PARO NACIONAL

Despidos, pobreza e inflación: razones de sobra para el paro general

Macri dijo que hacer un paro “no ayuda en nada” a los trabajadores. Lo que no ayuda a la población trabajadora es el ajuste implementado por Cambiemos, con el aval del kirchnerismo-peronismo.

Martes 4 de abril | Edición del día

Ayer el presidente Macri volvió a atacar el paro convocado por la CGT para este jueves. Luego de la movilización de apoyo del sábado, el Gobierno relanza el ataque contra los trabajadores. Ayer no dudó en emparentar a la dirigencia sindical con “las mafias”.

El presidente también indicó que el paro “no ayuda a los trabajadores”. La realidad es precisamente la contraria. La “espera” de los resultados de la política económica de Cambiemos es lo que ha traído pobreza, despidos e inflación.

Lejos de lo que dice Macri, lo que sobran son los motivos para ir al paro. Contra la política de ajuste del Gobierno nacional y los provinciales. Pero también contra los ataques de las patronales en cada lugar de trabajo.

Despidos en ascenso

Ayer lunes se conocieron 80 despidos en el Indec. El Gobierno profundiza la línea que impulsó durante inicios de 2016 y también aplican las patronales.

Las últimas semanas no han cesado de confirmar el ascenso de los despidos. Una lista recortada incluye lo ocurrido en AGR-Clarín, Atanor, Task Solutions, Puma, Sancor, Moño Azul y Easy Cencosud entre otros.

El discurso del Gobierno de que “lo peor ya pasó” no se sostiene sobre la realidad. El último informe del Indec por la desocupación presenta un porcentaje de 7,6 % al cierre de 2016. Pero la baja solo se explicar por los sectores que dejaron de buscar trabajo.

A los despidos se suman las suspensiones. La industria automotriz, donde el Gobierno firmó un acuerdo para lanzar un plan de “un millón de autos”, muestra números rojos. En estos días se conocieron las suspensiones en VW Córdoba que se suman a las que tienen lugar en la misma planta de Pacheco, y a las 350 en General Motors en Rosario.

La “solución” del Gobierno frente a esta situación es garantizar mayores ganancias al empresariado. Así lo muestra, por ejemplo, el Acuerdo Federal por la construcción firmado ayer. Ahí lo esencial se reduce a anunciar mayores beneficios fiscales para las patronales y el compromiso por parte de la conducción de la Uocra de aumentar la flexibilización de las condiciones laborales.

¿Pobreza cero?

La realidad se encuentra cada día más lejos de lo que fue una de sus mayores promesas de campaña. Los aumentos de precios, los tarifazos en los servicios y la inflación en general carcomen el nivel de vida de la población trabajadora.

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Este sábado empezaron a regir los nuevos aumentos en las tarifas de gas. Si se anualizan los aumentos, la suba supera el 400 %, un verdadero tarifazo. El mismo que les permitió a las privatizadas recuperar ganancias y estar entre las empresas que más ganaron en la bolsa a lo largo de 2016.

Más información: Tarifazo: según Aranguren los aumentos de gas irán del 20 al 36%

La inflación creciente sigue golpeando el nivel de vida de la clase trabajadora. Los números del mes de febrero estuvieron lejos de mostrar una baja en la tendencia. Nada indica que, cuando se conozcan los datos de marzo, ocurra lo contrario.

El informe sobre la pobreza, presentado por el Observatorio de la UCA, señaló recientemente que la pobreza creció en más de 1.500.000 personas desde la llegada del Gobierno. A esa cifra hay que sumar el escalofriante número de 600.000 nuevos indigentes. Los datos brindados por el Indec solo confirmaron que la población trabajadora sigue cayendo en su nivel consumo y de ingresos.

Un pie sobre los salarios

En este escenario, el Gobierno nacional y los Gobiernos provinciales de todos los signos políticos suman una presión contra cualquier aumento salarial que permita a los trabajadores recuperar lo perdido en 2016. Los diversos analistas cifran esa pérdida entre un 6 y un 10 % en relación a la inflación.

Pero además, en relación al 2017, Gobiernos y patronales pretenden que los trabajadores no acepten una suma superior al 20 %, cuando las estimaciones anualizadas hablan de una cifra cada vez más cercana al 25 %. Que ese es el plan de la patronal en su conjunto, lo confirma el escandaloso acuerdo paritario cerrado por el sindicato de Comercio. Allí el impresentable Armando Cavallieri acordó un porcentaje de apenas el 20 % y en dos tramos. Una verdadera estafa al bolsillo de los trabajadores de uno de los gremios más numerosos.

