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Dialéctica y marxismo: Deborin y la filosofía soviética

Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con algunas notas sobre un olvidado referente de la filosofía en la URSS.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 14 de mayo

Foto: Deborin recibe la Orden de la Insignia Roja en 1961

Abram Moiseyevich Ioffe (1881-1963), alias Deborin, nacido en Lituania, fue militante bolchevique en 1903 y menchevique a partir de 1907. Graduado en 1908 en la Universidad de Berna e influenciado fuertemente por las ideas filosóficas de Plejanov, en 1907 Deborin escribió una Introducción a la filosofía del materialismo dialéctico publicada recién en 1915. Uno de sus artículos titulado “Materialismo dialéctico”, publicado en 1909 es prácticamente “destruido” por Lenin en sus Cuadernos filosóficos, principalmente por el uso de una terminología que el dirigente bolchevique consideraba confusa. A partir de 1917, Deborin se reintegró a las filas de los bolcheviques, siendo luego un importante intelectual soviético, referente de la Universidad Sverdlov a partir de 1921 y destacado miembro de la revista Bajo la bandera del marxismo a partir de 1922, ejerciendo su dirección entre 1926 y 1930. Siendo prácticamente desconocido fuera de la exURSS, en 1964, la editorial Pueblos Unidos publicó una extensa selección de más de 700 páginas de escritos de su autoría traducidos al castellano, titulada Filosofía y Política.

Los inicios de lo que se puede llamara filosofía soviética, están estrechamente ligados a las tareas de construcción cultural definidas por el Estado obrero al finalizar la guerra civil. Una vez iniciado un proceso de reconstrucción de la economía rusa a partir de la NEP (política que reinstalaba ciertos mecanismos de mercado para reanimar la economía agraria y recomponer el vínculo entre obreros y campesinos), los bolcheviques se proponen elevar el nivel cultural de la población. Notables escritos como los de Problemas de la vida cotidiana de Trotsky contienen postales muy vívidas de ese momento: la lucha de los obreros de ciertas fábricas contra el lenguaje soez, considerado una herencia del atraso y la prepotencia autocrática y patronal; la experimentación con el cine para alejar a las masas de la iglesia y el alcohol, entre otras cuestiones.

En su discurso “Sobre el significado del materialismo militante”, publicado en 1922 en la revista Bajo la Bandera del Marxismo, Lenin había formulado un “programa de trabajo” para esa publicación, centrado en tres ejes: la lucha cultural contra el oscurantismo y la religión, la reflexión sobre las relaciones del marxismo con las ciencias naturales y el estudio sistemático de la dialéctica desde el punto de vista materialista. Este “programa de trabajo” guió la mayor parte de la actividad de Deborin.

En 1924, Deborin participó del llamado “debate Lukács”, criticando Historia y conciencia de clase como “una revoltura curiosa de ideas del hegelianismo ortodoxo adornadas con detalles de Lask, Bergson, Weber, Rickert... Marx y Lenin”. Criticaba al marxista húngaro por “subjetivista” y por no comprender que los objetos son independientes del pensamiento. Lukács respondería a sus críticas en un texto escrito en 1926 y publicado póstumamente, titulado Derrotismo y dialéctica.

La respuesta dogmática al libro de Lukács ha dejado una imagen poco atractiva de Deborin. Sin embargo y aunque quizás no haya escrito obras tan creativas como los trabajos de Isaak Ilich Rubin, que realizó un desarrollo tanto de la crítica de la economía política como de la dialéctica, sus trabajos son una expresión cabal del desarrollo de la filosofía en la URSS en la etapa previa a la consolidación del stalinismo y si bien mantienen ciertos rasgos característicos de la herencia de Plejanov en el marxismo soviético, también plantean algunas cuestiones que pueden servir para pensar la relación del marxismo con la filosofía y las ciencias.

La publicación en 1925 en la URSS de Dialéctica de la Naturaleza generó un impacto muy importante en el campo de la filosofía soviética. Esta obra póstuma de Engels, que ganó una pésima fama en el “marxismo humanista” del siglo XX, pero es mucho mejor considerada por el “marxismo ecologista” del siglo XXI, era un punto de apoyo para relacionar la dialéctica con las ciencias naturales, permitía pensar una propuesta de “sistematización” de sus avances desde un punto de vista filosófico y por último, permitía postular la existencia de un movimiento dialéctico común a la historia, el pensamiento y la sociedad. Ese enfoque fue el propuesto por Deborin.

