Internacional

REINO UNIDO BREXIT

Detrás del Brexit, la pérdida de influencia británica en el mundo

Mientras que el verdadero impacto sobre la UE y la OTAN de esta decisión está aún por verse, es seguro que la pérdida de influencia británica, ya en un nivel bajo, se acentuará.

Jueves 30 de junio de 2016 | Edición del día

La Gran Bretaña de hoy, tanto económica como militar y diplomáticamente, no es una gran potencia como fue en el pasado. Es cierto que su economía figura entre las más grandes, pero es crecientemente no competitiva y declinante, con fuertes déficits comerciales y ultra dependiente de su burbuja inmobiliaria y de los mecanismos oscuros y corruptos de la City de Londres para mantenerse a flote.

Así, mientras era casi una certeza la decisión de las agencias de calificación de retirar el status AAA del Reino Unido después del triunfo del “Leave”, más preocupante es lo que Standard & Poor’s señala: la deuda que vence en los próximos 12 meses corresponde al 755% de sus ingresos externos y grandes sumas deberán renovarse continuamente. Éste índice es el más alto de los 131 Estados que son calificados por distintas agencias, y es consecuencia del papel que ocupa Londres como centro financiero mundial y la hiperdistorsión que esto genera sobre el cuerpo enfermo del conjunto de su economía.

Su fuerza militar está años luz del poderío del que alguna vez gozó durante la Segunda Guerra Mundial, siendo contemplado con desdén por su aliado norteamericano, mostrándose incapaz de defender incluso pequeñas ciudades contrainsurgentes débilmente armadas en lugares como Afganistán o Irak. Sin ir tan lejos en el tiempo, el Reino Unido no estaría en condiciones de llevar adelante una guerra como la que hizo hace 34 años contra Argentina por las Islas Malvinas. En Siria, a pesar del pomposo debate en el parlamento británico el año pasado sobre su intervención militar, nada significativo se ha escuchado desde su involucramiento.

Diplomáticamente, la completa marginalización de Gran Bretaña es patética. Hasta hace no mucho tiempo, en la década de los ’80, Margaret Thatcher supo ser una figura clave, repetida años después, pero en forma de farsa, por Tony Blair. En Ucrania – el más importante conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial- Rusia no habló con los británicos, sino con EE. UU., Alemania y Francia. Cuando las negociaciones se llevan a cabo sobre el futuro de Siria son los rusos y los EE. UU. los que hablan, mientras China y la UE (es decir, Alemania) lo siguen detrás de bambalinas. Cuando Europa necesita hablar con el presidente Erdogan de Turquía es la Canciller Merkel de Alemania quien lo llama. En ese marco, Gran Bretaña también está ausente en la creciente disputa entre EE. UU. y China sobre el Mar del Sur de China.

Es cierto que Gran Bretaña conserva una cierta influencia cultural y el sector de servicios financieros sigue siendo sofisticado, aunque con la existencia de avances en otros lugares y regiones es un activo rápidamente decreciente.

Para los EE. UU., Gran Bretaña también sigue siendo útil como una plataforma de inteligencia y propaganda, así como también en tanto caja de resonancia fiable para sus posturas -especialmente en el Consejo de Seguridad de la ONU-, donde los EE. UU. siempre pueden confiar en su voto favorable.

Algunos analistas, incluso antes del resultado del referéndum, sostenían que había fuertes razones para afirmar que Italia es hoy un país mucho más importante que Gran Bretaña. No sólo porque Italia todavía conserva una base de fabricación manufacturera importante sino también porque, a diferencia de Gran Bretaña, se compromete activamente en la diplomacia. Así lo hizo, por ejemplo, el año pasado durante la crisis griega. También lo acaba de hacer en las negociaciones sobre el tema de las sanciones europeas a Rusia en el reciente foro de San Petersburgo.

Que el presidente del BCE o de la diplomacia comunitaria sea italianos/as no es una casualidad después del intrascendente periodo de la británica Catherine Ashton en el segundo puesto. Más aún, como miembro clave de la zona euro, Italia guarda una cuota importante de poder en el futuro del bloque en sus manos de una manera que Gran Bretaña, que no es miembro de la zona euro, enfáticamente no lo hace. El bloque, señalemos, es la base del poder alemán.

