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Dialéctica y marxismo: El "debate Lukács"

Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con un repaso elemental de algunos tópicos de Historia y Conciencia de Clase y las polémicas entre Lukács y los marxistas soviéticos.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 5 de febrero | Edición del día

György Lukács es uno de los filósofos marxistas más reconocidos del siglo XX. Su obra es muy vasta y excede ampliamente los temas que trataremos en este artículo.

Habiendo sido primero un intelectual tradicional bastante respetado por representantes de las ciencias sociales “burguesas” como Max Weber, se hizo comunista a fines de 1919 y fue comisario de Educación Pública de la República soviética húngara, que tuvo una breve existencia, producto de las difíciles condiciones de supervivencia impuestas por la inmediata posguerra, el cerco de los países imperialistas y la inexperiencia del PC húngaro.

Con posterioridad a la derrota de la revolución húngara y el paso a la clandestinidad, Lukács ya exiliado en Viena pasaría a integrar el staff de la revista Komunismus, identificada con las alas “ultraizquierdistas” del movimiento comunista internacional, la que se publicó entre febrero de 1920 y mediados de 1921. La revista se oponía a la política del Frente Unico obrero, votada en el III Congreso de la Internacional Comunista, así como a la política sindical y parlamentaria.

Historia y Conciencia de clase sintetizaba en el plano teórico muchas de las experiencias y reflexiones de Lukács durante este período. Fue publicado por la Editorial Malik en Berlín, a fines de 1923. Malik Verlag era una editorial reconocida en el ámbito de la extrema izquierda. Dirigida por Wieland y Helmut Herzfelde, dos hermanos que venían del radicalismo burgués opositor a la guerra y se unieron al Partido Comunista Alemán; tenía distintas colecciones de libros marxistas o con enfoques de izquierda, incluyendo novelas, obras de teatro y teóricas.

Historia y Conciencia de clase intentaba una doble operación teórica. Por un lado, ofrecía una teoría del desarrollo de la conciencia de la clase obrera como clase revolucionaria. Por otro, una reconstrucción de la dialéctica marxista en su relación con el idealismo alemán y como superación de las “antinomias del pensamiento burgués”, buscando establecer una idea de “ortodoxia” marxista, centrada en la cuestión del método.

Lukács señalaba que la ortodoxia marxista no podía definirse por una repetición de las conclusiones que había sacado en su momento Marx, sino en el método, más precisamente el método dialéctico. Aquí Lukács articulaba dos problemas sumamente complejos, por un lado tomaba la Totalidad como la categoría central de la dialéctica (tanto desde el punto de vista teórico como de la práctica revolucionaria) y presentaba la dialéctica como el proceso de la relación entre sujeto y objeto. En el argumento de Lukács, la dialéctica aparecía como resultado de la acción subjetiva que buscaba transformar la realidad y con eso se transformaba a sí misma. El proletariado, sometido a un proceso de “cosificación” que tenía su origen en el fetichismo de la mercancía –que hace aparecer las relaciones sociales entre las personas como relaciones entre las cosas- era el único capaz de tomar conciencia de sus fines históricos y captar la Totalidad de la sociedad capitalista, para transformarla por medios revolucionarios. De este modo, el proletariado se constituía como sujeto-objeto idéntico de la historia.

Las connotaciones hegelianas de este punto de vista eran evidentes: la posibilidad del proletariado de captar la totalidad a partir de la “cosificación” y transformarse en sujeto-objeto idéntico de la historia, guardaba estrecha relación con la concepción de la dialéctica que había presentado Hegel en la Fenomenología del Espíritu. A este enfoque, caracterizado por la idea de una mayor continuidad entre Hegel y Marx de la que resultaba aceptable para algunos sectores del movimiento comunista, se sumaba un diálogo crítico con la sociología burguesa y la crítica a la idea de extender la dialéctica a la naturaleza.

El trabajo de Lukács apareció en una suerte de "momento bisagra" del movimiento comunista internacional. Luego de la derrota de la revolución alemana en 1923, la III Internacional inicia un período de zig-zags, caracterizado por Trotsky con el término “centrismo burocrático”, que incluyó el desplazamiento de las tendencias que se oponían a la dirección de Zinoviev, que a su vez estaba en una alianza con Stalin y Kamenev contra Trotsky. Este proceso de desplazamiento de las fracciones rivales fue denominado “bolchevización del partido y la Internacional” y sus “víctimas” inmediatas fueron la dirección del PC Alemán (a quien se responsabilizó por la derrota de Alemania, que por otra parte no se reconocía como derrota) y todos aquellos que no fueran dóciles a la dirección de la troika.

