Sociedad

MUERTE EN CHACO

Desnutrición y propiedad terrateniente en Argentina

La muerte por desnutrición de Oscar Sánchez, de la comunidad Qom, volvió a poner el tema en el centro de la escena. Cada 10 horas hay una muerte por desnutrición en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, diez veces la población del país. La concentración de la tierra, la oligarquía terrateniente, y la salida que plantea el Frente de Izquierda.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Viernes 11 de septiembre de 2015 | Edición del día

El martes pasado, el fallecimiento de Oscar Sánchez, un adolescente de la comunidad Qom de tan sólo 14 años que pesaba 10 kilos, conmovió al país. Mientras el cinismo fue la respuesta del oficialismo (“es una cuestión cultural”, dijo Capitanich, mientras Cristina Fernández no le dedicó una sola palabra en su discurso del miércoles), la oposición de los partidos tradicionales (apoyada por algunos grandes medios de comunicación), se indignó hipócritamente, buscando sólo rédito electoral de cara a octubre.

En las últimas horas, frías estadísticas circularon sobre la desnutrición en el país. De acuerdo a un informe del Ministerio de Salud de la Nación, del año 2013, en Argentina se produce una muerte cada 10 horas por desnutrición. De esas personas, el 70% son mayores de 75 años, y un 8% menores de 19. En el año 2013, fallecieron 891 personas por esta causa.

Lo que oficialistas y opositores de los partidos tradicionales comparten, es la falta de cuestionamiento a las causas profundas del problema.

No sólo recursos estratégicos de la nación como el petróleo, la minería, las grandes industrias o las comunicaciones están puestos en función de grandes negocios capitalistas y no de las necesidades de los trabajadores y el pueblo. Lo mismo vale para la producción y comercialización de alimentos, la necesidad más básica de la población. Un país moldeado por y para los poderosos, con desprecio por la vida obrera y popular.

Eso es lo que explica la desnutrición en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, es decir, para 10 veces su población, e incluso la alta proporción de los salarios que se destina a la alimentación por parte de millones de trabajadores. Recordemos que Argentina es uno de los principales productores mundiales de alimentos, pero en provecho de los terratenientes, los grandes exportadores, las industrias alimenticias y las cadenas de supermercados, y no de las necesidades populares.

En el Chaco, donde murió Oscar Sánchez esta semana, el 7% de los propietarios concentra más del 70% de las tierras fértiles de la provincia, según denunció en 2013 Rolando Nuñez, Presidente del Centro de Investigación Mandela. A la vez, los químicos utilizados por los grandes productores envenenan el suelo, condenando al éxodo a los habitantes originarios y dejándolos sin medios de subsistencia.

Mientras el kirchnerismo hizo de la disputa contra las patronales del campo una parte esencial de su “relato”, la realidad es que el ciclo abierto en el 2003 con Néstor y Cristina finaliza dejando un país en el cual, por ejemplo, tan sólo 1250 propietarios poseen 9 millones de hectáreas, el 32% de la superficie cultivable en la Provincia de Buenos Aires. 15.000 millones de dólares promedio anuales es la renta agraria que se apropian los dueños de la tierra y empresarios rurales, mientras la desnutrición permanece y los pueblos originarios son desplazados de sus tierras y asesinados. La oligarquía y los grandes terratenientes están entre los principales beneficiarios de la “década ganada”.

El discurso kirchnerista hace agua, mientras que la oposición de los partidos tradicionales promete en campaña mayores beneficios aún para las patronales del campo, bajando las retenciones a las exportaciones.

Mientras los terratenientes y los exportadores amasan fortunas, los que verdaderamente trabajan la tierra se llevan la peor parte. El 80% de los obreros rurales del país (que son 850.000) trabajan de forma no registrada (“en negro”) y en condiciones de gran precariedad.

La concentración de la tierra en Argentina tiene su origen en las salvajes guerras de conquista contra los pueblos originarios, la más conocida de ellas la “Conquista del Desierto” hecha en beneficio de los grandes terratenientes. Las estatuas, calles y monumentos del General Roca siguen en pie por todo el país, para glorificar a este héroe de la oligarquía.

Al día de hoy, 30 de las 35 familias que en 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, siguen siendo grandes propietarios. Mantuvieron su poder económico intacto a lo largo de distintas dictaduras, gobiernos peronistas y radicales. Nos referimos a apellidos como Born, Bemberg, Werthein, Rodríguez Larreta, Blaquier y otros.

Esas familias tradicionales comparten el negocio hoy con los Benneton, Grobocopatel y otros empresarios agroindustriales. La Argentina aporta cerca del 50% de las exportaciones mundiales de aceite y harinas de soja, y el 70% de las de biodiesel. El comercio de estas grandes riquezas está en manos de empresas multinacionales como Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera y Molinos. Por su parte, las grandes cadenas de comercialización e industrias que trabajan para el mercado interno se quedan también con buena parte de la tajada. Nada muy nacional, ni popular, al fin del ciclo kirchnerista.

Una salida de fondo

El Frente de Izquierda plantea la necesidad de cambiar de raíz esta situación. Junto con medidas inmediatas como la pelea por un salario igual a la canasta familiar, propone expropiar a los grandes terratenientes, los pooles de siembra, los pulpos cerealeros, las grandes industrias de la alimentación, y establecer el monopolio estatal del comercio exterior, respetando los derechos de los campesinos pobres, los pueblos originarios y pequeños chacareros que no exploten mano de obra asalariada.

Estas medidas apuntan a poner los recursos en función de las necesidades sociales, y no de los negocios de los terratenientes y los pulpos comerciales, industriales y exportadores, preservando también el medio ambiente y la recuperación de actividades abandonadas por no ser tan rentables como la soja. Poner la producción y distribución de alimentos para satisfacer las necesidades populares. Son parte de las medidas que propone el Frente de Izquierda, y que sólo la movilización obrera y popular podrá imponer, en el camino de un gobierno de los trabajadores y el pueblo, impuesto por la movilización de los explotados y oprimidos.







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