Mundo Obrero México

LA VOZ DE LOS BRIGADISTAS

Desde la textilera: "No se necesita al ejército para organizar ni para movilizar la ayuda"

Testimonio de una joven trans de una brigada de rescate en la textilera de Bolívar y Chimalpopoca, en la colonia Obrera.

Leah Muñoz

@DanmunozDan

Viernes 22 de septiembre | 21:24

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Acabo de despertar. Estoy un poco molida, me duele la espalda y los brazos. Ayer tenía muchas cosas en la cabeza luego de haber estado ayudando en la textilera de Bolívar y Chimalpopoca, muchas emociones por procesar.

Para empezar la impotencia que generaba ver a la policía y al ejército, que habían tomado el control de la situación luego de deshacer la organización civil que los primeros días estuvo al frente sin ellos, estropeando y haciendo que todo fuera más lento para entrar a ayudar a la fábrica caída. Esto mientras tenían sus armas cargando al frente para intimidar y que la gente molesta con ellos no se alebrestara por entrar a ayudar.

¿Quién necesita esas armas en estos momentos? No se necesitan armas para organizar ni para movilizar la ayuda, no se necesita al ejército ni a la policía ni a la marina.

Como a las dos de la tarde pudimos entrar, luego de que un camarada estuviera desde las 9 am formado para poder entrar, y gracias a la gran presión que hicimos a los militares. En un momento gritaron que sólo podría pasar un grupo de 15 hombres que llevaran botas, guantes y casco.

Pensé que podría entrar en ese grupo de hombres junto a otros camaradas. Llevaba guantes, mis botas- que ya iba a tirar hace tiempo porque ya no me veía haciendo nada en ambiente extremo como lo hacemos en biología- y sólo a ellos les pedí un casco.

Sabía que podía entrar en ese de hombres, porque aún me veo andrógina, pero haciendo unas modificaciones. Me puse mi sudadera de chavo que llevaba- sí, y que en la mañana me había incomodado salir de casa con un atuendo un tanto masculino, pero de algo sirvió- para cubrir mi playera de la cual sobresalían los tirantes de un bralet rosa, cubrir los pequeños pechos que se marcaban, el cabello ya lo llevaba recogido y me quité los lentes de sol. Les dije que yo llevaba las botas y guantes que pedían y me dejaron entrar.

Entramos y allá adentro era impresionante ver la fábrica caída y pensar que ahí podían haber personas enterradas. Había mucha solidaridad alrededor.

Nos dieron las carretillas para cargar material que sacaban de los escombros. Eso estuvimos haciendo mis camaradas y yo por casi 8 horas.

Se sacaba de todo, sillas destruidas, pedazos de escritorios, telas y papeles de la empresa los cuales recibían un trato especial. En un momento un chavo dijo molesto que venían a sacar personas no a sacar papeles, pero para los empresarios las tarjetas de crédito que salían y los libros de contabilidad les son importantes.

Una señora, que llevaba ayudando desde el día del sismo, me dijo con molestia que en la mañana llegaron de nuevo los dueños de la fábrica que son judíos y japoneses para ver qué más de su propiedad podían rescatar, porque incluso hasta dinero podría haber ahí dentro. No iban a ver a las obreras ni a sumarse al rescate, iban a ver qué les habíamos encontrado de lo que tenían. Para los capitalistas una obrera menos es un número menos a quién explotar, bien decía Marx que tienen al ejército de reserva para seguir explotando.

La solidaridad seguía, había personas que llevaban ahí desde el día del temblor, otras llevaban 12 horas, otras más, otras menos. La gran mayoría no tenía relación directa con las obreras pero ahí estábamos solidarizándonos con nuestras hermanas de clase. Para nosotros sus cuerpos y sus vidas sí nos importan.

La molestia con los militares también se hacía notar, un hombre decía que desde que ellos llegaron hicieron más lento el rescate.

Yo no sabía si ahí todavía habían personas con vida, me dijeron que se esperaba que hubieran 3 obreras con vida y una treintena de cuerpos que habían fallecido. En algún momento me quedé pensando que si ahí no hubieran personas atrapadas no estaría ahí levantando cosas y haciéndole la chamba al gobierno en levantar una construcción de la cual tiene mucha responsabilidad de que se haya caído.

Ahora esta situación quería ser aprovechada mediáticamente por el gobierno poniendo al ejército que desapareció a los 43 y a la policía asesina al frente de los rescates para que se revistieran de humanitarios cuando claramente no lo son y quienes los habíamos superado en organización y número éramos los civiles, pero no querían que nosotros tomáramos el control de la situación.

Más tarde entraron mis camaradas mujeres que no habían dejado pasar más temprano porque eran mujeres y no les iban a dar "labores de hombres". Entraron a donde estábamos los demás compañeros y tomaron carretillas y comenzaron a levantar cosas. Eran las únicas mujeres haciendo esa labor.

Después una persona les cuestionó a ellas sí podrían hacer ese trabajo, a lo que respondieron que sí, ya llevaban horas en eso, y siguieron en ello. De por sí pocas mujeres estaban cargando cosas. La mayoría estaba en zonas de comida, medicina o entregando aguas y dulces.

Perros de rescate ladraban dándonos esperanzas de encontrar a alguien con vida, acercaban los micrófonos, se alzaban los puños y todos callábamos esperando que estuviéramos cerca de sacar a alguien. Llevábamos horas de saber que se estaba trabajando para sacar a las personas de las que ya se sabía su localización. Los de afuera vimos salir a las dos ambulancias con las dos personas y aplaudimos emocionados confiando en que tuvieran vida. Minutos después los de adentro tristemente nos dijeron que salieron sin vida.

Cada vez se fue notando más cómo el ejército fue haciendo a un lado a los civiles y nos fueron quitando de ciertas tareas, ya para la noche éramos pocos civiles y mucho milico. Mucha gente que ya había salido para irse, no era relevada porque el ejército estaba impidiendo la entrada de muchas personas que estaban esperando a entrar. De hecho el ejército tenía el cinismo de decirles a los de afuera que los civiles no estábamos haciendo nada ahí dentro.

Salimos y nos fuimos a casa. A pesar de todo lo trágico me motivaba la solidaridad y el haber estado ahí con mis camaradas del MTS y Pan y Rosas removiendo escombros, me sentí orgullosa de militar con esas personas.






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