Política

OPINION

Después del banderazo: la crisis ante un nuevo momento político

Una nueva configuración del escenario político después de cinco meses de cuarentena y crisis sin resolver. La responsabilidad del Gobierno ante el envalentonamiento de la derecha. Su pospandemia y la nuestra.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 20 de agosto | 20:09

“Hay olor a 125”, tuiteó este miércoles el jefe del bloque de la UCR en Diputados, Mario Negri.

La referencia, exagerada o no, hacía referencia, por supuesto, al resonante triunfo que las patronales sojeras tuvieron sobre el kirchnerismo allá por el año 2008, cuando el entonces vicepresidente Julio Cobos anunció su voto “no positivo” en el Senado.

Para el actual presidente, Alberto Fernández, aquel se trató de un episodio muy importante de su carrera política. Tanto es así que, pocos días después, renunció como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner y pasó a ser opositor a ella durante largos años, mientras que para la ex presidenta y su marido se abrieron los momentos de mayor crisis de toda la era kirchnerista.

Con toda esa carga política y simbólica detrás es que Negri disparó su advertencia, agitando un fantasma para interpelar a la versión más conciliadora de Alberto Fernández. Aunque las diferencias entre aquel momento y el actual son evidentes, el hecho da cuenta de un nuevo ánimo en la derecha opositora tras el "banderazo" del pasado lunes, y de los mayores problemas que enfrenta el Gobierno. Puntualmente, se trató de un mensaje hacia el oficialismo para que retire la anunciada reforma judicial, advirtiendo que se exponen a un revés legislativo en la Cámara de Diputados, donde los votos están ajustados.

El final de este episodio de la política, todavía es incierto.

Sin embargo, la discusión por la reforma judicial es apenas un síntoma de un nuevo momento político en la vida nacional.

Inevitablemente, hay que establecer una correspondencia entre este debate, el importante “banderazo” de la derecha opositora del pasado lunes y la fuerte crisis económica y social que se desarrolla después de cinco meses de una cuarentena que se agota sin que esté resuelto el problema de la pandemia.

De acuerdo a distintos sondeos de opinión, al compás de estos factores la imagen positiva del presidente ha bajado. Se mantiene alta, pero ya muy lejos de los récords del comienzo de la cuarentena.

En este marco, el escenario político presenta una configuración distinta a la de meses atrás. Ya no ocupa el Gobierno el centro absoluto de la escena (con Horacio Rodríguez Larreta pegándosele), sino que la derecha opositora, especialmente su ala más dura referenciada en Patricia Bullrich y Mauricio Macri, comienza a levantar cabeza.

Desde otro punto de vista, y muy lejos de los intereses más inmediatos de las grandes mayorías, hay que dar cuenta también que todo el arco político de las clases dominantes ya comienza a posicionarse hacia las elecciones legislativas de 2021.

¿Cómo llegamos hasta acá?

Como analizamos en esta columna la semana pasada, el Gobierno es responsable de la recomposición de la derecha (que, por otro lado, hay que ponderar en su justa medida, sin las exageraciones interesadas que se hacen desde distintos sectores).

El oficialismo no conformó las expectativas de millones cada vez que, en lugar de usar su fortaleza política inicial para avanzar, retrocedió, demostrando su carácter de clase y su respeto a la propiedad privada, por encima de las necesidades populares. En ese marco, facilitó que los sectores más poderosos y reaccionarios fueran cobrando cada vez más impulso, al ver que ante cada reclamo, el Gobierno les cedió.

La expropiación fallida de Vicentín fue un punto de inflexión en este camino, pero no el único. Lo mismo pasó con el impuesto a las grandes fortunas o el derecho al aborto, entre otras promesas que siguen durmiendo en un cajón. En cuanto al frente externo, los bonistas de Wall Street celebraron el acuerdo para que la timba y el saqueo del capital financiero sigan adelante.

Es inevitable comparar estos triunfos que obtienen estos sectores con el aumento de la pobreza que ya afecta a casi la mitad de la población o con la desocupación que ya superó la cifra del 15 %. Al no avanzar contra los intereses de los grupos económicos más concentrados, la IFE y otras políticas sociales lejos están de alcanzar a compensar lo que se pierde. En esta crisis, los poderosos siguen ganando y las mayorías populares continúan perdiendo.

Algo similar se puede observar en el terreno represivo. En este aspecto, la derecha (tanto la opositora como la que está dentro del Frente de Todos), impuso su política, con un preocupante aumento del gatillo fácil y el grave caso de Facundo Castro, aún sin esclarecer.

Mientras desde el oficialismo se insiste en sostener a Sergio Berni, desde la izquierda y el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia se salió este jueves a las calles para pedir justicia.

En síntesis, la principal conclusión de estos meses es que el Gobierno, al dejar siempre intactos los intereses de los poderosos y retroceder ante sus planteos, favoreció el avance la derecha. El oficialismo es responsable, incluidas las burocracias sindicales que al mismo tiempo nada hacen por representar los intereses de los trabajadores.

En este marco, no es de extrañar que ya se esté convocando a una nueva movilización de la derecha para el día que se trate la reforma judicial en el Senado.

Su pospandemia y la nuestra

La crisis sanitaria está lejos de haber terminado. Mientras que por estos días atravesamos nuevamente días que son récord en cantidad de contagiados y fallecidos en nuestro país, la vacuna aún tiene un futuro lejano e incierto.

Sin embargo, el Gobierno ha reconocido que la cuarentena de hecho no existe más, y mientras intenta que el sistema de salud resista, se dispuso a diseñar un plan para la pospandemia.

Aun así, de momento solo se conocen lineamientos muy generales comunicados por los ministros Guzmán y Kulfas, mientras que la realidad es que está demorado el anuncio de un supuesto plan de 60 medidas para la reactivación económica.

Lo cierto es que un plan económico completo solo podría ser anunciado realmente luego del acuerdo con el FMI, que según el ministerio de Hacienda podría demorarse incluso hasta los primeros meses del año que viene.

De algo no hay dudas: cualquier acuerdo con el organismo internacional y sus condiciones es incompatible con acabar con la pobreza, el atraso y la dependencia. Décadas de experiencia nacional e internacional así lo corroboran.

En este contexto, el Gobierno de Alberto Fernández hace un uso político del mayor protagonismo de la derecha, llamando a cerrar filas contra ellos. En otras palabras, fomenta cada vez más el mal menor, ante la imposibilidad de dar buenas noticias para los sectores populares.

Muy por el contrario, desde la izquierda y el sindicalismo combativo insistimos en señalar la responsabilidad del Gobierno ante el avance de la derecha y la profundización de la crisis social y nos estamos preparando mediante plenarios de miles de compañeras y compañeros del movimiento obrero y la juventud, para salir a las calles como hicimos este jueves por Facundo Castro, para pelear por sacar de la parálisis a las organizaciones de masas y, de fondo, para construir una alternativa revolucionaria con un programa para que la crisis la paguen los capitalistas.

Porque en el 80 aniversario del asesinato de León Trotsky a manos de un sicario stalinista, su legado está más vigente que nunca. Solo una alternativa socialista y revolucionaria puede dar una respuesta progresiva ante la barbarie capitalista y luchar por una vida libre de todo mal, opresión y violencia.







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