Economía

REESTRUCTURACIÓN

Deuda: los lobos de Wall Street ganaron casi todo, pero piden más

Con USD 1.600 millones de diferencia entre lo que pidien los bonistas y lo que ofrece el gobierno, la mayoría de los pronósticos apunta al acuerdo. ¿Alguien cede?

Esteban Mercatante

@EMercatante

Jueves 23 de julio | 22:27

La negociación de la deuda se encamina hacia el clímax, aunque todavía faltan 10 días para la última fecha fijada por el gobierno ante la Securities Exchange Commission (SEC) de EE. UU. para cerrar el trato, que es el 4 de agosto (no se descarta que se estire hasta el 28 del mismo mes).

El lunes los tres grupos que reunen a los grandes fondos de acreedores con los que negocia el gobierno, se reunieron para rechazar la última oferta presentada por el gobierno argentino. Esta última propuesta agregó nada menos que USD 15.000 millones a la primera que había dado a conocer el ministro de Economía Martín Guzmán a mediados de abril. Esto es porque la propuesta original ofrecía a los bonistas pagos durante la vida útil de los bonos por un valor que, traído a hoy, equivalía a menos del 40 % de lo que habían comprometido los papeles que hoy tienen en sus manos, al borde del default (tomando como parámetro una “tasa de salida” de 10 %). Ahora, el gobierno de Alberto Fernández ofrece pagarles un valor presente de 53,5 % del que pagarían los bonos que se están reestructurando. Cada punto son al menos USD 1.000 millones de diferencia otorgados por el gobierno.

Pero los lobos de Wall Street opinan, con bastante razón dados los resultados de estos meses, que se puede conseguir más. Presionan por mayores concesiones en materia de cláusulas contractuales de los bonos (que mejoren todavía más sus posibilidades de hacer juicio en caso de nuevas cesaciones de pago en el futuro) y todavía mayores pagos de intereses. La contrapropuesta que hicieron conocer los acreedores, elaborada en acuerdo por los tres grupos que negocian con la Argentina, representa alrededor de USD 1.600 millones adicionales para el Tesoro. Es decir, comparado con la libra de carne que ya le arrancaron al gobierno, parece poco.

Guzmán había afirmado, al dar a conocer la primera oferta, que el país no está en condiciones de pagar más. Esta semana, después de haber aceptado empezar a pagar ya el año que viene, y no en 2023 como proponía su primer oferta, aumentado el valor del cupón, aceptado pagar intereses caídos con otro título, y otras concesiones, que ahora sí no se puede. El martes el ministro sostuvo que “lo que los acreedores piden significa tener que ajustar las jubilaciones y eso no lo vamos a hacer” . Olvidó tal vez el ministro que eso es exactamente lo que empezaron a hacer desde marzo gracias a las prerrogativas que obtuvo el gobierno con la ley de emergencia económica. En nombre de la “solidaridad” (¿con los acreedores?) todas las jubilaciones por encima de la mínima vieron robada una parte del aumento que les tocaba en marzo y junio de este año, como resultado de la suspensión de la movilidad jubilatoria. Todo indica que lo mismo pasará durante el resto del año.

Quedará por verse si esta vez sí es la última y el gobierno no se mueve de su oferta. Si es así, el canje de la deuda estaría bloqueado. Los tres grupos de acreedores, aunque solo contiene a los grandes fondos y no a los minoristas, tiene en sus manos títulos por un valor suficiente para bloquear el canje, impidiendo que el gobierno alcance los mínimos necesarios (de 66 %, 75 % o incluso más según el título del que se trate). Una especulación de estos días es que el gobierno podría, en ese caso, pasar a negociar con el FMI y dejar para después un acuerdo con los acreedores. Mientras tanto se abre el terreno para los juicios, los buitres, y una desvalorización aun mayor de los títulos que podría hacer que los lobos financieros pierdan dinero (o más bien, dejen de ganar). Esto último explica que algunos fondos rompieran filas y, por su cuenta, salieran a plantear la conveniencia de cerrar trato con el gobierno.

Greylock, Fintech, y Gramercy se habían manifestado en favor de la oferta oficial y esta semana oficializaron su ruptura del comité de acreedores de Argentina. Hans Humes, el titular de Greylock, despejó ayer, ante varios medios, las razones de su postura: la oferta de reestructuración de deuda presentada por el Gobierno es “suficientemente buena”. Consideró que los grupos que presentaron el lunes último una contrapropuesta “piden demasiado”. Por si quedaban dudas, Humes señaló que lo oferta oficial se “ha movido muchísimo en los últimos meses”. Pero, por el rechazo mayoritario, “el riesgo que corremos es que Argentina vaya a negociar ahora con el FMI y que tengamos que esperar más para cobrar”.

Ningún suspenso: con o sin acuerdo, perdemos los trabajadores y sectores populares

Acordar con los acreedores, lo que se proponen Alberto Fernández y Martín Guzmán, es convertir una hipoteca impagable, que va rumbo al default, en otra que seguirá pesando como una losa sobre la economía. Los ajustes para afrontarla seguirán siendo la norma en los próximos años. El discurso de Guzmán de abril es una denuncia contundente contra lo que se prepara para firmar hoy. A esto se agrega que vienen más capítulos en la saga de la deuda, empezando por el del Fondo Monetario Internacional. Se le deben USD 44 mil millones a pagar entre 2021 y 2024. A cambio de alargar los plazos de pago, ¿qué puede exigir este organismo experto en exigir reformas laborales, jubilatorias y privatizaciones? Vamos a creer que ahora sí, hay un “nuevo nuevo FMI” (lo mismo que decían Macri y Dujovne en 2018) y hay que “enamorarse de Kristalina” (como proponía Macri con la anterior titular del FMI Christine Lagarde)?

Para esta deuda odiosa, solo cabe el repudio soberano, que no es otra cosa que el rechazo del pueblo oprimido a seguir reforzando las cadenas de la opresión nacional enriqueciendo a los usureros de una deuda fraudulenta mediante el hambre. Debemos movilizarnos por este objetivo que debe ir de la mano de otras medidas urgentes para atacar las maniobras de los especuladores: nacionalizar los bancos y conformar una banca estatal única que asegure los depósitos para los pequeños ahorristas y otorgue el crédito que hoy los banqueros retacean, e imponer un monopolio estatal del comercio exterior, que hoy está virtualmente privatizado en manos de 50 empresas que chantejean al país y manipulan sus operaciones con filiales extranjeras. Esta es la única forma de poner fin al ruinoso negocio de la deuda, que los grandes empresarios nacionales aliados al imperialismo quieren perpetuar para llevarse su cuota del saqueo nacional mediante la fuga. Solo así podremos salir del círculo vicioso de la decadencia y el atraso del capitalismo dependiente argentino.







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