Educación y Salud Mental

Diagnosticar, etiquetar y medicar. El negocio de la patologización infantil y el papel de las neurociencias

El tema se debatió en el marco del 3º Congreso "Infancias y Formación Docente: entre la memoria y las utopías" organizado por el ISPEI Sara C. Eccleston. Entre otros ejes, se abordaron los discursos biologicistas y la mercantilización de la salud, los intereses de las multinacionales farmacéuticas y el rol de los docentes como nexo entre el programa escolar, los docentes integradores y los estudiantes rotulados como “especiales”.

Miércoles 20 de noviembre | 12:50

Durante los días 1 y 2 de noviembre se llevó a cabo el 3er Congreso Educativo organizado por el ISPEI Sara C. Eccleston, titulado "Infancias y Formación Docente: entre la memoria y las utopías", en el histórico edificio de la CABA. Compartimos algunos puntos centrales de debate desarrollados durante la mesa redonda “Infancias sin etiquetas: una mirada crítica sobre la patologización”. En ella participaron Gabriela Dueñas, Doctora en Psicología y psicopedagoga, Norma Filidoro, especialista en Ciencias de la Educación y psicopedagogía en la UBA y Juan Duarte, Licenciado en Psicología y docente en la UBA. La presentación estuvo a cargo de Daniel Brailovsky, con una asistencia importante, en su mayoría compuesta por docentes de diferentes niveles.

“Hay que cambiar la pregunta: no se trata de ‘¿qué le pasa?’ sino de ‘¿qué necesita?’”

Dante llega cada tarde con sus manos llenas de ramitas y hojas… que trae de casa y que junta en el camino al jardín. El equipo terapéutico le dice a la maestra que se trata de una fijación propia de los chicos con TEA. Que hay que extinguir la obsesión porque le impide relacionarse con los otros, prestar atención. La maestra integradora explica a la maestra sobre refuerzos positivos, refuerzos negativos y ausencia de reforzamientos… Para extinguir la conducta inadecuada.

A partir de esta viñeta, Norma Filidoro abre su exposición y le da cuerpo a la pregunta sobre cómo comunicar y compartir un diagnóstico sin caer en las “etiquetas”. Lo hace a través de un ejemplo real de un chico diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista). La especialista señala que hoy la responsabilidad de psicólogos, pedagogos, docentes integradores tiene que estar dirigida a orientar a los docentes a partir de, fundamentalmente, escucharlos.

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La maestra de Dante dice: "me parece que sacarle las ramitas es cruel… pero la que sabe es ella… Dante grita, llora cuando se las quita. A mí me da cosa. Yo lo abrazaría… bah… no le sacaría las ramitas… la psicóloga dice que si no somos coherentes le hacemos un mal… que no es no. Aunque llore o se muerda o se golpee"

Para Norma Filidoro, el síntoma tiene siempre un aspecto funcional y otro disfuncional. Por ello, debemos “salir de la confrontación y disponernos a escuchar a las y los maestros. ¿Qué me pide? ¿Qué pregunta cuando pregunta por el diagnóstico? ¿Qué necesita para acompañar a sus alumnas y alumnos? ¿Qué saber puedo ofrecerle, poner a su disposición?”

“Pensamos juntas, con la maestra. Y la seño sonrió. Y a la semana siguiente, en la sala había muchas ramitas, de diferentes grosores, de diferentes durezas, que la seño pone en frascos en lugar de pinceles. Vamos a pintar con ramitas… las vamos a mojar en la témpera y veremos qué pasa… Vamos a descubrir… Dante levanta la mirada, su mirada va de las ramitas que tiene en la mano a las que están en los frascos. Un poco desconcertado, da algunos grititos. Me asusté, no entendía lo que estaba diciendo con los grititos… no sabía si estaba contento. Pensé que podía empezar a golpearse la cabeza, que podía lastimarse… O que se iba a abalanzar sobre las ramitas que estaban en los frascos… Pero no pasó nada de eso: en cambio, metió sus ramita en la témpera y las pasó sobre la hoja. Algunos chicos vieron que Dante hacía marcas con muchas ramitas y preguntaron si se podía hacer con dos, con tres… así… Algunos dijeron que era mejor con una… otros se entusiasmaron con la cantidad…”

