Internacional

ANÁLISIS

Después de las elecciones en el Reino Unido

El inesperado triunfo conservador en las elecciones generales en el Reino Unido el pasado 7 de mayo representa un duro golpe para los sectores de trabajadores, jóvenes con empleos precarios, familias con bajos ingresos, personas con discapacidad y para los inmigrantes.

Alejandra Ríos

Londres | @ally_jericho

Martes 12 de mayo de 2015 | Edición del día

Foto: EFE

Luego de cinco años de brutales ajustes del gobierno conservador-demócrata liberal, los sectores más afectados tenían la esperanza de que las elecciones podrían haber representado un “No” a los próximos ajustes.

Con el nuevo gobierno de mayoría conservadora va a continuar la ofensiva liberal de ‘marketización’ de los servicios del sistema nacional de salud (NHS en inglés), recortes de los gastos del estado benefactor y reducción de los presupuestos de los gobiernos locales.

Durante la campaña electoral, el primer ministro David Cameron anunció que para balancear el déficit presupuestario era necesario implementar recortes equivalentes a 12 mil millones de libras en el área de ayudas del estado benefactor: esto incluye recortes al subsidio para la vivienda para personas con bajos ingresos –y su completa eliminación para los jóvenes menores de 21 años–, la supresión del reembolso de impuestos por salario bajo, aumento de la edad requerida para solicitar subsidio por desempleo, entre otras medidas. Sin embargo, ni bien asumió su nuevo mandato, Cameron recordó que el programa de ajuste a implementar para cubrir el déficit asciende a 30 mil millones de libras esterlinas.

No hay dudas que este programa de recortes, calificado como ‘de locura’ por varios medios, traerá aparejado un aumento de los ‘bancos de comida’, como se llaman los centros de entrega de alimentos a familias con bajos ingresos, además del aumento de la ya asombrosa cifra de pobreza infantil, que según una organización no gubernamental de los derechos del niño se sitúa en 3.5 millones en el Reino Unido, junto a un desmantelamiento de los servicios públicos.

Otro punto espinoso es la relación con la Unión Europea. Como forma de apaciguar al sector de derecha dentro de su propio partido, que se vio atraído por la política eurófoba y xenófoba de UKIP, Cameron prometió convocar un referendo en 2017 sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea.

La presión de UKIP le costó al partido del Primer Ministro la pérdida de 2 diputados que se pasaron al bando de la formación liderada por Nigel Farage, aunque solo uno de ellos, Douglas Carswell, logró entrar a la Cámara de los Comunes en las elecciones del viernes.

Por otra parte, se volvió a avivar el debate alrededor del sistema electoral de mayoría simple actual. En el 2011, se convocó un Referéndum sobre la reforma electoral en el Reino Unido y en dicha votación ganó la propuesta a favor de mantener el sistema electoral vigente en las elecciones generales para elegir a los miembros de la Cámara de los Comunes del Parlamento británico.

Desde la izquierda y otras fuerzas a favor de los derechos democráticos siempre se defendió un sistema de representación proporcional. Contradictoriamente, gracias al sistema actual UKIP ganó solo un escaño y, de aplicarse el sistema proporcional, hubiera obtenido 82 bancas. Sin embargo, que el derechista UKIP haya conquistado una sola banca no debe ocultar el hecho de que esta formación xenófoba logró un 12,6% de proporción de voto a nivel nacional.

Entre los ganadores de los comicios está la primer ministro de Escocia, Nicola Sturgeon, del Partido Nacional de Escocia (SNP) y figura central de la campaña. Esta formación, consolidada durante el referéndum independentista consiguió 56 de los 59 escaños que le corresponden en el parlamento, 40 de los cuales estaban en manos del Laborismo.

El triunfo de Cameron, como adalid del esfuerzo individual y las políticas de austeridad, por un lado, y la performance estelar del SNP, a favor de mantener los servicios públicos y los programas de ayuda estatal, por el otro, marcan dos tendencias contrapuestas del electorado del país, en minoría esta última. El veredicto escocés deja al descubierto elementos de una crisis más profunda ya que cuestiona la ‘unidad’ del Reino Unido. El deseo independentista escocés cobra más fuerza y está dispuesto a volver.

Por su parte, el Laborismo, incapaz de presentar una alternativa a los planes de austeridad en los cinco años de gobierno tory, se limitó a hablar de la defensa del sistema de salud en general y solo unas semanas antes de los comicios anunció que, de ganar, impondrían un impuesto a las mansiones. Su líder, Ed Miliband, fue elegido con el apoyo de los sindicatos, sin embargo, esto no se expresó en una perspectiva de lucha para los trabajadores ni en un plan para enfrentar los salarios precarios y la masificación de los contratos de ‘cero hora’.

El nuevo gobierno está compuesto por los veteranos que fueron los arquitectos de cinco políticas de ajuste. El mensaje de Cameron es profundamente individualista, donde sobrevive el más fuerte y castiga a quienes están en empleo precario, a los jóvenes de familias obreras y los que trabajan en las contratistas que se enriquecen con la privatización de los servicios públicos.

Organizaciones contra los recortes, activistas y organizaciones sindicales y campañas por una vivienda digna y en defensa de los inmigrantes convocaron a una marcha nacional contra la austeridad para el 20 de junio, bajo la demanda que la crisis la paguen los banqueros y los ricos. Esta puede ser la primera oportunidad para empezar a construir una alternativa de lucha a la ofensiva del gobierno conservador y que se oponga a las vertientes nacionalistas como el UKIP.







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