Sociedad

CAPITALISMO PENITENCIARIO

Devoto: condiciones inhumanas en la cárcel

En un monitoreo “sorpresivo” se detectó ausencia de camas y baños, condiciones infrahumanas y falta de comida para gran parte de los más de 1.700 detenidos.

Leonardo Carracedo

CeProDH | Zona Norte

Sábado 27 de febrero de 2016 | Edición del día

Fotografía: ANCCOM / Noelia Pirsic

Oíd mortales: según el “grito sagrado” de la Constitución Nacional (art. 18): “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas….”.

En plena ciudad de buenos aires se halla el “Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (ex Unidad 2)”, popularmente conocido como Cárcel de Devoto. Allí se encuentran detenidas 1.728 personas.

Un monitoreo “sorpresivo” realizado allí el 23 de febrero por el “Sistema Interinstitucional de Control de Cárceles” detectó, entre otras cosas, “sectores de pequeñas dimensiones donde se habían alojado personas sin camas, ni baños, ni las mínimas condiciones de higiene y salubridad. Los internos hacían sus necesidades fisiológicas dentro de esos sectores cerrados en baldes, botellas o bolsas que permanecían en el lugar. No recibían su comida ni contaban con ninguna posibilidad de realizar actividades de estudio, laborales o de recreación física o mental.”

La misma situación había sido detectada en una inspección realizada en 2014. Los presos estaban alojados en estos sectores que “funcionaban como retenes con condiciones inhabitables (sin provisión de agua corriente, ni luz eléctrica, leve ingreso de luz solar, sin camas, ni cocina ni baño)”.

Fue justamente a partir de esa inspección de hace dos años que las autoridades de la Unidad de Devoto crearon los denominados Sectores de Alojamiento Transitorio (SAT), donde supuestamente se iban a realojar los presos de los llamados “retenes”, y donde tras la reciente inspección, las autoridades se comprometieron -nuevamente- a realojarlos.

El Sistema Interinstitucional de Control de Cárceles advirtió, luego del monitoreo de esta semana, “sobre la imperiosa necesidad de que todas las personas alojadas en el Complejo accedan efectivamente a las prestaciones de asistencia médica en tiempo y forma y ligado a ello que se garantice el suministro de las 4 (cuatro) comidas, y que sean adecuadas tanto en calidad como cantidad, y en horarios adecuados.”

El “grito sagrado” de la Constitución que habla de “cárceles sanas y limpias” no llega a los oídos de las autoridades del Servicio Penitenciario Federal. Según el informe del organismo de control carcelario, “se observó gran cantidad de cucarachas en todos los sectores visitados, estos insectos han formado sus nidos y la fumigación es ineficiente, ello sumado a que la entrega de elementos de higiene personal y de limpieza es una vez por mes en el mejor de los casos, circunstancias que en conjunto producen potenciales focos infecciosos que afectan a los allí alojados. Se advirtió sobre el pésimo estado de los colchones y sobre la circunstancia de que en algunos pabellones completos en su capacidad se pudieron contabilizar hasta diez camas sin colchón”.

El Servicio Penitenciario Federal dice tener en marcha un programa de refacciones, pero la intervención de los organismos de control penitenciarios -con sus rimbombantes denominaciones- terminan en promesas hechas por los propios funcionarios responsables de los incumplimientos. Así, los reclusos pasarían de una condición de inhumanidad a otra de subhumanidad, y el progresismo judicial y político podrá aplaudir por la marcha ascendente de la humanidad bajo los auspicios de la democracia burguesa y el estado de derecho.

Los organismos de control pueden sentirse autosatisfechos por su tarea cumplida, liberados de culpa y cargo, hasta el año que viene, hasta la próxima visita “sorpresa”. Pero ellos saben que en las cárceles encontrarán nuevamente los nidos de cucarachas, las camas sin colchón, las celdas sin luz, sin agua ni retretes, a los reclusos y sus estómagos vacíos.

Nadie puede hacerse el tonto. El baile mortuorio de las penitenciarías sigue con su ritmo infernal, bajo la regencia de los perros del “orden”, del Ministerio de Seguridad, el Servicio Penitenciario, las fiscalías, los jueces penales y las malditas policías.

Si tenemos en cuenta que esto pasa en la cárcel de Devoto, o sea en el corazón de una de las veinte ciudades más grandes del mundo, no es difícil imaginar lo que ocurre en las restantes penitenciarías del país.

Según la última publicación del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEEP, 2014), en la Argentina hay más de 250 cárceles, que “alojan” a alrededor de 69.000 presos. De ese total, poco más de 10.000 están distribuidos en las 34 prisiones federales, que dependen del Servicio Penitenciario Federal (SPF), mientras que los 55 penales bonaerenses -que dependen del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB)- alojan a unos 31.200 presos.

La población penitenciaria restante se encuentra detenida en cárceles pertenecientes a las distintas provincias.

