos ciertos casos eran, básicamente, la represión en conflictos sociales, que eran la "preocupación" de la época.

    Vos definís que desde los 90 a esta parte, todos los gobiernos la ubicaron en el lugar de garante de la “gobernabilidad armada”. ¿Qué sería la “gobernabilidad armada”?

  •  En la época de Menem poner a Gendarmería y a Prefectura en ese lugar fue la “solución” a varios problemas políticos. De allí que se convirtieron, de alguna manera, en garantes de la “gobernabilidad armada”, que era la visión que había sobre cómo afrontar una situación social que se les escapaba de las manos y ya no podían contener con las fuerzas tradicionales, con la Policía. Así pasaron a ser la principal fuerza de represión de los movimientos piqueteros y otras organizaciones que se manifestaban.

    Y hay otro elemento que es importante. El gobierno de entonces también se apoyó en la Gendarmería para afrontar o contrarrestar otro problema que afectaba la gobernabilidad: la autonomía mafiosa de policías como la Bonaerense, la Federal. No olvidemos que ambas fuerzas están sospechadas de tener participación en los atentados terroristas de la Embajada de Israel, de la AMIA y otros crímenes. Mientras se intervenía recurrentemente a las policías la Gendarmería empezaba a cumplir tareas de patrullaje urbano y también era utilizada para investigar a las otras fuerzas, con peritajes forenses que determinaban culpabilidades de miembros de las policías.

    Entonces la gobernabilidad armada sería la idea de que el sistema político no se sostenía sin esa capacidad represiva militarizada sobre la sociedad.

    ¿Qué implicancias políticas y represivas tiene ese doble juego de la Gendarmería, de actuar en defensa y a la vez en seguridad interior?

  •  La principal implicancia es que hay una fuerza militar que puede hacer seguridad interior, incluyendo inteligencia. Y luego de la dictadura había un consenso básico acerca de que eso no podía suceder. Se instaló (y pasó) la falsa idea de que los gendarmes no son las Fuerzas Armadas, cuando en realidad nunca perdieron su estado militar. En la práctica eso significa que se terminó militarizando la política de seguridad interior, con una gran capacidad (que es histórica) de hacer inteligencia por parte de esa fuerza.

    Eso es más peligroso aún cuando los sucesivos gobiernos le fueron dando a esa institución más poder de fuego, más presupuesto, avales políticos extraordinarios (como los que se le están dando ahora) y funciones en cada vez más áreas. Lo que a su vez le da más capacidad de presión y negociación con el poder político.

    Odio originario

    De acuerdo a lo que investigaste, ¿cómo explicarías el ataque sistemático cargado de una alta dosis de odio de la Gendarmería a las comunidades originarias? ¿Siempre fue así?

  •  En verdad no creo que los gendarmes tengan mayor rechazo u odio hacia los pueblos originarios que los que tiene un gran sector de la sociedad argentina. En todo caso se puede decir que sí fue clave desde los orígenes de la Gendarmería su funcionalidad represiva hacia los pueblos originarios. Eso yo lo explico bastante en el libro. Sobre todo en el norte argentino ha producido masacres comprobadas. Pero no fue la única que masacró gente, sean pueblos originarios, obreros en huelga u otros grupos. Más bien creo que la actitud de los gendarmes hacia esas poblaciones originarias se inscribe en una política de Estado, no escrita pero esencial desde la propia formación estatal, que marca una relación de prácticas genocidas hacia esas poblaciones y que reaparecen cada tanto. En todo caso la Gendarmería está colocada en esa línea de ataque de parte de una clase social o una élite (como la que representa el gobierno de Macri) contra los pueblos originarios.

    De acuerdo a lo que pudiste comprobar, ¿cómo es esa relación (histórica) entre el rol represivo a los indígenas, a los pobres y a la clase trabajadora y la propia extracción social de muchos gendarmes que vienen de esas franjas de la población?

