Política

ENTREVISTA

Diana Lenton: “La campaña regresiva contra el pueblo mapuche promueve la violencia racial”

La antropóloga, docente, investigadora y especialista en la cuestión de los pueblos originarios en Argentina aporta su punto de vista sobre la campaña antimapuche en curso.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Sábado 19 de agosto | Edición del día

La ministra Patricia Bullrich y otros funcionarios, junto con muchas empresas periodísticas, han salido con un discurso contra una supuesta “República mapuche”. ¿Ésta idea se corresponde con las reivindicaciones de las comunidades que conforman el pueblo mapuche?

  •  No. Las reivindicaciones de las organizaciones giran en torno a la conformación de un Estado plurinacional y cultural, es decir, donde no se viva en la ficción de una sociedad homogénea, sino que se visibilicen las diferencias y se considere un cierto margen de autodeterminación.

    Esta autodeterminación no es un capricho ni un reclamo disolvente, sino que por el contrario se deriva del cumplimiento de las normas internacionales a las cuales adhirió la Argentina, como el Convenio 169 de la OIT, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, la Declaración de Naciones Unidas sobre los Pueblos Indígenas, etc. Con esto quiero decir que son el Estado argentino y sus instituciones nacionales y provinciales los responsables del cumplimiento de las normas que ordenan, por ejemplo, realizar la llamada Consulta Previa a las comunidades, a través de sus autoridades, cuando se quiere por ejemplo explotar un recurso (petrolero, minero, hídrico, forestal, turístico) dentro de los territorios indígenas.

    A través de este mecanismo, las comunidades pueden empezar a decidir cómo vivir en sus territorios, aceptando o no la incursión de empresas estatales o privadas en ellos. Es un principio de autoridad mínimo, que no implica secesión, sino por el contrario garantizar una relación basada en el respeto mutuo, y es lo que se ha acordado en tribunales internacionales como un principio deseable.

    La propia Constitución Nacional, a partir de 1994 ordena en su artículo 75º inciso 17: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan (…)”.

    Esto implica, por un lado, el reconocimiento de su carácter de pueblos, lo que involucra un reconocimiento de su historia, su entidad política, sus tradiciones, sus derechos, en un nivel superior que el reconocimiento de las comunidades o poblaciones. Son pueblos, como el pueblo argentino.

    Por otra parte, hay una lista de reclamos de larga data que la Constitución, en este artículo, reconoce y ordena resolver: educación, política, territorio, economía, ecología… Al reconocerlos como pueblos preexistentes, les reconoce el derecho a la “participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan”.

    Todos los pueblos indígenas que hoy habitan el territorio argentino vienen reclamando que los sucesivos gobiernos cumplan el precepto constitucional. Sin embargo, el abuso de poder persiste en incumplir lo pautado y convertir a las víctimas de la negligencia en victimarios.

    En concordancia con su carácter de pueblos preexistentes, algunas organizaciones han desarrollado otras propuestas que implican cierto nivel de autonomía: un ejemplo de ello es el desarrollo del Nor Feleal, el Derecho tradicional mapuche, que está atravesando un proceso de reconocimiento por parte de la provincia de Neuquén.

    Este proceso se da en paralelo con el de creación de espacios interculturales, en salud, en educación, o en el uso del espacio público, en los que se comparte actividades y contenidos en forma más equitativa. No obstante, tanto las actividades y espacios interculturales como las que tienden a mayor autonomía, tienen en común que son instancias reparadoras, resultado de procesos de reconocimiento, y por lo general surgen a instancias de los mapuche. En ese sentido, los mapuche son los que reclaman a los gobiernos el cumplimiento de sus propias leyes, y a la vez constituyen un sector progresivo dentro de la sociedad argentina.

    No hay nada en los reclamos de las organizaciones mapuche ni de otros pueblos indígenas que vaya en contra de los principios democráticos y de los consensos sociales; por el contrario, los hemos visto apoyando las mejores causas que atraviesan a la sociedad en general.

    Otro argumento muy utilizado contra los mapuches para deslegitimar sus reclamos ante el Estado argentino es que son un pueblo originario pero de Chile. Este argumento no es inocente y tiene también su propia historia, ¿nos podés contar sobre ella?

  •  Efectivamente, dicho argumento fue “fabricado” a fines del siglo XIX en el contexto del avance militar del estado nacional sobre la frontera indígena, para justificar frente a la opinión pública una operación militar y forzar su aprobación en el Congreso.

    Cuando decimos que un pueblo es originario nos referimos a que el mismo existía en la región antes de la llegada de los españoles. La conquista por parte de Europa de territorios en otros continentes y el establecimiento sistemático de colonias es un proceso histórico que atravesó el globo y cambió su estructura para siempre.