El Servicio Penitenciario Federal depende del Poder Ejecutivo Nacional por intermedio del Ministerio de Justicia. El titular del Servicio Penitenciario Federal es Emiliano Blanco, designado en enero de 2014 por el entonces Ministro de Justicia y Derechos Humanos de Cristina Kirchner, Julio Alak, y confirmado en su cargo por el actual ministro de Macri, Germán Garavano.

La estrategia del gobierno de Cambiemos en lo que hace a la política carcelaria estuvo signada por el continuismo. En la Provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal mantuvo a César Albarracín -segundo del exministro de justicia sciolista, Ricardo Casal- al frente de la subsecretaría de Política Penitenciaria, pero esta estrategia sufrió una grave crisis con el escándalo de la triple fuga del penal de General Alvear. La “fuga que no fue magia”.

En el ámbito federal, en cambio, el continuismo se canalizó no sólo a través de la confirmación de Blanco como titular del SPF, sino también a través de la designación de Juan Mahiques en un cargo clave del Ministerio de Justicia relacionado con el SPF: la Subsecretaría de Relaciones con el Poder Judicial y Asuntos Penitenciarios.

La confianza de Macri en este funcionario se revela con su designación simultánea como representante del Poder Ejecutivo Nacional en el Consejo de la Magistratura de la Nación.

Juan Mahiques es el hijo de Carlos Mahiques, acérrimo antiabortista, designado por María Eugenia Vidal como Ministro de Justicia de Buenos Aires, de quien depende el Servicio Penitenciario Bonaerense.

Ambos Mahíques, padre e hijo, son íntimos del dirigente kirchnerista de la Cámpora Eduardo "Wado" de Pedro. “Los pibes para la liberación” tienen a sus dirigentes metiendo sus narices de lleno -y de seguro también otros “rellenos”- en las prisiones bonaerenses y federales.

La libertad de trabajo: el derecho a ser explotado. La "década ganada"

El ciclo de crecimiento que verificó la economía bajo el gobierno kirchnerista, tras la debacle del año 2001, llevó a la creación de nuevos puestos de trabajadores, en su mayoría de modo precarizado, no alteró las condiciones de pobreza y atraso estructurales en las que siguen sumidas amplias franjas de la población trabajadora.

Al tiempo que subsiste gran cantidad de “mano de obra sobrante”, que no encuentra posibilidades de inserción en el circuito económico, salvo en sus márgenes y periferias, en sectores de bajísima productividad; abunda el cuentapropismo, el subempleo y el desempleo, junto con una explotación sin parangón de la “mano de obra” ocupada.

Tendencialmente y en general, la demanda de fuerza de trabajo por parte de los capitalistas es menor que la población obrera, por lo que existe una superpoblación obrera relativa (no a las necesidades sociales sino a las exigencias del capital) de la que el capital se aprovecha para intensificar la explotación de los obreros ocupados, y que constituyen el ejército industrial de reserva.

Junto a ellos están los marginales, los vagabundos, los mendigos, el lumpenproletariado, la carne de cañón del sistema penal, su cantera de reclutamiento forzoso.

Para la burguesía “sobran” trabajadores porque este “excedente” poblacional no les impide en absoluto llevársela en pala. Los bolsillos del capital financiero, bancario, comercial, industrial, del agropower rebosan de dinero; los capitalistas están saciados, hartos, hinchados, perezosos; sus libros contables –ocultos bajo las siete llaves del secreto comercial- darían cuenta de sus enormes ganancias; los negocios ilícitos, el lavado de dinero, los paraísos fiscales, etc., no son más que otros canales por los que discurre la sangre obrera transmutada en oro; oro contante y sonante; pero el motor de la explotación no se detendrá; la sed de ganancias es ilimitada: “La circulación del dinero como capital es un fin en sí, pues la valorización del valor existe únicamente en el marco de este movimiento renovado sin cesar. El movimiento del capital, por ende, es carente de medida”.

Ese “sobrante” poblacional no impide la acumulación del capital, pero representa un serio riesgo para la estabilidad político-institucional del régimen burgués: por su pobreza, por su juventud, por su natural tendencia a la revuelta por su potencial revolucionario (socialmente neutralizada por la división de la clase obrera entre ocupados y desocupados). El aparato represivo del estado constituye un resorte fundamental para el disciplinamiento y control de este sector. Sus métodos son múltiples y variados: el gatillo fácil, las detenciones arbitrarias, el abuso y tortura policial, la política de envenenamiento de la juventud, la política carcelaria, etc.

La libertad al cubo del “grito sagrado” consiste para los trabajadores en la libertad de morirse de hambre. Todos somos formalmente iguales ante la ley, pero algunos son más iguales que otros… Bajo el dogma de la igualdad formal, se esconde la desigualdad material más escandalosa.