  •  Muchos de los reclutas de Gendarmería son de zonas donde hay indígenas o incluso ellos mismos lo son. Eso es algo que lo vemos también en la Policía, donde muchos de los reclutados provienen de los mismos barrios a donde después van a reprimir. Yo creo que una de las principales preocupaciones y motivaciones para ingresar en esas instituciones, y que las mismas instituciones favorecen, es una especie de búsqueda de cambio de identidad, de reformateo de la identidad de esas personas que imaginariamente pasan a ocupar una escala superior y diferenciada de aquella de donde provienen. Es como si entrar a la Gendarmería y a la Policía te hace dejar de ser un “negro villero”, un “chorro” o un “indio”, aunque hayas nacido en esos mismos lugares.

    En ese sentido, a veces enfatizar el insulto o la violencia sobre ese “otro” es una manera de reafirmar que no se es como él. Eso es muy fuerte. Y en la Gendarmería eso pasa mucho, más allá de que haya órdenes específicas de reprimir a tal o cual comunidad.

    Y a su vez, paradójicamente, hay como una especie de secreta identificación con ese legado que hace que muchos gendarmes hagan gala del conocimiento profundo que tienen de esas comunidades sobre las que se sienten superiores. Al tener algo de esa cultura, el gendarme es el que más cerca está de ella y el que “algo bueno” puede extraerle. En muchas identidades latinoamericanas está marcada la figura del bravo indio antecesor de la Patria. En Chile, por ejemplo, mientras se reniega del mapuche real (al que se considera bruto y atrasado) se habla de la “bravura del araucano” como un rasgo nacional. Bueno, lo mismo pasa con muchos gendarmes.

    El maquillaje y el marketing

    En el libro hablás de que ese salto producido en los 90 también implicó un cambio de imagen y de discurso sobre su propio pasado. ¿Cómo es la relación de la Gendarmería con su pasado genocida? ¿Alcanza con que protagonicen “misiones de paz” de la ONU para acallar los gritos de las víctimas?

  •  Contrariamente a la “autocrítica”, simbólica, de Martín Balsa sobre lo hecho en la dictadura, en los 90 la Gendarmería lo que hizo fue tratar de borrar su imagen represiva y su participación en el genocidio. Se intentó mostrarla como una fuerza profesional, despolitizada y que incluso casi no había tenido protagonismo en la represión ilegal. Hubo una especie de marketing en los discursos públicos. Los gobiernos hablaban de la Gendarmería como si no hubiera estado comprometida en esa represión y en las publicaciones de la misma fuerza se decía reiteradamente que eran “soldados de la ley”.

    También en los 90 se incorporaron en sus planes de estudio cursos de derechos humanos y por esa época empezaron a cumplir un rol importante en las llamadas "fuerzas de paz" internacionales.

    Incluso en el Museo de la Gendarmería ellos mismos eliminaron toda referencia a su pasado de represión interna y se mostraban en cambio sus logros en las misiones internacionales, luchando contra dictadores y ganándose el aprecio de la gente de otros países.

    Si bien cuesta pensar todo eso como una metodología muy pensada y elaborada, sí creo que hubo una estrategia de la propia Gendarmería y del Gobierno para intentar despegarse de ese pasado reciente que la ubicaba como parte del genocidio de la dictadura. Es como si hubiera habido un pacto desde entonces donde la Gendarmería era la encargada de garantizar la gobernabilidad armada a cambio de blindarla ante eventuales juicios por delitos de lesa humanidad y ayudarla a cambiar la imagen ante la sociedad. Y a cambio, también, de mayor presupuesto.

    Y eso cruzó a todos los gobiernos, ¿no? Desde Menem hasta Macri

  •  Sí, claro. Durante los gobiernos kirchneristas, por ejemplo, se duplicó la dotación de la Gendarmería, pasando de 17 mil efectivos en 2004 a 34 mil en 2014. Y nunca dejaron de actuar en seguridad interior ni mucho menos dejaron de hacer inteligencia interna.

    El Proyecto X es una muestra de eso. Incluso durante el gobierno de Cristina se dio el caso del "gendarme carancho" contra los trabajadores de Lear en la Panamericana

  •  Claro. Aún en un gobierno con un discurso y algunas políticas en materia de derechos humanos se dio esa, llamémosle, contradicción. La colocación de (el secretario de Seguridad Sergio) Berni al mando de esas fuerzas, como la de (César) Milani al frente del Ejército, son sin dudas aspectos muy oscuros de la administración kirchnerista.