Filidoro plantea que, en este caso, las ramitas son el modo que Dante encontró para estar en el mundo y la maestra encontró una manera de que su solución funcionara. “La seño inventó una propuesta pedagógica y así, inventó una escuela que incluyó a Dante. La seño acotó lo disfuncional del síntoma y lo puso a trabajar en el sentido del lazo [concepto que toma del psicoanálisis, N.deR.]. Todos hacemos lazo desde nuestros síntomas en tanto modos de ser y estar en el mundo. No se trata de negar su diagnóstico de TEA, sino de destotalizarlo. La respuesta nunca es acorde al manual. En todo caso, la única ley es preguntarnos por el sentido más allá del acto”, concluye.

“Como si en lugar de niños sujetos de derechos, en pleno proceso de constitución, fueran aparatos, computadoras”

Por su parte, Gabriela Dueñas, puso el acento sobre “el avance avasallante de prácticas medicalizadoras y patologizadoras”, las cuales, según su punto de vista, “vienen de la mano de las lógicas del biopoder”, en referencia al concepto elaborado por Michel Foucault. Enfatizó que “los abordajes simplificadores, tecnocráticos, de fuerte sesgo biologicista-innatista, a partir de los cuales, respondiendo a cuestionarios que carecen de valor científico alguno, como el M-CHAT, o el Conners, –por mencionar algunos– violentan a los niños, niñas y adolescentes, al proceder rápidamente a diagnosticarlos, etiquetándolos como portadores de un trastorno mental ligado a supuestas deficiencias neurocognitivas de origen genético. Ni siquiera se presentan pruebas (sobre tales diagnósticos), en la medida que lo único que parece urgente es que –los niños y las niñas– comiencen a funcionar como el resto”.

En la misma línea, señaló que “rotulaciones de TGD [trastorno Generalizado del Desarrollo], TEA [Trastorno del Espectro Autista], ADD [siglas en inglés de Trastorno por Déficit Atencional], Dislexia, etcétera, de las cuales son objeto no pocos niños desde muy temprana edad, salen acompañadas de la administración de drogas psicoactivas y programas de adiestramiento cognitivo-conductuales”. Para Dueñas, estos “procesos de normalización” no son gratis, pues “al tratar de hacerlos funcionar como el resto, como la mayoría, no se miden los costos subjetivos”. Se termina “silenciando, adiestrando, re-educando, re-programando a las y los chicos; como si en lugar de niños sujetos de derechos, en pleno proceso de constitución, fueran aparatos, computadoras. Simples soportes biológicos de funciones cognitivas desarticuladas, disociadas del resto del psiquismo, de su afectividad, de sus historias y condiciones de vida sociales, familiares y escolares”. La especialista propone empezar a pensar las expresiones y conductas disruptivas, no como “deficiencias biológicas portadas por los niños, sino como algo del orden de lo producido en la convivencia con los otros, nosotros”.

Fragmento de la exposición de Gabriela Dueñas.

¿Por qué tanto énfasis en las “etiquetas”? El aporte de las neurociencias a la industria farmacéutica

Juan Duarte, por su parte, sostuvo que “las etiquetas diagnósticas son promovidas por la corporación médica-psiquiátrica, que tiene en el DSM [sigla en inglés del manual de trastornos estadístico de trastornos mentales] su ‘biblia’, para crear nuevos y crecientes mercados para sus medicamentos, tal como viene denunciando incluso el director del DSM III y IV, Frances Allen”. Duarte abordó el tema referenciándose en los aportes del libro Genes, células y cerebros. La verdadera cara de la genética, la biomedicina y las neurociencias, de Hilary y Steven Rose, editado recientemente por Ediciones IPS y del cual es traductor y editor. En su intervención comenzó planteando que el discurso de las neurociencias es hoy el fundamento de un nuevo tipo de biologicismo en clave “cerebral” o “neuronal” sobre el cual la industria farmacéutica se apoya para medicalizar y patologizar la salud mental, en particular de las y los niños en edad escolar. “Esta industria encuentra un punto de apoyo en el determinismo neuronal para explicar lo mental, propio del discurso de las neurociencias. Así, llegamos a leer en grandes medios como Clarín la ‘noticia’ de que el TDAH es una enfermedad cerebral, promoviendo su tratamiento mediante psicoestimulantes como el Ritalin”.