Esto explica que en las respuestas del movimiento comunista "oficial" a las posiciones de Lukács se hayan entrecruzado las cuestiones teóricas con las políticas, ya que el cuestionamiento de las posiciones "disidentes" como las de Lukács era funcional a la idea de “partido monolítico” que en ese momento defendía Zinoviev y más tarde se volvería contra él. Otro blanco de las críticas era Karl Korsch, autor de Marxismo y Filosofía a quien el sector del Partido Comunista de la Unión Soviética que controlaba la Internacional Comunista consideraba parte de la misma corriente que Lukács, lo cual no era del todo exacto.

En el V Congreso de la III Internacional, Zinoviev sinterizaría su posición con una mezcla de anti-intelectualismo y dogmatismo:

“El camarada Graziadei publicó en Italia un libro donde se reproducían los artículos en contra del marxismo que había escrito cuando era un revisionista socialdemócrata. No podemos permitir que este revisionismo teórico quede impune. Tampoco podemos tolerar que nuestro camarada húngaro Lukács haga lo mismo en el terreno de la filosofía y la sociología (…) En el Partido Alemán tenemos la misma tendencia, el camarada Graziadei es profesor. Korsch también es profesor.

(Interrupción de la sala: ‘¡Y Lukács también!’). Con unos cuantos más de estos profesores elucubrando sus teorías marxistas, estaremos perdidos. En nuestra Internacional Comunista no podemos tolerar la presencia de este revisionismo teórico.” (citado en Arato A. y Breines P, El joven Lukács y los orígenes del marxismo occidental, México DF, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 278/279).

En el plano teórico, las críticas al trabajo de Lukács quedaron a cargo de los intelectuales comunistas Abrahm Deborin, director de la revista Bajo la Bandera del marxismo y Lázsló Rudas, militante del PC húngaro enfrentado a Lukács.

En líneas generales los cuestionamientos a Historia y Conciencia de Clase realizados por Deborin y Rudas se centraban en la cuestión del subjetivismo. Según ellos Lukács había construido una filosofía idealista en la que las “leyes de la dialéctica” dejaban de ser leyes del desarrollo objetivo de la naturaleza, la historia y la sociedad para pasar a ser leyes de la actividad subjetiva. Rudas agregaba a su vez que la desviación de Lukács expresaba una presión de la sociedad burguesa sobre el marxismo, porque las opiniones filosóficas tenían “raíces sociales objetivas”.

La respuesta de Lukács a estas críticas, concentrada en un trabajo llamado “Derrotismo y dialéctica”, escrito por el autor en 1926 pero conocido con posterioridad a la caída de la URSS, resulta un tanto sorprendente por el registro utilizado por Lukács para debatir. Mientras Deborin y Rudas habían realizado una serie de críticas rudimentarias sobre cuestiones teóricas generales, Lukács orientaría el debate hacia la cuestión estratégica del rol del partido y el significado del "leninismo". Para Lukács, la crítica de Deborin y Rudas a su "subjetivismo" escondía una persistencia de las viejas concepciones gradualistas y mecanicistas de los mencheviques. Contra la enumeración de cuestiones generales como "la evolución de las condiciones objetivas" u otras por el estilo, Lukács destacaba la importancia del rol del partido, no en general si no en los momentos inmediatamente decisivos a través de concepto de “la insurrección como un arte”. En ese contexto es que destacaba la importancia de la problemática del desarrollo de la conciencia de clase. El trabajo de Lukács toca otros temas, pero lo más llamativo resulta el registro elegido para debatir la cuestión del “leninismo”, que defendía una reformulación de la cuestión filosófica en función de un reorientación estratégica.

Este trabajo de Lukács no fue publicado. En 1926, el filósofo húngaro emprendería una “retirada estratégica”, de la que su trabajo “Moses Hess y los problemas de la dialéctica idealista” parece ser la expresión en el plano teórico. En ese texto, Lukács reivindica el realismo de Hegel, planteando que la “reconciliación” con la realidad es parte central de su dialéctica, en lo que parece ser una explicación de su adaptación al movimiento comunista burocratizado. Esta temática la retomaría posteriormente en su trabajo El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista (1938).

Varias décadas después, Lukacs diría –en tono de autocrítica- que en Historia y Conciencia de clase había intentado ser más hegeliano que Hegel. Pero más allá de las debilidades que pudiera tener su enfoque y de sus posteriores posicionamientos, el modo en que se dio el “debate Lukács” fue la expresión en el plano filosófico de un proceso de creciente dogmatismo del movimiento comunista, correlativo con su burocratización.




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