    Así la Gendarmería pasó a ser una fuerza estrella, con más gente, más presupuesto y mayor poder político. Pero con la paradoja de que cuanto más poder se le dio y más se la hizo crecer se la terminó exponiendo cada vez más. Y eso no le favorece mucho a esa imagen que tanto les costó construir.

    Maldonado: el quiebre

    En el libro planteás que el Caso Maldonado produjo un quiebre en esa estrategia implementada desde 1983. La Gendarmería ahora quedó manchada

  •  Sí. Cuando hablo de que el caso produjo un quiebre, con todo lo relativo que en la historia política puede significar la idea de quiebre, me refiero a que es un caso muy difícil de remontar para la Gendarmería, incluso en la percepción de la población. Exponerse tanto como una fuerza represiva, incluso con violaciones a la ley muy flagrantes, entrando en lugares sin orden judicial, mostrando cómo encubren un hecho, etcétera; creo que todo eso expresa un quiebre.

    En la introducción del libro yo hablo del Caso Maldonado pero aún no se había encontrado el cuerpo de Santiago, con lo cual me cuidaba muy bien en el lenguaje para no arriesgar un veredicto ni nada por el estilo. El cuerpo apareció cuando estaba terminando de escribir e incorporé ese dato al final del libro. Por los tiempos editoriales el libro salió a la calle justo el día en que Gendarmería reprimió en el Congreso (14 de diciembre). Fue como si lo que había escrito se hubiera quedado corto.

    La Gendarmería obviamente obedece órdenes, de Patricia Bullrich en este caso. Pero también, como cualquier institución, puede negociar o morigerar ciertas órdenes cuando no quiere cumplirlas del todo. En este caso aceptó gustosa, tal vez como una renovación de ese pacto con este Gobierno.

    Más allá de qué haya sucedido específicamente con Santiago aquel 1° de agosto (lo que aún es materia de investigación) ¿coincidís en que Gendarmería fue protagonista central de un crimen de Estado?

  •  Como decís, la investigación todavía no terminó y aún no podemos decir a ciencia cierta que la Gendarmería desapareció a Maldonado por un tiempo. Pero yo creo que sí se cometió un crimen de Estado, más allá de la desaparición de Maldonado mismo. En las acciones represivas que hizo la fuerza contra las comunidades, ahí y antes del caso Maldonado, en la forma de extralimitarse en sus funciones, entrando en las comunidades, pegándole a la gente, torturándola.

    Personalmente, no creo que haya sido toda la Gendarmería la que tuvo una responsabilidad en la desaparición de Maldonado. Pero no tengo dudas que sí la tuvieron algunas líneas internas de la fuerza, con mucho poder tanto adentro como con llegada al Gobierno. Y no solo en la desaparición sino en el encubrimiento posterior. La Gendarmería como institución y el Gobierno mismo, más allá de que haya sido un hecho buscado o que se les fue de las manos, trataron de encubrirlo por todos los medios. Eso para mí configura la idea de un crimen de Estado.

    Hay algo notable y no he visto que se repare mucho en eso. Tantos los hechos del caso Maldonado como el resto de las represiones de Gendarmería de un tiempo a esta parte tienen un aspecto teatral. Hay toda una coreografía de la represión, donde no importa tanto el palo que se le pegue en la cabeza a un manifestante sino lo que eso dice, el mensaje hacia el resto de la sociedad. Es como un mensaje mafioso, con acciones violentas para generar sensaciones en la población, ya sea miedo o incluso más discriminación hacia ciertos grupos. Y hay cosas del caso Maldonado muy coreográficas en ese sentido. Pienso en la aparición del cuerpo en un lugar bien visible, donde antes se lo había buscado y no estaba, cuatro días antes de las elecciones y, encima, el día de la lealtad peronista, el 17 de octubre. Eso a mí me hace sospechar mucho. Es como si hubiera aparecido por una decisión.

    Este artículo fue publicado originalmente el 3 de marzo de 2018







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