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Dialéctica y marxismo: Lenin

Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con un repaso de los Cuadernos Filosóficos del dirigente de la Revolución Rusa.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 16 de octubre | Edición del día

El 4 de agosto de 1914 los diputados del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán votaron a favor de los créditos de guerra en el parlamento. Para los marxistas internacionalistas, se imponía la necesidad de reagrupar a aquellos que se oponían a la guerra así como un rearme teórico, estratégico y programático. La II Internacional estaba en “bancarrota”. El movimiento obrero alemán no era, como había soñado Engels, el heredero de la filosofía clásica alemana, sino la carne de cañón del nacionalismo imperialista. En ese contexto, Lenin realizó una serie de lecturas que le permitieron revalorizar la importancia de la dialéctica, en especial la de Hegel, para el pensamiento marxista; así como la del clásico de la teoría de la guerra y la estrategia Karl von Clausewitz. Nos referiremos particularmente a las primeras.

En la biblioteca pública de Berna (Suiza), Lenin se dedicó al estudio de una serie de obras de filosofía. Esto resulta interesante en primer lugar porque si bien Lenin consideraba que el marxismo había sido una superación del punto de vista de la filosofía tradicional, el estudio de obras como las de Hegel, Feuerbach o Aristóteles demostraba que esa “superación” no es algo realizado de una vez y para siempre sino que debe pensarse en constante recreación, sobre todo desde el punto de vista que interesaba a Lenin: la comprensión de la dialéctica para la comprensión y transformación de la realidad.

El primer libro resumido por Lenin durante septiembre-noviembre de 1914 es el texto de Feuerbach Exposición, análisis y crítica de la filosofía de Leibniz destacando la crítica materialista de Feuerbach y los elementos de dialéctica presentes en el pensamiento de Leibniz. Subraya en especial, la relación entre individuo e infinito a través del concepto de “mónada”, concepto clásico de la filosofía que se usaba para definir el principio de unidad del ser y que Leibniz resignificó planteando la idea de sustancias espirituales autónomas dotadas de automovimiento, la idea de que “todo en la naturaleza es analógico” y el principio de interconexión de los fenómenos. Respecto de Feuerbach, Lenin ya había estudiado sus Lecciones sobre la esencia de la religión en 1909.

Casi paralelamente, entre septiembre y diciembre de 1914, Lenin resumió la Ciencia de la Lógica de Hegel. Luego, en 1915 resumiría las Lecciones de Historia de la filosofía, que en realidad es una obra no publicada en vida del autor, sino póstumamente y confeccionada por los discípulos de Hegel en base a anotaciones de sus lecciones.

La lectura de estas obras permitió a Lenin desarrollar una serie de reflexiones sobre la cuestión de la dialéctica. Entre algunas de sus principales definiciones podemos destacar, primero, la idea de la dialéctica como una lógica cuyas formas son inseparables de los contenidos, exigencia que Lenin reconoce en Hegel y que reformula en los siguientes términos:

“La lógica no es la ciencia de las formas exteriores del pensamiento, sino de las leyes del desarrollo ’de todas las cosas materiales, naturales y espirituales’ es decir, del desarrollo de todo el contenido concreto del mundo y de su cognición, o sea, la suma total, la conclusión de la historia del conocimiento del mundo”.

Partiendo de esta definición general y en la medida en que avanza en el resumen del trabajo de Hegel, Lenin define la dialéctica de modo más específico:

“La Dialéctica es la teoría que muestra cómo los contrarios pueden y suelen ser (cómo devienen) idénticos; en qué condiciones son idénticos, al transformarse unos en otros, por qué el espíritu humano no debe entender estos contrarios como muertos, rígidos, sino como vivos, condicionales, móviles, que se trasforman unos en otros”.

Este movimiento del pensamiento, para Lenin se caracteriza por una especial forma de construir los conceptos teóricos:

“Multilateral y universal flexibilidad de los conceptos, una flexibilidad que llega hasta la identidad de los contrarios; tal es la esencia del asunto. Esta flexibilidad, aplicada subjetivamente= eclecticismo y sofistería. La flexibilidad, aplicada objetivamente, es decir, si refleja la multilateralidad del proceso material y su unidad, es la dialéctica, es el reflejo correcto del eterno desarrollo del mundo”.

En la misma línea de análisis, al resumir el comienzo del Segundo Libro de la Ciencia de la Lógica que trata sobre la “doctrina de la esencia”, Lenin afirma:

“Si no me equivoco, hay mucho misticismo y vacía pedantería en estas conclusiones de Hegel, pero la idea básica es genial: la idea de la conexión universal, multilateral, vital, de todo con todo, y el reflejo de esa conexión –Hegel puesto cabeza abajo en forma materialista– en los conceptos humanos, que también deben ser tallados, trabajados, flexibles, móviles, relativos, mutuamente vinculados, unidos en opuestos a fin de abarcar el mundo. La continuación de la obra de Hegel y de Marx debe consistir en la elaboración dialéctica de la historia del pensamiento humano, de la ciencia y la técnica”.