Una entrada al infierno….en la tierra (selectividad penal)

En el régimen capitalista, las cárceles son lugares de tormentos y torturas, campos de concentración, porque una amplia franja de los “hombres libres” sufre tormentos y torturas. En las ciudades, en los pueblos, en los barrios y en el campo, y sus lugares de trabajo guardan semejanzas asombrosas con verdaderos campos de concentración (bajo el führerprinzip del patrón): se viven jornadas de trabajo agotadoras, se sufre el hambre, la sed, se carece de vivienda, se padecen enfermedades, etc.

Si los privados de libertad vivieran en mejores condiciones que los hombres “libres”, el delito y la pena, serían la llave de acceso a un mejor vivir: menos manos golpearían a las puertas del cielo o harían pacientemente la cola para su ingreso: “el infierno es encantador”, dirían los explotados, e intentarían en masa entrar al horno.

Pero el infierno no es encantador, menos aún que el cielo. El Estado se dirige hacia el conjunto de los explotados y oprimidos y les muestra amenazadoramente las consecuencias de la indisciplina, de la violación eventual al régimen de la propiedad privada o a sus instituciones. La cárcel es la muerte violenta, la tortura, el tormento: ¡Oíd mortales!

Es también un lugar reservado a los pobres. El 91% de la población carcelaria nacional total no alcanzó a completar el nivel de instrucción secundario: el 4% no tiene ningún nivel de instrucción; el 31% tiene el primario incompleto; el 39% el primario completo, y el 17% el secundario incompleto. No están presos por falta de educación, sino que la falta de educación es una consecuencia de su pobreza, a la que a su vez retroalimenta.

Al momento de ingresar a prisión, el 44% de los reclusos se hallaban bajo la condición de desocupados, mientras que otro 43% trabajaba a “tiempo parcial”. Sólo el 13% del total nacional ingresó a prisión siendo “trabajador de tiempo completo”. El 49% del total de reclusos, no tenía oficio ni profesión alguna al ingresar.

A su vez, dentro de los pobres, la criminalización del estado recae preponderantemente en los jóvenes: el 63% de la población carcelaria nacional total tiene menos de 35 años de edad (y el 25% del total tiene menos de 25 años).

Los hechos por los que se encuentran detenidos son en su inmensa mayoría delitos contra la propiedad. Se trata de robos y hurtos de menor cuantía, sin lesiones, realizados o intentados (tentativas) en condiciones de precariedad: precariedad en cuanto a la planificación del delito, en cuanto a los medios utilizados, en cuanto al estado físico-psíquico del autor, en cuanto a la condición social de la víctima, etc.

Un 10% de la población carcelaria, unas 8.000 personas, se encuentra detenida por la infracción a la ley de estupefacientes (23.737). No se trata de narcotraficantes (que residen normalmente en countries), sino más bien de consumidores, o en su caso, de pequeños dealers.

Refiriéndose a la situación de la cárcel de Devoto, el diputado porteño Patricio del Corro (PTS-Frente de Izquierda) denunció “que mientras el gobierno pone al frente del Banco Central a Federico Sturzenegger, procesado por su intervención en el megacanje del 2001 tras regalarle 150 millones de dólares a los bancos Francés, Santander Central Hispano, Galicia, Citigroup, HSBC, JP Morgan y Crédit Suisse First Boston, en concepto de supuestas comisiones financieras, incrementa la política de criminalización hacia la juventud pobre, a la que mantiene en condiciones de detención inhumanas en plena capital federal, siendo además que de los 1.700 presos que hay en la cárcel de Devoto, sólo 300 se encuentran condenados, lo que representa el 83% de la población carcelaria de la unidad detenida sin condena, un porcentaje muy superior al 48% de los presos sin condena detenidos en todas las cárceles del país, porcentaje que ya de por sí es escandaloso, y resulta violatorio de garantías elementales como la de que nadie puede ser penado sin un juicio previo. Por el contrario, los ladrones de guante blanco gozan no ya de todas las garantías constitucionales sino más bien de toda la impunidad, al igual que los que saquearon al país, al igual que el 95% de los genocidas del proceso hoy en libertad.”

Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo según el ranking FORBES, en una famosa entrevista al medio español ABC del año 2012 decía: “¿Es esto justo? ¿Es esto correcto? Claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está librando esta guerra. Y la estamos ganando”. Según el entrevistador (Juan Gómez-Jurado), “A Buffett le gusta citar —mal— a Balzac, diciendo: «No hay ninguna gran fortuna que no esconda un gran crimen»”.

Los magnates capitalistas se jactan de su impunidad. Es tarea de los explotados y oprimidos conquistar la justicia que nunca les será dada en el régimen de la propiedad privada, en el cual ellos están condenados a ser los privados de propiedad, y en definitiva, los privados de libertad.

El viejo “grito sagrado” es ya inaudible, ha perdido su ímpetu y vigor. No se oye hoy el ruido de rotas cadenas, sino el de su crujir. Una garganta poderosa –que todavía es mano de obra- lanzará un nuevo grito, profano, atronador, y su magnífica mano se pondrá al servicio de una nueva obra. Es preciso expropiar a los expropiadores. Sólo entonces “la sociedad recreando la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la maquinaria del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce”.







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