Ataque al derecho de huelga

En función del ajuste que pretenden imponer, Gobierno y las grandes patronales atacan también el derecho de huelga de los trabajadores. Por estas horas la persecución la realiza la gobernadora Vidal contra los docentes.

La mandataria pretende que el Ministerio de Trabajo de la Nación analice si puede ser atacada la personería de los gremios docentes por los paros que llevan adelante contra el miserable aumento salarial que su Gobierno pretende imponer.

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Las patronales siguen esta misma línea, atacando a los trabajadores en cada empresa o fábrica. Hace pocos días fueron los trabajadores de Carrefour quienes denunciaron los aprietes patronales para impedir que se sumen al paro del jueves venidero.

El ataque al derecho de huelga se muestra también en el terreno del discurso. Una furiosa campaña contra los piquetes y los cortes de calle es instalada desde el oficialismo y los grandes medios de comunicación. Intentan instalar un clima reaccionario en contra de cualquier medida de lucha contra el ajuste del Gobierno.

Ese ataque al derecho a la protesta y las movilizaciones se completa con la falsedad de atribuir a un “complot kirchnerista” las masivas movilizaciones que se vienen dando. Como afirmó recientemente Nicolás del Caño –referente del PTS y el Frente de Izquierda- creer que una docente que cobra $ 9.000 va llevado de las narices por Baradel es una subestimación de la docencia.

La fuerza de la clase trabajadora, a pesar de sus dirigentes

Este jueves la clase trabajadora responderá a la política de ajuste del macrismo con una acción que, según todo indica, será contundente. Es necesario señalar una vez que esa política de ajuste no sería posible sin la gobernabilidad otorgada por el kirchnerismo-peronismo en ambas cámaras al oficialismo.

La enorme fuerza de la clase trabajadora volverá a estar en la escena nacional. El enojo y la ofuscación de Macri de este lunes tiene que ver con la impotencia para impedir que ese poder social para paralizar el país se exprese.

Sin embargo, como han venido criticando el sindicalismo combativo y la izquierda, este paro llega con una enorme demora. Eso es el resultado de la tregua escandalosa otorgada por las conducciones sindicales durante más de 15 meses.

Una tregua que solo se explica a partir de su papel como casta parasitaria al frente de las organizaciones gremiales. Desde ese lugar es un freno para que los trabajadores puedan responder al ataque patronal en curso. Esa casta es la misma que, durante 2016, postergó indefinidamente el anuncio de una medida de fuerza en aras de negociar una tajada de la millonaria deuda estatal por las obras sociales. Una vez obtenidos esos fondos, se limitó a las críticas verbales.

Esa misma burocracia, mientras critica en muchos casos la política del Gobierno, parte de sus dirigentes garantiza el avance de las condiciones de flexibilización laboral. Ejemplos de ello son Guillermo Pereyra (petroleros), Ricardo Pignanelli (Smata) y Gerardo Martínez (Uocra), quienes vienen firman convenios que son la garantía de más ganancias para el empresariado.

Ese desprestigio es el que terminó estallando en la cara de los dirigentes sindicales el pasado 7 de marzo. El escándalo en el que terminó ese masivo acto y la intransigencia del propio Gobierno terminó imponiendo un llamado al paro. Un paro dominguero sin movilización para evitar nuevas críticas y silbidos a la dirigencia.

La izquierda y el sindicalismo combativo vienen planteando la necesidad de transformar la medida en un paro activo. Como planteó en este medio Claudio Dellecarbonara -referente del subte y dirigente del PTS- “necesitamos un paro general activo, con movilizaciones a los centros del poder político de todo el país. Necesitamos un plan de lucha. Necesitamos asambleas en cada lugar de trabajo, para votar esas medidas y el pliego que contenga todos los reclamos de la clase trabajadora".

En el mismo sentido, Dellecarbonara señaló que "desde los sectores combativos del sindicalismo y la izquierda llamaremos a parar pero también impulsaremos marchas, cortes y piquetes para garantizar que el paro sea total y para seguir reclamando un paro activo".

El intento gubernamental de demonizar y desprestigiar el paro nacional del próximo jueves se estrellará, muy probablemente, contra la fuerza de la clase trabajadora








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