Este rescate del pensamiento de Hegel llevaría a Lenin a plantear conclusiones lapidarias contra los marxistas de su tiempo (y de las últimas décadas del siglo XIX). Señala que Plejanov debatió contra los kantianos y el agnosticismo en general desde un punto de vista materialista vulgar más que dialéctico y que: “Es completamente imposible entender El capital de Marx, y en especial su primer capítulo, sin haber estudiado y entendido a fondo toda la Lógica de Hegel. ¡Por consiguiente, hace medio siglo ninguno de los marxistas entendía a Marx!!

En el mismo sentido, en el “Plan de la dialéctica (Lógica) de Hegel” que es un comentario al índice de la “pequeña Lógica”, es decir, la Lógica de la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, Lenin señala que Marx no nos legó una Lógica con mayúsculas pero sí la lógica de El Capital, obra a la que aplicó la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento.

Otra de las cuestiones que le interesaría a Lenin es la relación entre la dialéctica de los conceptos y la del desarrollo de las teorías filosóficas y científicas. En sus resúmenes de las obras de Hegel hace algunas observaciones al respecto, pero es en un comentario crítico escrito también durante 1915, sobre el libro de Lasalle La filosofía de Heráclito, el oscuro de Éfeso, donde señala:

“Miles de años han pasado desde el momento en que nació la idea de ‘la conexión de todas las cosas’; ’la cadena de las causas’. Una comparación de cómo han sido entendidas estas causas en la historia del pensamiento humano ofrecería una teoría indiscutiblemente concluyente del conocimiento”.

Y más adelante sostiene que la filosofía griega indicó en sus propios desarrollos esbozos para la historia de de las distintas ciencias, la historia del desarrollo mental del niño, la historia del desarrollo animal, la historia del desarrollo del lenguaje, más la psicología, más la fisiología; y que en todos esos campos debe construirse la teoría del conocimiento y la dialéctica. Estas afirmaciones, en especial las relativas al desarrollo mental del niño, que en Lenin eran intuiciones, coinciden con los posteriores trabajos realizados por estudiosos como Piaget o Vigotsky y han sido destacadas por un intelectual de la talla de Rolando García en su trabajo El conocimiento en construcción. De las formulaciones de Jean Piaget a la teoría de sistemas complejos, publicado por Ed. Gedisa en 2009.

En 1915, en el marco de estas lecturas, Lenin escribe el texto Sobre la cuestión de la dialéctica, que sintetiza de algún modo estas reflexiones, destacando que “la idea de La división de un todo único y el conocimiento de sus partes contradictorias […] es la esencia (uno de los “esenciales”, una de las principales, si no la principal característica o rasgo) de la dialéctica. Precisamente así formula también Hegel el asunto. […] La condición para el conocimiento de todos los procesos del mundo en su ’automovimiento’, en su desarrollo espontáneo, en su vida real, es el conocimiento de los mismos como una unidad de contrarios. El desarrollo es la ’lucha’ de contrarios”.

Esta identificación de la “unidad de contrarios” y el “automovimiento” como piedras de toque de la dialéctica no tuvo consecuencias unicamente teóricas. No es muy difícil encontrar una fuerte afinidad entre esta lectura de la dialéctica y el planteo estratégico de Lenin de “transformar la guerra imperialista en guerra civil contra la propia burguesía”.

En manos de Lenin, como en las de Marx, que consideraba El Capital como un misil lanzado a la cabeza de los burgueses, la dialéctica se vuelve un arma, que el líder bolchevique utilizaría en la propia coyuntura de la guerra buscando desarrollar una corriente revolucionaria con posiciones como las planteadas en El Socialismo y la Guerra (en el que dicho sea de paso se ve claramente la influencia de Clausewitz) o La Bancarrota de la II Internacional.

Una vez de regreso en Rusia, Lenin pelearía para orientar al Partido y los sectores más activos de la clase obrera hacia la lucha por el poder, con planteos estratégicos concretos muy bien sintetizados en textos como las Tesis de Abril o El marxismo y la insurrección.

Esta relectura teórico-práctica de la cuestión de la dialéctica realizada por Lenin es en sí misma una gran respuesta al recurrente interrogante de “para qué sirve” la dialéctica. Como dijo el revolucionario ruso Herzen: es el álgebra de la revolución.

Nota relacionada: Un amigo de la dialéctica en medio de la guerra




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