    En todos los Estados independientes que hoy, varios siglos después, son resultado de procesos de conquista, colonización y descolonización, como es el nuestro, y todos los demás países de América por ejemplo, la estructura social presenta una clasificación primaria entre los descendientes de los conquistadores y los descendientes de los vencidos. Más allá de las diferencias que se van a producir a partir de las políticas de diversidad diferentes que cada Estado republicano implemente, la marca de la expansión colonial continúa vigente. Por eso, en base a su carácter clave, la conquista europea es el momento histórico que se utiliza para clasificar a quienes estaban “antes” o “después”. Aquellos pueblos que estaban “antes” de la Conquista y sus descendientes actuales son los llamados “originarios”.

    El carácter de originario se refiere al pueblo como entidad social, política e histórica, no a la especie. Esto hay que aclararlo porque en los últimos días se han leído y escuchado interpretaciones malintencionadas que intentan ridiculizar el concepto de pueblos originarios remitiendo al proceso de poblamiento americano a través de Behring o la Polinesia. No se trata de atribuir un origen americano a la especie humana en el caso de ningún pueblo, sino de reconocer el hecho tan evidente de la presencia de algunos pueblos en el continente antes que otros.

    Al reconocerse la preexistencia de los pueblos originarios en América, se reconoce también que ellos existen antes de la Conquista, antes de la Independencia y por lo tanto antes del establecimiento de las fronteras nacionales.

    En el caso de los mapuche, la frontera entre Argentina y Chile, que se definió en la Cordillera recién en 1899, los dividió por la mitad. Entonces, las personas mapuche hoy en día pueden ser argentinas o chilenas en tanto ciudadanos, según su lugar de nacimiento; pero el pueblo mapuche en sí no es ni chileno ni argentino, ya que es previo.

    El fantasma de la extranjería de los mapuche, que algunos agitan para justificar el racismo y la violencia, no tiene en cuenta en todo caso, que del otro lado de la cordillera son igualmente extranjeros por los mismos motivos.

    Y en cuanto a las nacionalidades individuales, vale la pena advertir que el último Censo de Población nos muestra que un 94 % de los mapuche que habitan de este lado de la cordillera son ciudadanos argentinos y viven en la misma provincia en la que han nacido.

    Por último, una parte elemental del reconocimiento a los pueblos es el reconocimiento de su propio nombre. En el caso de los mapuche existe una discusión bastante curiosa, acerca del nombre que se dan a sí mismos, ya que algunos proponen que “en realidad” se llaman araucanos, por lo cual la utilización del término “mapuche” denotaría la falsedad de su identidad. Es bastante obvio que el término “araucano”, acuñado por el soldado y poeta español Alonso de Ercilla, no podía ser el que utilizaran los mapuche para llamarse a sí mismos antes de la conquista. Por el contrario, corresponde utilizar el nombre de “mapuche” que es el nombre del conjunto que engloba a otras identidades locales como puelches, pehuenches, guluches, moluches, picunches, chaziches, rankulches y muchas otras.

    En base a tu trabajo de investigación: ¿cómo definirías la relación del Estado argentino con los pueblos originarios, en el pasado y en la actualidad?

  •  Después de la conquista violenta de sus territorios y del genocidio cometido contra sus poblaciones, la relación del Estado argentino con los pueblos originarios -la llamada “política indígena” o “política indigenista”- ha pasado por distintas etapas, a medida que iba madurando también la relación de los gobiernos con la ciudadanía en general.

    La recuperación de la democracia en 1983 fue clave para el inicio de una etapa de reconocimientos y para la implementación paulatina de políticas de afirmación de derechos. Estas políticas fueron consecuencia principalmente del desarrollo de las organizaciones de los propios pueblos indígenas, que lograron establecer diálogos y acuerdos que no hubieran surgido sólo por iniciativa estatal. Cada derecho conquistado fue producto de una larga lucha previa.

    En estos últimos tiempos, sin embargo, y acompañando una tendencia regresiva general, que avanza en desmedro de derechos conquistados por la ciudadanía en muchos niveles, nos encontramos con el avance de discursos promotores de la violencia racial, justificadores del genocidio de la Conquista, negadores de la riqueza cultural de los pueblos originarios, negadores de su propia existencia y ocultadores de los derechos que por ley les corresponden.

    Es muy importante mantenerse alerta y no dejar pasar el negacionismo y los intentos de retrotraer las políticas indígenas a las etapas anteriores de la historia, para prevenir la realización de un nuevo genocidio.








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