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Dialéctica y marxismo: Antonio Gramsci, lector de Marx

Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con algunos elementos sobre el tratamiento de la dialéctica en los Cuadernos de la cárcel.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 11 de junio | Edición del día

Antonio Gramsci (1891-1937) es uno de los más reconocidos marxistas del siglo XX. Hemos analizado los motivos de este reconocimiento y algunas de sus ideas teóricas en otros trabajos. En esta ocasión, buscaremos rescatar el tratamiento que hace de la cuestión de la dialéctica en sus célebres Cuadernos de la cárcel.

Para pensar la cuestión de la dialéctica, Gramsci se basaba principalmente en la Miseria de la Filosofía de Marx, publicada en julio de 1847. En esa obra, Marx se dedica a una crítica del pensamiento de Pierre-Joseph Proudhon, “socialista utópico” francés cuyas doctrinas tendrían gran influencia en el anarquismo. Marx analizaba en particular su lectura sobre los problemas de la economía política. Como Proudhon postulaba él mismo que había descubierto el orden lógico de las categorías económicas, Marx sometió a crítica su método y entabló con él un debate sobre la dialéctica, al que haremos una breve referencia. En el capítulo de ese libro titulado “El Método”, Marx plantea que el método de Hegel tiene tres momentos, conocidos como afirmación, negación y negación de la negación -a los que hemos hecho referencia en otros artículos de esta serie- o tesis, antítesis, síntesis.

A decir verdad, esta terminología de tesis, antítesis y síntesis no había sido utilizada por Hegel en sus obras publicadas en vida. Según distintos comentadores y estudiosos de su obra, habría sido introducida por sus “discípulos” como Michelet, quien preparó la edición y publicación póstuma de sus Lecciones de Historia de la filosofía, en la que aparece esta terminología. Evidentemente, tanto para los discípulos de Hegel como para el propio Marx, este modo de describir la dialéctica tenía la intención de hacerla más accesible (aunque no necesariamente popular) a un público no habituado a la terminología y el sistema filosófico de Hegel.

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Marx señalaría que Proudhon había hecho una imitación burda de la dialéctica de Hegel, llegando en algunos casos a formular “antítesis simples” pero no más que eso. Criticaba que en la concepción de Proudhon, las categorías económicas no eran expresión de las relaciones sociales sino al revés, las relaciones sociales la encarnación de las categorías teóricas; que Proudhon desconocía que estas categorías, igual que las relaciones que le daban origen eran productos históricos y transitorios y que su dialéctica se reducía a señalar el lado bueno y el lado malo de cada categoría, lo cual al no tener resolución obligaba a Proudhon a buscar el “antídoto” de cada categoría con otra que salvaba sus deficiencias, por ejemplo los impuestos resolvían los inconvenientes del monopolio, el balance comercial los de los impuestos y así sucesivamente.

Rescatando esta polémica de Marx, Gramsci ubicaría históricamente el tipo de lectura de la dialéctica realizada por Proudhon como el producto de una época de restauración, en la que el “terror al jacobinismo” daba lugar a posiciones que buscaban evitar que la “antítesis” se transformara en una lucha cruenta en la historia real. Llevando el debate metodológico de Marx a un plano decididamente histórico y político, Gramsci ubicaba en la misma línea de pensamiento de Proudhon a Vicenzo Gioberti, filósofo y referente político en la Italia de la década de 1840, que había postulado la necesidad de una federación italiana bajo la dirección del Papa, como vía para la unificación de Italia.

En este marco, Gramsci ubica al filósofo neo-hegeliano Benedetto Croce, de gran influencia en Europa, como un continuador de las posiciones que en el proceso de formación del Estado italiano habían buscado la unificación del país evitando la “vía jacobina” que hubiera incluido una movilización revolucionaria de masas y la consecución de la reforma agraria. Debate en particular su concepción de la dialéctica en términos cercanos a los de la crítica efectuada por Marx a Proudhon. Destaca que al iniciar en sus obras la historia de Europa e Italia en 1815 y 1871 respectivamente, Croce prescindía conscientemente de los momentos de luchas revolucionarias que habían dado lugar a los momentos posteriores de expansión cultural más o menos pacífica.

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Para Gramsci, este tipo de interpretación de la historia tenía estrecha relación con la lectura que hacía Croce de una “dialéctica de los distintos”, la cual era una forma de atemperación de las contradicciones. Por eso señalaba que la de Croce era una ideología “que tiende a debilitar la antítesis, a despedazarla en una larga serie de momentos, o sea a reducir la dialéctica a un proceso de evolución reformista ’revolución–restauración’, en la que solo el segundo término es válido”.

La cuestión de la dialéctica aparece también como un punto importante en la polémica contra Bujarin y su interpretación del marxismo. Gramsci sostenía que el Manual de Bujarin no contenía un tratamiento serio del tema. Recordemos que, en ese trabajo, el marxista ruso definía la dialéctica como la concepción dinámica de la materia en movimiento y analizaba la historia de las sociedades en términos de equilibrios y desequilibrios, defendiendo la idea de que la sociedad no tenía la estructura de un órgano sino la de un mecanismo.

Gramsci atribuía esta falencia del texto de Bujarin a que el autor ruso había dividido la filosofía de la praxis entre una sociología (entendida en sentido positivista) y una filosofía entendida de modo tradicional es decir como un materialismo metafísico y que planteada la cuestión en esos términos era imposible entender la importancia de la dialéctica como “doctrina del conocimiento y sustancia medular de la historiografía y la ciencia política”. Por el contrario, para Gramsci de este modo se reducía la dialéctica a un subespecie de la lógica formal, dado que separada de la historia y la política, la filosofía no puede ser otra cosa que metafísica.

Al criticar la posición de Bujarin de exponer el materialismo histórico como una sociología correspondiente al materialismo metafísico, Gramsci criticaría que la sociología se basaba en el evolucionismo vulgar, que no tomaba en cuenta el principio dialéctico del pasaje de la cantidad a la cualidad señalando que los intentos de crear una regularidad rígida en el análisis de la sociedad no tienen sentido: se puede prever la lucha pero no los momentos concretos de esta ni su resultado, el cual no está garantizado de antemano y por ende toda previsión debe ser acompañada de las acciones tendientes a conseguir el resultado previsto.

En síntesis, la posición de Gramsci sobre la cuestión de la dialéctica se caracteriza por un rescate metodológico de Miseria de la Filosofía (algo poco común para el movimiento comunista de la época), una extensión de esa crítica al terreno de la interpretación histórica y la práctica política, una lectura que hace hincapié en el carácter vigoroso o destructivo de la “antítesis”, lo cual implica que aquello a ser conservado eventualmente en la “síntesis” no pueda ser determinado de antemano. Y por último, en consonancia con los aspectos antes mencionados, una reivindicación del principio de cambio cualitativo o salto de cantidad en calidad, en tanto ruptura, contra las posiciones tendientes a establecer regularidades rígidas o una evolución vulgar en los procesos históricos y sociales.

Esta concepción de la dialéctica permitiría o mejor dicho se desarrollaría en la escritura carcelaria de Gramsci simultáneamente con una crítica histórica, teórica y filosófica de los procesos de “revolución pasiva”. Este concepto era utilizado para comprender el proceso de conformación del Estado moderno en Italia, así como para reflexionar sobre el fascismo, la potencia norteamericana basada en la reorganización industrial del fordismo y las reconfiguraciones estatales en período entreguerras más en general; es decir procesos tendientes a recoger algunas demandas desde abajo para fortalecer o constituir desde arriba la autoridad estatal, sin introducir modificaciones sustanciales en el plano económico y social.


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