Deborin sostenía que la dialéctica era un método universal de conocimiento de la naturaleza, la historia y el pensamiento humano. Esta definición de “método universal”, era más compleja de lo que parece a simple vista. Incoporando en términos materialistas la temática hegeliana del “universal concreto”, para Deborin la dialéctica estudiaba las relaciones y concatenaciones puntuales a través de las cuales se estructuraba el movimiento de la realidad, en lugar de establecer a priori esas formas. Destacaba, siguiendo a Engels, que las leyes objetivas y las del pensamiento eran análogas, pero no idénticas. Asimismo, destacaba que si bien podían tomarse ideas como la del desarrollo o la unidad de los contrarios para considerar la forma abstracta general del movimiento dialéctico tanto en la naturaleza como en la historia, había categorías específicas para entender el desarrollo de cada una, que no podían aplicarse simultáneamente a ambas, por ejemplo la categoría de "fuerzas productivas" que sirve para la comprensión de la historia de la sociedad humana pero no para las ciencias naturales. 


Abram Deborin

Por último, Deborin señalaba que si bien el marxismo había superado las filosofías anteriores, esto no significaba que la ciencia "positiva" pudiera prescindir de la filosofía. En ese sentido, planteaba que a lo largo de su historia, los científicos se habían apoyado en ciertas ideas filosóficas y los filósofos, en los descubrimientos de las ciencias. Este planteo resulta llamativo porque la idea de que el marxismo había superado definitivamente a la filosofía era muy popular en el movimiento comunista y quienes planteaban la importancia de la filosofía en el marxismo eran intelectuales que Deborin consideraba “revisionistas” como Lukács y Korsch.

Sin transformar la filosofía en una "ciencia de las ciencias", Deborin proponía entenderla como una "ciencia que tiene por objeto el pensamiento humano" y defendía la importancia del estudio de la historia de la filosofía para la comprensión de la propia concepción marxista. 

Con estas ideas, Deborin encabezó durante la segunda mitad de los años 20 la polémica entre "dialécticos" y "mecanicistas" en la URSS. Mientras los mecaninistas rechazaban tanto la dialéctica como la filosofía en función de una concepción de tipo empirista y cientificista, los llamados dialécticos encabezados por Deborin, sostuvieron la centralidad de la filosofía como disciplina sistematizadora de los resultados de las ciencias naturales, así como la idea de la convergencia de los avances de la ciencia de ese momento y el pensamiento dialéctico. 

Producto de las necesidades políticas de Stalin, en ese momento en lucha contra la fracción “de derecha” encabezada por Bujarin, Deborin triunfó sobre sus adversarios en la Segunda Conferencia pansoviética de los institutos de investigación marxista-leninista, que se desarrolló en la Academia Comunista de Moscú el 8 de abril de 1929. Los mecanicistas fueron considerados los representantes filosóficos de la Oposición de Derecha de Bujarin, Tomski y Rikov y se afirmó el control de Deborin sobre el área filosófica del aparato cultural del Estado soviético.

Pero el “triunfo” de Deborin resultó efímero. Al año siguiente, la burocracia emprendió una campaña contra el descuido por parte de la filosofía soviética de la lucha contra el izquierdismo (o sea el trotskismo). Stalin acusó a Deborin de “idealismo menchevizante” y su grupo fue desplazado y perseguido, aunque el filósofo conservó la vida.

La burocratización del Estado soviético impactó a su vez en la producción teórica y filosófica. En la medida en que Stalin fue liquidando todas las oposiciones (incluidas las de sus anteriores aliados como Bujarin) e imponiendo un régimen basado en el terror y el control policial, el “marxismo soviético” se transformaría (salvo excepciones) en un conjunto de dogmas áridos, tendientes a justificar el dominio de la burocracia en base a la repetición de citas canónicas, de lo cual un buen ejemplo es el “texto” de Stalin “Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico”, publicado en 1938.






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