Duarte señaló también que en nuestro país, según el Sedronar, “el 15 % de la población consumió alguna vez ansiolíticos, y del 1,3 % que consumió estimulantes, un alarmante 30 % lo hizo con Metilfenidato (la droga del Ritalin), y el 30 % de eso sin receta”.

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Duarte planteó que para comprender esta “neuromanía”, tenemos que tener en cuenta el desarrollo de la biología desde Darwin en adelante en el marco del capitalismo, en donde han prevalecido tendencias del tipo reduccionistas mecanicistas. Estas tendencias otorgan a lo biológico la primacía explicativa sobre todos los fenómenos humanos, incluidos los mentales. En este sentido “la mercantilización capitalista de la producción científica, junto con la de la salud y la educación es un fenómeno sin el cual no podemos explicar el surgimiento en las últimas dos décadas de las neurociencias como gran empresa neoliberal promovida desde gobiernos como el de EEUU y la UE con la promesa de explicar y manipular la mente, que tienen en nuestro país representantes como Facundo Manes y utilizan el discurso reduccionista neuro como plataforma para sus políticas neoliberales”. “Esto no quiere decir que no haya tendencias críticas –afirmó–, como el mismo Steven Rose, neurocientífico especializado en las bases moleculares de la memoria, pero son minoritarias contracorriente”.

La distancia enorme entre los avances actuales de la técnica y explicar “la mente”

El docente de la UBA aclaró que, si bien el auge de las neurociencias se basa en avances notables en genómica, conocimiento de la dinámica cerebral y su modelado informático, en técnicas de observación como Resonancia Magnética Funcional, y en el desarrollo, por ejemplo, de interfaces cerebro-computadora, el salto epistemológico hacia “explicar lo mental” es completamente infundado. “Ninguna de las viejas antinomias y dicotomías propias de la psicología tales como los dualismos mente-cuerpo, neurológico/psicológico, naturaleza/cultura, cognición/emoción, adentro/afuera, innato/adquirido se resuelven por este camino”. Señaló también que
“a nivel psicológico el discurso de las neurociencias repite el reduccionismo cognitivista, que pretende explicar lo mental con la metáfora del procesamiento de la información, dejando de lado los procesos culturales e intencionales de creación de significado propios de la mente humana y de los procesos de enseñanza-aprendizaje, reduciéndolos muchas veces a un mero entrenamiento basado en investigaciones con roedores”. Se trata del mismo cognitivismo que sustenta la mirada de “funciones cognitivas desarticuladas, disociadas del resto del psiquismo” del que habló Dueñas. Frente a esto, Duarte propuso recuperar la mirada de la psicología histórico-cultural del marxista Lev Vygotski como perspectiva dialéctica superadora.

Pensar el problema desde una perspectiva anticapitalista

Dado que la patologización es promovida por la industria farmacéutica, Duarte remarcó la necesidad de enfrentarla no solo en la crítica a nivel pedagógico, sino también a nivel económico y político. “Así como el gobierno de Larreta se apoya en las neurociencias para sostener el modelo manicomial contra la Ley Nacional de Salud Mental, Matías Kulfas, el economista del equipo de Alberto Fernández señaló que la farmacéutica y la nanotecnología (entre otras cosas, neurociencias) serán dos “nichos” a explotar por el futuro gobierno, que tienen al empresario farmacéutico y de la biotecnología Hugo Sigman como figura fuerte detrás de referentes como Juan Manzur, capaz de designar y vetar posibles ministros de salud. “Para enfrentar la patologización es necesario cuestionar la mercantilización capitalista y sus aplicadores, peleando por un sistema de salud y de producción de medicamentos único y nacionalizado bajo control de trabajadores y usuarios”, concluyó.

La charla finalizó con una ronda de comentarios e intercambios con las y los asistentes, en los que se enfatizó la importancia de reconocer el saber y rol insustituible de las y los docentes y demás trabajadores de la educación frente a la idea de que el saber está concentrado en especialistas y funcionarios, a la hora de pensar lo que sucede en las aulas y las perspectivas transformadoras.

Exposición de Juan Duarte







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