Gran Bretaña entra en territorios desconocidos: la difícil adaptación de su clase dominante

Si ésta pérdida de influencia no era más evidente, es porque estaba ocultada por su pertenencia a dos instituciones imperialistas: la UE y la OTAN. De estas dos, es la UE la que, en muchos e importantes terrenos, tiene una fuerte influencia en los asuntos mundiales, como puede verse de forma cualitativa en el plano económico o en terreno diplomático y, siguiendo la presión de EE. UU., con la aplicación de sanciones económicas a Irán y más recientemente a Rusia. Sanciones que han tenido fuertes impactos en estos dos países y son un instrumento de presión para los planes de la Alianza Atlántica.

La OTAN, por el contrario, dividida en sus procederes no es un actor fiable en el terreno militar donde EE. UU. actúa de forma cada vez más unilateral o con coaliciones de voluntarios como cobertura, a diferencia de la guerra de Afganistán la última operación bajo su comando.

Mientras que Gran Bretaña ha sido miembro adosado de la UE en términos de sus políticas económicas desde hace algún tiempo, al menos en teoría ha participado plenamente en la toma de decisiones y la implementación de los procesos de política exterior de la UE a través de su condición de miembro de pleno derecho. Así, por ejemplo, en el Consejo Europeo, los británicos han sido voceros de una línea dura en relación a Rusia, aunque la decisión de las sanciones fue negociada de hecho entre los EE. UU. y Alemania. Pero, siendo parte del proceso de toma de decisiones, David Cameron también podía vanagloriarse de la autoría de esta política. De ahora en más, el hecho que Gran Bretaña deje de pertenecer a la UE, le hace perder esa apariencia de importancia.

En el mismo sentido, la ausencia de Gran Bretaña de la UE significará que su importancia para los EE. UU. disminuirá también. Hoy en día, la relación clave dentro de la Alianza Occidental no es la que existe entre los EE. UU. y Gran Bretaña -como lo fue en los años 1950 y 1960 y se hizo brevemente de nuevo en la década de 1980 durante el periodo de Margaret Thatcher- sino la que existe entre los EE. UU. y Alemania, incluso en muchas decisiones que conciernen a la política dentro de la UE. Con Gran Bretaña no siendo parte de la UE, la razón por la cual los EE. UU. deban molestarse para consultar a Gran Bretaña cuando se discuten cosas con Alemania, no resulta obvia.

Gran Bretaña no tendrá ningún poder de veto en el Consejo Europeo por lo tanto no podrá incluso actuar como un spoiler en la forma en que lo hacen Francia e Italia. Estos países podrían pronto ser más importantes para los EE. UU. de lo que Gran Bretaña es. Y si esa ominosa perspectiva para la clase dominante británica avanza -es decir su pérdida de toda apariencia de influencia en la Alianza Occidental- los no miembros de ésta como Rusia o China también podrían dejarla crecientemente de lado. El descenso podría ser aún mayor si se concreta la secesión de Escocia, lo que aumentaría las posibilidades de que pierda su asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. De ser el caso, solo el poder nuclear le quedaría a Gran Bretaña de sus veleidades de gran potencia.

Pero se llegue o no a este caso extremo, lo seguro es la que la pérdida de influencia británica en el mundo -ya fuerte antes del referéndum-, se va a acelerar convirtiéndose en una situación desconocida para el establishment político y económico británico. En lo inmediato esto podría a llevarlo a abrazarse más y más frente al horror a los EE. UU., aunque a más largo plazo podría abrir otras opciones estratégicas más independientes de los EE. UU., como era el caso antes de la Segunda Guerra Mundial cuyo desenlace aceleró su dependencia total frente a la potencia norteamericana.

Lo cierto es que para la clase dominante británica esta situación inédita después de siglos de influencia en el mundo solo puede generar fuertes cataclismos sobre las bases de su dominio histórico.







Temas relacionados

Brexit   /    Estados Unidos   /    David Cameron   /    OTAN   /    Reino Unido   /    Unión Europea   /    Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO